Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Putas, no

Marlon Puertas
Guayaquil, Ecuador

Las mujeres son maltratadas, victimadas, acuchilladas, puñeteadas, insultadas, marginadas. Muchas no son libres, no son tratadas como iguales, y esa es una maldita verdad en nuestro país. Esa es una vieja agenda pendiente que hoy, como siempre, luce relegada y ajena a las tendencias mundiales de reivindicar a las minorías sexuales. Lo que hay son discusiones inútiles tratando de esconder la negligencia y corrupción judicial con la excusa de que no ha estado siquiera contemplado el delito de femicidio. Pamplinas. El crimen está contemplado y la condición de pareja hasta resulta un agravante en el abuso que se comete. Pero no se sanciona como debe ser. ¿Saben que a una mujer un tipo casi la mata en Esmeraldas con un machete y recibió una condena de seis meses de prisión?

Marlon Puertas
Guayaquil, Ecuador


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Yo no me escandalizo con esas palabras que suenan duras a los oídos sensibles. Cuestiono sí, que con ellas se pretenda descalificar -desde cualquier lado- a un grupo de mujeres que cayeron en las calles como su única forma de ganarse la vida. Manu Chao dijo que las llaman calle, calle dolida, calle cansada, de tanto amar. Son lo que pueden ser y ya tienen suficiente. Que un grupo de mujeres activistas se disfracen como ellas y quieran asumir su papel, para visibilizar una desgracia del país, las golpea de nuevo a las que ganan dinero con su cuerpo. A las que llaman putas.

La libertad consiste en el poder de actuar sin tener el temor de que a uno le van a colgar un cartel, identificándolo, marcando diferencias con el que está al lado, abriendo brechas que uno nunca sabe si algún día se cerrarán.

Las brechas en el Ecuador, en efecto, están demasiado abiertas. Y el cuento de la igualdad está tan difundido que muchos se lo creen, mirando para otro lado cuando se les cruzan episodios del infierno, que rompen la armonía de una sociedad que se vende como civilizada.

Las mujeres son maltratadas, victimadas, acuchilladas, puñeteadas, insultadas, marginadas. Muchas no son libres, no son tratadas como iguales, y esa es una maldita verdad en nuestro país. Esa es una vieja agenda pendiente que hoy, como siempre, luce relegada y ajena a las tendencias mundiales de reivindicar a las minorías sexuales. Lo que hay son discusiones inútiles tratando de esconder la negligencia y corrupción judicial con la excusa de que no ha estado siquiera contemplado el delito de femicidio. Pamplinas. El crimen está contemplado y la condición de pareja hasta resulta un agravante en el abuso que se comete.

Pero no se sanciona como debe ser. ¿Saben que a una mujer un tipo casi la mata en Esmeraldas con un machete y recibió una condena de seis meses de prisión? Seis meses después de una lucha solitaria de esta mujer, que a más de mujer, para su mala suerte, es una extranjera que ahora cuenta su historia de terror a quien la quiera escuchar, por Internet. Y a ella nadie la apoya. Ni aquí, ni en su país.

La impunidad es el principal alimento de los crímenes. Y a combatir esta lacra deben apuntar las marchas.

En España, se ha puesto de moda ir directamente a las casas de los funcionarios públicos responsables a hacerles bulla, como una halada de orejas, para que no se desvíen de su función. Aquí no pido eso. Pero reunir todos los casos judiciales que han quedado sin sentencia, sin castigo, y dirigirse hacia las Cortes tendría más efecto. Quién sabe y al día siguiente salen esas sentencias como por arte de magia. Habría que probar.

Hay sociedades que aprenden a las malas y creo que la nuestra es una de esas. La ley para estos casos, existe. Pero que sea para todos, no solo para los de abajo, no únicamente para aquellos que suman traumas e ignorancia. Los conscientes y muy preparados también lo hacen, confiados en que con ellos, nadie se meterá. Demostrar que están equivocados puede ser el primer paso.

* El texto de Marlon Puertas ha sido publicado originalmente en el diario HOY.