Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Días de gloria

Danilo Arbilla
Montevideo, Uruguay

Decía Napoleón Bonaparte que más que valientes e ilustrados, prefería tener generales con suerte. Y es así; por ejemplo, esta –la buena suerte–, en los últimos diez o doce años ha sido la compañera y sustento de los regímenes neoprogresistas y populistas latinoamericanos. Es innegable que los Chávez, Morales, Kirchner, Ortega, Correa, Maduro y los Lula y su Brasil emergente han tenido mucha suerte. Eso es lo que explica, mas que ningún otro elemento, su permanencia en el poder. No inventaron la rueda ni la pólvora, como ellos se lo han creído y se lo han hecho creer algunos banqueros e inversores que siempre buscan playas amables para recoger frutos baratos, sin importarles –ni a los mandantes de turno, tan socialistas, nacionalistas y defensores de los pobres y ni qué hablar a los de afuera– lo caro que ellos resultan para las espaldas de los recolectores.

Danilo Arbilla
Montevideo, Uruguay


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Decía Napoleón Bonaparte que más que valientes e ilustrados, prefería tener generales con suerte. Y es así; por ejemplo, esta –la buena suerte–, en los últimos diez o doce años ha sido la compañera y sustento de los regímenes neoprogresistas y populistas latinoamericanos. Es innegable que los Chávez, Morales, Kirchner, Ortega, Correa, Maduro y los Lula y su Brasil emergente han tenido mucha suerte. Eso es lo que explica, mas que ningún otro elemento, su permanencia en el poder. No inventaron la rueda ni la pólvora, como ellos se lo han creído y se lo han hecho creer algunos banqueros e inversores que siempre buscan playas amables para recoger frutos baratos, sin importarles –ni a los mandantes de turno, tan socialistas, nacionalistas y defensores de los pobres y ni qué hablar a los de afuera– lo caro que ellos resultan para las espaldas de los recolectores.

La pregunta es cuánta de esa suerte han usufructuado los pueblos de los países de esos iluminados. Quizás ahora se empiece a saber; quizás estamos al comienzo de un tiempo de respuestas. Quizás esos señores deban asumir aquello de que la gloria es pasajera.

Hace un mes, o poco más, el expresidente del BID, Enrique Iglesias, me dijo que para América Latina “el viento a favor se termina y ahora hay que navegar con motor propio y, a veces, con viento en contra”.

¿Y es que se avecinan terremotos y huracanes? Habrá que ver y esperar, pero desde ya pensar, por lo menos, en algunos temblores y vientos fuertes.

La sola insinuación –el mero amague– de que la Reserva Federal (FED) de los EE.UU. podría reducir la inyección de liquidez –el estímulo monetario a la economía estadounidense– y “tocar” las tasas en el 2014 tuvo efecto inmediato en las monedas de los países emergentes y en particular en Brasil. Las cifras, cambiantes y volátiles –el mercado es tan sensible como timorato e interesado– dicen que muchas monedas de la región –esos “pesos fuertes” hasta no hace mucho– han comenzado a depreciarse. En lo que va del año, el peso chileno se devaluó en un 7%, el sol peruano 9%, el peso colombiano 5%, el peso uruguayo 14% y el real brasileño el 15% (con muchos vaivenes; en Brasil la caída hace unos días alcanzó al 19%). De Argentina y Venezuela no se puede decir nada pues tienen muchos mercados de cambio, de variadas definiciones y colores y además cifras propias inventadas a gusto de sus gobiernos.

Lo concreto es que los inversores reaccionan y se van, lo que su vez desnuda la realidad y muestra cuán consistentes, serias y acertadas han sido las políticas de estos nuevos popes de la economía. Ahora es que empieza a verse el real costo del derroche, del gasto y del reparto, instrumentos con tantos buenos resultados “democráticos electorales” y que han servido para mejorar a voluntad y transitoriamente índices de pobreza y de ocupación.

Brasil siempre es emblemático. Además de los requiebres en su moneda, ha “moderado” sus pronósticos o pretensiones en materia de crecimiento: del 3,3% previsto para este año ha bajado al 2,2%. Y para el 2014 la estimación ya no es del 3,8% sino del 2,5%. Cae la confianza de consumidores y empresarios, y además crece la inflación que ya superó las metas. Para contrarrestar la salida de capitales y el aumento de los precios, el gobierno ha aumentado la tasa de interés de referencia (la SELIC), acercándose ya al 9%, y ha volcado reservas en el mercado (tiene previsto hasta 60 mil millones de dólares). Pero es difícil prever cuál será el efectivo resultado de estas decisiones: los inversores prefieren buscar playas seguras, que es lo que han estado haciendo, y esperar.

Lo grave es que, como ha ocurrido reiteradas veces, se inicie “la caza” de culpables de afuera, la invención de conspiraciones y maleficios y nuevamente, obvio, la crucifixión del imperialismo y el neoliberalismo y, además, lo más grave, a reprimir a la gente sobre todo cuando esta empiece a sufrir los malos vientos, a ver claro y a pedir cuentas.

* Danilo Arbilla es periodista uruguayo. Su texto ha sido publicado originamente en el diario ABC Color de Paraguay.