Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Poderes

Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile

En El poder político en el Ecuador (EPPE), Osvaldo Hurtado analiza la evidencia histórica y plantea hipótesis sobre las unidades de análisis que condicionaron las relaciones de poder desde la colonia hasta la fecha de escritura del libro (fines de los setentas), con un alcance, en su última edición, que contiene un análisis hasta 2009. El mensaje de EPPE es que las relaciones de poder en el país se configuran a través de la unidad de producción agrícola –la imagen de la hacienda- hasta mediados del siglo pasado, y que luego van cambiando en tanto se armaba una institucionalidad estatal, el eje de la sociedad migró del campo a la ciudad y se configuraron otros intereses en torno de reivindicaciones ideológicas, económicas, sociales y culturales.

Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile


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En El poder político en el Ecuador (EPPE), Osvaldo Hurtado analiza la evidencia histórica y plantea hipótesis sobre las unidades de análisis que condicionaron las relaciones de poder desde la colonia hasta la fecha de escritura del libro (fines de los setentas), con un alcance, en su última edición, que contiene un análisis hasta 2009. El mensaje de EPPE es que las relaciones de poder en el país se configuran a través de la unidad de producción agrícola –la imagen de la hacienda- hasta mediados del siglo pasado, y que luego van cambiando en tanto se armaba una institucionalidad estatal, el eje de la sociedad migró del campo a la ciudad y se configuraron otros intereses en torno de reivindicaciones ideológicas, económicas, sociales y culturales.

En toda esa historia siempre existe una figura masculina –el cacique, el señor del obraje, el hacendado, el caudillo- a partir de cuya mirada, intereses y decisiones el poder se define de manera explícita (sobre todo hasta la entrada en una etapa más moderna) o explícita-simbólica (de la que se desprendía, por ejemplo, la imagen de LFC como dueño de la hacienda Ecuador).

De la lectura de EPPE, no se observa en toda nuestra historia una etapa de control total del poder. Hubo proyectos e intentos pero o había contrapesos políticos, económicos e institucionales, o un problema económico estallaba y literalmente se comía la adhesión a esos proyectos de control total.

Esa historia cambió este domingo 17. Por primera vez, a través de elecciones, el Ecuador literalmente le da a Rafael Correa (RC) un voto de confianza a su proyecto de control y concentración del poder. Políticamente este proyecto podría sintetizarse como una especie de apuesta –por el resultado aplastante del domingo, exitosa- de construir y redefinir las relaciones de poder a partir de una unidad de análisis distinta: el Estado. Nunca en nuestra historia el Estado alcanzó las dimensiones, relevancia y poder (práctico y simbólico) que tiene con RC.

Lo curioso es la velocidad con la que se desarrolló esta especie de big bang estatal frente a una ciudadanía, un sistema de partidos y unos grupos de intereses, que sentían que algo ocurría pero no lograron dimensionar la capacidad de penetración y reinvención de este proyecto. Estratégicamente ha sido brillante y efectivo de tanto martillar varias ideas: un autoproclamado sentido patriótico, la imagen de una revolución, la venta de los logros, un líder-caudillo que es una máquina de trabajo, con una inteligencia y un carisma que ningún otro político ecuatoriano ha sabido imponer como presencia simbólica. El resultado ha sido aniquilar todas las formas en que se definen espacios de poder. En lo político, dejando en su mínima expresión al populismo e izquierdismo que no aparece con RC. En lo estatal, sin contrapesos institucionales. En lo económico, dándole a RC carta blanca para que defina el futuro de nuestra matriz productiva. EPPE necesita una revisión urgente.