Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Ir por lana

Por Jesús Ruiz Nestosa
Madrid, España

Para explotar los yacimientos de gas no convencional de Vaca Muerta, cuyo volumen podría solucionar los problemas de combustible de Argentina en los próximos años, se necesitan inversiones importantes: 7.440 millones de dólares por año durante cuatro años. El Gobierno argentino carece de dichos recursos y tendrá que recurrir a otros países para poder hacerlo. Hasta el momento, Vaca Muerta no pasa de ser un peso muerto que nadie logra levantar.

Por Jesús Ruiz Nestosa
Madrid, España


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Para explotar los yacimientos de gas no convencional de Vaca Muerta, cuyo volumen podría solucionar los problemas de combustible de Argentina en los próximos años, se necesitan inversiones importantes: 7.440 millones de dólares por año durante cuatro años. El Gobierno argentino carece de dichos recursos y tendrá que recurrir a otros países para poder hacerlo. Hasta el momento, Vaca Muerta no pasa de ser un peso muerto que nadie logra levantar.

Meses atrás, Cristina Kirchner, en un golpe de efecto más político que económico, resolvió expropiar las inversiones que había hecho la compañía española Repsol al entrar como socia mayoritaria en YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales). Sus seguidores salieron a la calle para festejar lo que consideraban una recuperación de la soberanía nacional sobre sus recursos energéticos. Viéndolo entonces y mucho más ahora con la perspectiva que otorga el paso del tiempo, aquello fue, más que una nacionalización, un expolio puro y duro.

Hoy, los directivos de Repsol no han logrado obtener ninguna respuesta del gobierno de Kirchner sobre temas esenciales en este negocio como ser el pago de la indemnización por la apropiación del 51% de las acciones de YPF que estaban en poder de la empresa española. Más grave aún: ni siquiera hay esperanzas de que ambas partes puedan sentarse a una mesa para iniciar las conversaciones ante el silencio sepulcral que observan Kirchner y sus asesores.

“Ir por lana y salir trasquilado” es un dicho muy antiguo, pero que sigue vigente. La esperanza de Cristina Kirchner, el “ángel libertador de América”, la que no dudó un segundo en imponer a Paraguay una serie de penalidades por haber roto, según ella, los principios democráticos de los que se considera principal exponente y defensora, era quitar del medio a Repsol, darle la voz cantante a YPF y explotar los riquísimos yacimientos de Vaca Muerta. Los inversores –según ella creía– iban a hacer fila a la puerta de la Casa Rosada para lograr su bendición.

Los inversores más probables eran la compañía norteamericana Chevron y la china Sinopec. Chevron no ha puesto, hasta el momento, un solo dólar, mientras que Sinopec no está muy segura de hacerlo. El diario español “El País” recoge esta semana las conversaciones de empresarios chinos de esa compañía con directivos de Repsol, y los orientales habrían dicho que ellos “son chinos, no kamikazes”, ya que “las condiciones jurídicas de Argentina no garantizan nada”. Por su parte, Daniel Montamat, quien fue presidente de YPF entre 1987 y 1989, declaró al mismo periódico: “En las reuniones que ha tenido YPF con inversores extranjeros, me consta que estos le han dicho: nos interesa mucho Vaca Muerta, pero… ¿Vamos a tener libre disponibilidad de nuestras divisas? ¿Vamos a poder girarlas al exterior? ¿Vamos a poder importar equipos para explotar esta explotación no convencional?”. Nadie quiere correr el riesgo de que de pronto se le ocurra a Cristina Kirchner decir que esas empresas no reinvierten lo suficiente en el país y se quede con todas las acciones de las mismas.

Tiempo atrás se habló, pero inexplicablemente no se le dio importancia, sobre la presencia entre los accionistas de YPF de un empresario de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz, de donde vienen los Kirchner, y que hasta el momento se ignora en qué momento y cuánto pagó por las acciones en el caso de haberlas pagado. Lo único seguro es que los vecinos de dicha provincia lo tienen como testaferro de la pareja presidencial. Es probable que de tal modo se pueda explicar el crecimiento desmedido del patrimonio familiar de los Kirchner que ha pasado de 450.000 dólares cuando accedieron a la presidencia a casi 19 millones de la misma moneda.

Un escritor decía semanas atrás de Artur Mas, el presidente de la Generalitat, que se ha embanderado con la independencia de Cataluña del resto de España, que “contando sus pequeñas mentiras va creando su propia verdad”. El dicho se le puede aplicar a Cristina Kirchner, que tiene la habilidad de haber convertido sus grandes mentiras internacionales en sus pequeñas verdades locales.

* Jesús Ruiz Nestosa es periodista paraguayo. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario ABC Color, de Paraguay.