Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Carta Abierta al Presidente Correa

Miguel Molina Díaz

Señor Presidente:

La mañana del sábado 7 de Septiembre, en su Enlace Ciudadano No. 338, durante su segmento ‘Libertad de Expresión’ usted se refirió en durísimos términos a mi artículo ‘Arde Quito’, publicado en Diario Hoy el domingo 1 de septiembre, y presentó un video, que asumo fue preparado por su Secretaria de Comunicación, en el que se muestran fotografías mías arrebatadas sin mi consentimiento de mi cuenta personal de Facebook y en el que se me califica como parte de los “politiqueros disfrazados de defensores de la naturaleza”.

Miguel Molina Díaz


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Barcelona, 8 de Septiembre del 2013

Señor Economista
Rafael Correa
Presidente de la República del Ecuador
Palacio Nacional
Quito

Señor Presidente:

La mañana del sábado 7 de Septiembre, en su Enlace Ciudadano No. 338, durante su segmento ‘Libertad de Expresión’ usted se refirió en durísimos términos a mi artículo ‘Arde Quito’, publicado en Diario Hoy el domingo 1 de septiembre, y presentó un video, que asumo fue preparado por su Secretaria de Comunicación, en el que se muestran fotografías mías arrebatadas sin mi consentimiento de mi cuenta personal de Facebook y en el que se me califica como parte de los “politiqueros disfrazados de defensores de la naturaleza”.

No abrazo la esperanza de que su gobierno me conceda mi constitucional derecho a la réplica, desde hace mucho estoy convencido de que los derechos consagrados en la norma constitucional carecen de eficacia cuando se contraponen a los intereses de la Función Ejecutiva, como por ejemplo, el Art. 57 de ese cuerpo normativo que prohíbe actividades extractivas en los territorios de los pueblos en aislamiento voluntario. Es por eso que he decidido responderle por medio de esta carta abierta, como el estudiante universitario que soy y cuyas opiniones motivaron la molestia del Presidente de la República.

Comienzo, pues, corrigiendo su aseveración del día sábado: no me encuentro en Madrid. Me encuentro, Señor Presidente, en la ciudad de Barcelona. La Barcelona de la resistencia, la de la lucha de los intelectuales en contra del franquismo y la que descubrió a los mejores escritores de nuestro continente. Y es, para mi, motivo de orgullo escribirle esta misiva desde una ciudad que constantemente me recuerda mi compromiso profundo e íntimo con las libertades de expresión, pensamiento, prensa y opinión.

Señor Presidente: mi primer artículo de opinión lo escribí a la edad de 13 años. Debió haber sido finales de noviembre del año 2005, después de las deslumbrantes jornadas de Abril, conocidas como la Rebelión de los Forajidos. Era, para eso entonces, desoladora la posibilidad de que ese cambio anhelado y exigido en las calles no se cristalizara. Con ese primer artículo comenzó mi pasión por las letras y mi convicción de que una sociedad es libre cuando existe flujo infinito de opiniones, pensamientos e ideas.

Y mis inquietudes políticas me llevaron, posteriormente, a apoyar por medio de mis artículos la convocatoria a la Asamblea Constituyente, el voto facultativo de los adolescentes mayores de 16 años y, por supuesto, la Constitución de Montecristi que propuso revolucionariamente al Sumak Kawsay como principio transversal y garantía de los derechos fundamentales. Textos que obviamente no aparecieron en la sabatina pasada pero de los cuales no reniego. El país necesitaba cambios. Y así, como apoyé públicamente sus propuestas iniciales tomé la decisión de apartarme de ese proyecto político al notar, con enorme tristeza, que se tornó autoritario y personalista.

Mi convicción política responde indudablemente a mis principios. Soy de los que piensan que nosotros, los humanos, al ser seres sociales, somos seres políticos. Por tanto la política nos atraviesa. Y ese es el vinculo ineludible que me une al Ecuador y a su realidad y por el cual llevo conmigo a mi país a todos los lugares que visito. Mi artículo ‘Arde Quito’, Señor Presidente, se publicó dentro de la sección de Opinión del Diario Hoy. No constituye, por tanto, crónica o reportaje. El Hoy lo publicó por el simple derecho que tenemos los ciudadanos a expresarnos libremente. No discutiré, sin embargo, su percepción personal sobre el mismo ni la de su equipo de comunicación porque en todos estos años he aprendido que así como existen lecturas maduras e intuitivas de los textos, existen también las que pierden frente a la capacidad expresiva del lenguaje.

Y para opinar sobre la realidad del país, aunque usted no lo acepte, no es requisito gozar de la “tremenda vista” del balcón de Carondelet. Juan Montalvo, por ejemplo, escribía precisamente desde las esquinas contrarias y, por muchos años, desde el exterior. Usted mismo, Señor Presidente, se ha tomado la libertad de opinar sobre acontecimientos en los cuales no ha estado presente, como cuando le aseguró al país que su primo, Pedro Delgado, era economista. Y no es de extrañarse. No es necesario haber vivido en la Francia del siglo XVIII para conocer sobre la Revolución Francesa, ni mucho menos haber sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial para tener certeza del Holocausto Judío. Y este último ejemplo me recuerda a la novela histórica ‘¿Arde París?’ de los periodistas Dominique Lapierre y Larry Collins, que durante años investigaron la ocupación nacionalsocialista sobre el territorio francés para poder publicar su obra.

Tampoco abrazo la esperanza de que usted acoja estas disquisiciones, propias de caracteres más dados a la reflexión que a los impulsos. En todo caso, Señor Presidente, me preocupa el Estado de Propaganda que su gobierno ha construido en el país. Desde su sabatina usted no rebate ideas, impone verdades que con su enorme aparato comunicacional aparentan ser reales. Usted mismo, al aludirme el sábado pasado, lo ha dicho: “Mentir es corrupción, más aún desde el poder” (Enlace Ciudadano No. 338, 7 de septiembre). Lo dice precisamente quién afirmó que Jaime Guevara, abstemio radical, era un “borracho marihuanero”. Y el que dijo que Lady Morales, la Abanderada del Pabellón Nacional del Colegio Mejía, era vaga. Y no, Señor Presidente, tampoco soy corrupto. Lo que tengo se lo debo al trabajo honrado de mis padres y a mis méritos personales. Corrupto fue, por ejemplo, el que permitió el préstamo de 800 mil dólares a Duzac y que, sin responder por ese dinero, huyó del país. Y todo esto me preocupa en la medida en que descubro una manipulación de la realidad pues afirmar que la Policía Nacional no usó balas de goma y gas lacrimógeno es propio de los personajes de George Orwell, sobre todo, cuando existen fotografías, videos y una enorme cantidad de testimonios de afectados para corroborar que la versión del gobierno es un invento ya no de ciencia ficción sino de mala literatura de autoayuda. El uso del aparato estatal, sin sentencia de juez, para denigrar a quienes disienten con la verdad oficial no es propio de las democracias sino de los pésimos gobiernos.

Termino, Señor Presidente, confesándole que de todas sus aseveraciones que usted vertió contra mí el día sábado, la única con la que me quedo es la siguiente: “No se olviden de este nombre, Miguel Molina” (Enlace Ciudadano No. 338, 7 de septiembre). Sin duda, aquel es el más alto homenaje que como escritor e intelectual he recibido y lo reafirmo con absoluta confianza: no se olviden de mi nombre. Mi vocación de articulista es una responsabilidad que la asumo y la celebro más allá del miedo y la presión; es un deber con el que cumplo y que seguirá ardiendo dentro de mí, como arden los ideales de los jóvenes de mi ciudad, mientras ustedes pretendan atentar contra el Yasuní y los pueblos en aislamiento voluntario que lo habitan.

Después de todo, no es la libertad total un estado posible de las sociedades pero es su búsqueda la que nos hace libres.

Sin más particulares por el momento, me despido, no sin antes agradecer la publicidad nacional que de su parte recibió mi texto.

Atentamente,

Miguel Molina Díaz
C.I. 1717990137

* El texto de Miguel Molina ha sido publicado originalmente en su blog personal.