Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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¿Para dónde van las FARC?

Plinio Apuleyo Mendoza
Bogotá, Colombia

Sí, ¿para dónde van? El Gobierno cree saberlo. Y muchos colombianos, detrás suyo, piensan que las FARC, severamente golpeadas, pueden aceptar el fin del conflicto armado si son eximidas de castigos penales y si tienen opción de llegar al Congreso con sus Timochenko e Iván Márquez, sus máximos jefes, a la cabeza. Se trata, creo yo, de una ilusión engañosa. Las FARC van mucho más lejos.

Plinio Apuleyo Mendoza
Bogotá, Colombia


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Sí, ¿para dónde van? El Gobierno cree saberlo. Y muchos colombianos, detrás suyo, piensan que las FARC, severamente golpeadas, pueden aceptar el fin del conflicto armado si son eximidas de castigos penales y si tienen opción de llegar al Congreso con sus Timochenko e Iván Márquez, sus máximos jefes, a la cabeza.

Se trata, creo yo, de una ilusión engañosa. Las FARC van mucho más lejos. Desde hace algunos años y por inspiración de su desaparecido dirigente Alfonso Cano, se han trazado una exitosa estrategia política que compensa de sobra los golpes sufridos por ellas en el campo militar. El punto de partida de esta estrategia fue su llamado Plan Renacer. Descarta la toma del poder por la vía de las armas para sustituirla por otra, secreta y más eficaz, que es la captura del Estado, lograda en el continente por movimientos de su mismo perfil ideológico ligados al Socialismo del Siglo XXI.

El papel fundamental de esta estrategia no gravita ya para las FARC en su aparato armado, sino en estructuras políticas clandestinas como el Partido Comunista Colombiano Clandestino (PC3) y el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia (MB), transformado ahora en una Marcha Patriótica, capaz de movilizar gente desde las zonas amazónicas del país hasta las del Caribe. Además del poder amenazador de las armas, las FARC cuentan con los recursos millonarios del narcotráfico que les permiten pagar altas sumas a los cultivadores de coca. No olvidemos que estos sigilosos brazos políticos de la guerrilla han logrado una hábil infiltración en el Poder Judicial, los sindicatos, las universidades y las comunidades indígenas. Peligrosa realidad ignorada por la opinión pública y hasta por el propio gobierno de Santos.

Ahora bien, el punto culminante de esta nueva estrategia es precisamente el actual proceso de paz. En torno a él hay algo inquietante. Las fuerzas democráticas de Colombia se encuentran divididas en un candente debate que no les permite ver las secretas cartas de las FARC. De un lado se ubican quienes, con razones muy válidas, consideran moral y legalmente imposible dar indulto y participación política a los responsables de crímenes de lesa humanidad. Y del otro lado, al gobierno y a los partidos que lo apoyan, para quienes, movidos por consideraciones realistas, una justicia transicional (con extrañísimos subterfugios jurídicos capaces de eximir reales penas) es la única vía para poner fin al conflicto armado.

¿Pero se conformarían las FARC con el indulto y curules en el Congreso? No seamos ingenuos. Alfredo Rangel, autorizado analista colombiano, profesor de la Universidad Sergio Arboleda, muestra en un cuidadoso ensayo todas las estrategias que están aplicando las FARC en La Habana. Por una parte, pretenden modificar las estructuras de poder regional a través de un nuevo mapa productivo, con limitaciones a los Tratados de Libre Comercio y a la explotación minera, y sobre todo con la creación de zonas de reserva campesina bajo su control. A tales iniciativas buscan darle soporte con los llamados foros temáticos y Asambleas Populares integradas por organizaciones bajo su influencia.

Finalmente su más peligrosa petición, vista como culminación del proceso, sería una posible reducción de nuestras Fuerzas Armadas a tiempo que las FARC hablan de desactivar las armas, pero no entregarlas. Lo que buscan, en definitiva, es conseguir una fuerza igual a la del Estado.

Si el Gobierno llegara a aceptar tales condiciones, las FARC tendrían abierto el camino del poder a la manera patentada por Chávez con éxito y copiada por Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega. Con los instrumentos de poder que han conseguido y que aspiran a ampliar en La Habana, tan solo les bastaría a las FARC, para lograr su máximo objetivo, una coyuntura electoral favorable.

Y, cuidado, pueden tenerla el próximo año. Si el candidato uribista es Francisco Santos (el de mayor opción en las encuestas internas), la pugna entre este y su primo Juan Manuel Santos dejaría apático a un amplio sector de la opinión pública –cada vez más ajeno al mundo político y a las pugnas familiares–, circunstancia muy favorable para un candidato único de la izquierda. Y por tranquilizadora que fuera la imagen de este último, detrás suyo estarían todos los amigos de las FARC, además de los Maduro y los Castro. Sería para ellas un camino abierto hacia el Socialismo del siglo XXI. Bonito fin del conflicto armado, ¿verdad?

* Plinio Apuleyo Mendoza es periodista y escritor colombiano. Su texto ha sido publicado en el diario El Tiempo, de Bogotá, el 23 de mayo de 2013.