Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Lo que Fander Falconí no dijo en The Guardian

Héctor Yépez Martínez
Guayaquil, Ecuador

“Ecuador comienza a rugir”. Así se titula el artículo que Fander Falconí —el mayor planificador estatal de Ecuador— publicó en abril en The Guardian para comparar el caso de los tigres asiáticos con Ecuador, al que calificó como el “jaguar de Latinoamérica”, utilizando la reciente frase del viceministro alemán Beerfeltz.

Héctor Yépez Martínez
Guayaquil, Ecuador


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“Ecuador comienza a rugir”. Así se titula el artículo que Fander Falconí —el mayor planificador estatal de Ecuador— publicó en abril en The Guardian para comparar el caso de los tigres asiáticos con Ecuador, al que calificó como el “jaguar de Latinoamérica”, utilizando la reciente frase del viceministro alemán Beerfeltz.

Sus argumentos son contundentes. Pese a la crisis, Ecuador creció al 4.3% en los últimos cinco años. En la región, tenemos la tasa más baja de desempleo, la tasa más alta de inversión pública (14%) y la reducción más acelerada de la desigualdad entre 2007 y 2011. Renegociamos los contratos petroleros. La deuda pública bajó del 24% al 4% del presupuesto estatal. Fortalecimos las cooperativas y mutualistas de crédito. Reconocimos los derechos de la naturaleza y lanzamos el proyecto Yasuní ITT.

Casi todo lo anterior es un logro indiscutible de este gobierno. Yo añadiría dos noticias. Una es extraordinaria: Ecuador es el país de la región que más subió en el Índice de Desarrollo Humano entre 2007 y 2012. La otra es menos buena: aunque este año creceremos más que el promedio regional, nos quedamos muy atrás del 9% de Panamá y 6% de Perú.

Pero a Falconí también se le olvidó mencionar otro detallito, acaso más importante: cada vez tenemos menos democracia en Ecuador.

Y la evidencia es abrumadora. Hoy no tenemos independencia judicial: la justicia es administrada por un Consejo de la Judicatura controlado por la Función Ejecutiva, a tal punto que el Presidente de ese Consejo, Gustavo Jalkh, era el secretario personal de Correa. Hoy tenemos menos libertad de expresión: los medios, periodistas, opositores y críticos son constantemente vilipendiados por el gobierno y acusados por el oficialismo ante un sistema judicial que él mismo controla, utilizando leyes que criminalizan la opinión y la protesta social. Hoy no existe división real de poderes ni, por tanto, contrapesos al gobierno: el oficialismo controla el Ejecutivo, el Legislativo, las cortes y la Fiscalía, la Función Electoral y los órganos de transparencia. Hoy no existe separación entre el Estado y el partido gobernante: constantemente se utiliza la comunicación estatal (a través de la SECOM) para hacer campaña a Alianza PAIS y para linchar mediáticamente a todos sus enemigos políticos. Hoy la participación y la libertad de los ciudadanos en la economía es cada vez menor frente a la colosal maquinaria de un Estado que sigue entre los más corruptos del continente.

Este diagnóstico no solo proviene de la prensa privada en Ecuador, que este gobierno sataniza, sino también de respetadas organizaciones y medios internacionales, como Amnistía InternacionalFreedom HouseTransparencia InternacionalHuman Rights WatchThe Wall Street Journal y The Heritage FoundationReporteros Sin Fronteras y The Economist.

Parece, entonces, que nuestra economía crece a la par que nuestra democracia disminuye. Y eso nos lleva a una pregunta fundamental: ¿será que la Revolución Ciudadana es tan revolucionaria que ha inventado un modelo de sociedad donde las personas pueden vivir mejor con una democracia cada vez peor? ¿Acaso no importa tener democracia para alcanzar el “buen vivir”?

Aunque la democracia es el sistema de los países con las mejores economías del mundo, no siempre parece indispensable en el camino de los países en vías de desarrollo, como ha sucedido en China y Corea del Sur —¿y ahora Ecuador?—, si bien esta tesis es ampliamente discutida (vean este interesante panel sobre el tema en la Unesco).

Lo importante, más allá de la estadística, es reflexionar qué buscamos los ecuatorianos como sociedad. Es cierto que uno suele valorar bienes más “abstractos”, como la libertad, después de satisfacer necesidades más “básicas”, como la salud. Aun así, ya es hora de pensar si nuestro ideal social es un país donde la voluntad de cada ciudadano pesa cada vez menos en el ejercicio del poder. ¿Por qué debemos sacrificar la libertad para tener bienestar, si ambos no tienen por qué ser excluyentes? ¿Por qué, para tener educación, salud, vivienda o empleo, debemos renunciar a tener elecciones limpias, justicia independiente, seguridad jurídica, división de poderes y libertad de expresión?

* Publicado en el blog www.realidadecuador.com