Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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Un servicio que poco sirve

Ricardo Noboa Bejarano
Guayaquil, Ecuador

Un pariente cercano falleció hace pocos días. No pudimos acudir a su sepelio. Un abogado quiteño tenía una audiencia en un tribunal arbitral en Guayaquil. Se preparó para venir a la ciudad en el primer vuelo, eso de las 6 y media. Se tuvo que levantar a las 3 de la madrugada, es decir que casi ni se acostó. Llegó a Tababela y la compañía aérea había decidido cancelar el vuelo porque el techo de nubes es “bajo”. Y no solo canceló ese vuelo sino que decidió no volar a esa hora por considerarlo inseguro. Un ejecutivo guayaquileño tenía una reunión a las 10 de la mañana. Salió temprano pero un derrumbe en el puente bailey que todavía sobrevive milagrosamente en el camino le impidió llegar.

Ricardo Noboa Bejarano
Guayaquil, Ecuador


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Un pariente cercano falleció hace pocos días. No pudimos acudir a su sepelio. Un abogado quiteño tenía una audiencia en un tribunal arbitral en Guayaquil. Se preparó para venir a la ciudad en el primer vuelo, eso de las 6 y media. Se tuvo que levantar a las 3 de la madrugada, es decir que casi ni se acostó. Llegó a Tababela y la compañía aérea había decidido cancelar el vuelo porque el techo de nubes es “bajo”. Y no solo canceló ese vuelo sino que decidió no volar a esa hora por considerarlo inseguro. Un ejecutivo guayaquileño tenía una reunión a las 10 de la mañana. Salió temprano pero un derrumbe en el puente bailey que todavía sobrevive milagrosamente en el camino le impidió llegar.

El aeropuerto de Tababela es un calvario. Para quiteños y guayaquileños. Para todos. Menos para los extranjeros a los cuales poco les importa demorarse un poco porque vienen de turistas.

La construcción de Tababela sin haber construido las vías de acceso como debe ser, han convertido al aeropuerto en un verdadero desastre. Tanto que hoy en día muchos guayaquileños, que antes íbamos a Quito a almorzar, hemos decidido dejar de ir a la ciudad. Salvo que podamos planificar algo con mucha anticipación, lo que a veces es imposible hacer en el mundo de los negocios o en la vida profesional, donde tantas cosas se presentan de repente.

¿Qué pasó? ¿Qué falló en todo esto? ¿Hubo algún extraño interés en construir el aeropuerto en ese sitio simplemente porque “va porque va”, como dice la frase popular? ¿Quiénes son los dueños de las tierras aledañas y cuando las compraron? ¿Cómo es posible que la falta de planificación o quizás algo más, se hayan podido imponer frente al sentido común? ¿Cómo es posible que tantos se vean perjudicados por las malas decisiones de tan pocos? Son preguntas que, al momento y para muchos ecuatorianos, no tienen respuesta.

Quito tiene que pensar en un aeroparque para vuelos domésticos, como existen en otras capitales. Claro que no da la tasa de retorno, al menos ahora, porque Tababela es un aeropuerto carísimo y obviamente no se financia solo con vuelos internacionales. Pero algo va a tener que hacer la ciudad.

El aeropuerto de Malpensa en Milán, que es uno de los mas lejanos a la ciudad que sirve, esta más cerca, en minutos no en kilómetros, que el de Tababela de Quito. Es verdad que el viejo Mariscal Sucre, al que muchos extrañamos a morir, estaba casi en la González Suarez. Pero el remedio ha sido realmente canceroso.

Entre el trafico interno y el aeropuerto, “la ciudad para vivir” se está transformando en una metrópoli desordenada y mal servida, lo que es imposible de aceptar. No creo que la resignación deba ser la respuesta. Porque hoy en día un vuelo de media hora se ha transformado en uno de cuatro. Mas rápido llegamos a Lima o a Panamá.

* El texto de Ricardo Noboa ha sido publicado originalmente en el diario HOY, el 19 de mayo de 2013.