Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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El séptimo círculo

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

Es, sin duda alguna, una catarsis colectiva cuando la gente ensaya diferentes formas de crueldad para enviar a lo más profundo del infierno a los grandes genocidas al morir. El caso más reciente es el de Jorge Rafael Videla, el expresidente argentino al que se responsabilizó de la desaparición forzosa de 30.000 argentinos, torturas a presos políticos en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), robo de niños y otras atrocidades. Recientemente, los tribunales argentinos habían dictado una sentencia de cadena perpetua en su contra. Desde luego que proclamó su inocencia como lo han hecho todos los que han pasado por iguales circunstancias.

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España


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Es, sin duda alguna, una catarsis colectiva cuando la gente ensaya diferentes formas de crueldad para enviar a lo más profundo del infierno a los grandes genocidas al morir. El caso más reciente es el de Jorge Rafael Videla, el expresidente argentino al que se responsabilizó de la desaparición forzosa de 30.000 argentinos, torturas a presos políticos en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), robo de niños y otras atrocidades. Recientemente, los tribunales argentinos habían dictado una sentencia de cadena perpetua en su contra. Desde luego que proclamó su inocencia como lo han hecho todos los que han pasado por iguales circunstancias.

Dante Alighieri al concebir su Infierno, lo dividió en nueve círculos. En el séptimo puso a los violentos entre quienes figuraban homicidas, criminales, tiranos, violadores y bandidos. En el octavo puso a los corruptos y en el noveno a los traidores. ¡Qué lección! Pero hay otra lección que debemos quitar de todo eso: y es que en ese séptimo círculo ya están y también irán a parar los grandes genocidas de la historia: Hitler, Mussolini, Stalin, Mao Tse Tung, Franco, Pinochet, Stroessner, Pastor Coronel pero también los hermanos Castro y otros que creyeron que a fuerza de paredón lograrían alcanzar la tan mentada “justicia social”, la buscada “justicia distributiva”.

Además de la muerte del genocida Videla, en estos días otro de esos monstruos cuya crueldad nos resulta difícil imaginar, el general guatemalteco José Efraín Ríos Montt, fue condenado por un tribunal guatemalteco a ochenta años de prisión como responsable del asesinato de unos 10.000 guatemaltecos, la mayoría de ellos indígenas mayas que tuvo como consecuencia el desplazamiento de más de 100.000 personas, principalmente indígenas y campesinos, que buscaron refugio en campamentos mexicanos.

Al igual que Videla, Ríos Montt, después de escuchar la sentencia, dijo: “Hubo desmanes, pero yo no estuve enterado”, una excusa que desde el final de la Segunda Guerra Mundial no es admitida por ningún tribunal internacional que acepta la llamada “doctrina Yamashita” en recuerdo a un general japonés cuyas tropas cometieron todo tipo de crímenes y atrocidades con los prisioneros en la entonces ocupada Filipinas.

La condena a Ríos Montt fue saludada en diferentes ámbitos como un hecho histórico y que abre las posibilidades de sentar en el banquillo a muchos otros responsables de crímenes de lesa humanidad y que se pasean tranquilamente por las calles de ciudades latinoamericanas desde el Río Bravo al estrecho de Magallanes. Existe la Corte Interamericana de Derechos Humanos que ha logrado que se emitieran 162 sentencias sobre algunos casos pero, aunque 25 países se hayan adherido a la Convención Americana de Derechos Humanos, no logra cumplir de manera eficiente con su cometido a causa de la poca importancia que los diferentes gobiernos le dan a la misma. Incluso, hay países como Venezuela y Ecuador que la han criticado, pues consideran que su proceder no es otra cosa que una injerencia en sus asuntos internos, por lo que piden que desaparezca.

Por último, está el caso de nuestro país que no escapa de este superficial recuento. Durante esa larga dictadura que fue el “stronismo” (1954-1989), a los que hay que sumar las anteriores dictaduras (1947-1954), que hacen 42 años, se cometieron atrocidades sin cuento. Derrocado el tirano, se lo dejó marchar al exilio y se tendió un manto de silencio sobre las muertes, las desapariciones, las torturas, las atrocidades cometidas en las cámaras de torturas del departamento de Investigaciones (policía política del régimen), en los sótanos de la Técnica o en los calabozos de la comisaría tercera. Paraguay debe ser el único país del continente que tuvo la suerte de poder hacerse con los archivos completos de la policía, lo que quiere decir la información necesaria para llevar a los tribunales a varias decenas de responsables de aquellas atrocidades, cosa que nunca sucedió. Ni siquiera se pidió explicaciones a aquellos miembros del Grupo de Acción Anticomunista que dirigía el ministro J. Eugenio Jacquet y que en su pasquín semanal se publicaban las listas de quienes estábamos amenazados de muerte. Pero también estaban los nombres de quienes integraban la GAA. Sí, hagámonos a la idea de que Jorge Rafael Videla está ya en el séptimo círculo, pero no olvidemos que todavía no están todos porque la justicia, para ser tal, debe ser idéntica para todos.

* Jesús Ruiz Nestosa ed periodista paraguayo. Su texto ha sido publicado originalmente en ABC Color, de Paraguay.