Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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De la crítica a la apología

Joaquín Hernández
Guayaquil, Ecuador

En un artículo aparecido en la revista Nueva Sociedad correspondiente a mayo – junio de este año, Rafael Rojas, historiador y ensayista de origen cubano, profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) de la ciudad de México y académico internacional de la de Princeton, analiza los cambios de los intelectuales de derecha y de izquierda ocurridos en las últimas décadas en América Latina.

Joaquín Hernández
Guayaquil, Ecuador


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En un artículo aparecido en la revista Nueva Sociedad correspondiente a mayo – junio de este año, Rafael Rojas, historiador y ensayista de origen cubano, profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) de la ciudad de México y académico internacional de la de Princeton, analiza los cambios de los intelectuales de derecha y de izquierda ocurridos en las últimas décadas en América Latina.

En realidad, el tema central de todo este número de Nueva Sociedad es precisamente el intelectual latinoamericano. El de Rojas es uno de los ensayos que intenta analizar el proceso, de forma extraordinariamente sugerente aunque polémica, con el título que da nombre a este artículo: ” De la crítica a la apología. La izquierda latinoamericana entre el neoliberalismo y el neopopulismo” .

La tesis de Rojas es que el intelectual de izquierda (quede para otra ocasión el análisis del de derecha) no es el mismo hoy que el de los años sesenta y setenta e incluso ochenta del siglo pasado. Incluso pueden ser las mismas personas; lo que ha variado es su visión del mundo, sus señas de identidad, el territorio simbólico que han escogido para acampar intelectualmente. Concretamente, Rojas se refiere en su análisis a los intelectuales pertenecientes a los países de grupo ALBA que se consideran ideológicamente unidos a los gobiernos respectivos y participan de sus principios, estrategias y políticas.

En los años sesenta y setenta el intelectual de izquierda se veía a sí mismo como crítico. Ser crítico no implicaba solamente el cuestionamiento del sistema sino también el “desde dónde”  se hacía esta crítica. Ese “desde dónde”  surgía desde una matriz ilustrada y secularizada. Por eso era contrario a todo tipo de populismo y consideraba el debate como una instancia fundamental del pensamiento. La crítica exige debate. Cuestionaba no defendía, excepto en el caso del intelectual militante, adscrito a los partidos comunistas tradicionales que tenía que diluir las barbaridades del presente en nombre de la victoria del futuro.

En estas décadas, lo que ha variado, es precisamente la pérdida de la actitud crítica y la adopción de una mentalidad apologeta. “La apologética de izquierdas privilegia la lealtad de las masas a los líderes antes que la subjetivación política de la ciudadanía… La popularidad es, cada vez más, un índice que se verifica en encuestas y resultados electorales, además de una exhibición de mayorías en avenidas, plazas u otros lugares públicos” .

Rojas centra el problema: “¿Cabría preguntarse, desde la actual hegemonía neopopulista, qué ha sido del legado crítico del marxismo latinoamericano?… ¿Qué queda, en la nueva izquierda gobernante, del mensaje secular, ilustrado y modernizador de aquella vanguardia intelectual de los 70 y 80, que se enfrentó a las dictaduras, cuestionó la herencia populista, se distanció del modelo soviético e impulsó las transiciones democráticas?”. La pregunta obvia es qué paso. Eso es lo que el análisis de Rojas deja planteado.