Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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El mundo cierra los ojos frente a Siria

Luis Fernando Ayala
Guayaquil, Ecuador

La decisión del parlamento británico de negar la participación de ese país en una posible intervención militar en Siria, el escaso apoyo que ha suscitado en el congreso norteamericano la solicitud de autorización de uso de la fuerza hecha por  Obama y las declaraciones del gobierno francés de que no está dispuesto a atacar Siria unilateralmente en el caso de que EEUU decida no hacerlo; nos deja ante la posibilidad real de que los crímenes de Bashar Al-Assad en contra de su propio pueblo queden en la impunidad y de que el mundo entero se lave las manos ante lo que constituye la mayor masacre con armas químicas en lo que va del Siglo XXI.

Luis Fernando Ayala
Guayaquil, Ecuador


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La decisión del parlamento británico de negar la participación de ese país en una posible intervención militar en Siria, el escaso apoyo que ha suscitado en el congreso norteamericano la solicitud de autorización de uso de la fuerza hecha por  Obama y las declaraciones del gobierno francés de que no está dispuesto a atacar Siria unilateralmente en el caso de que EEUU decida no hacerlo; nos deja ante la posibilidad real de que los crímenes de Bashar Al-Assad en contra de su propio pueblo queden en la impunidad y de que el mundo entero se lave las manos ante lo que constituye la mayor masacre con armas químicas en lo que va del Siglo XXI.

Los reportes recogidos en terreno por los inspectores de las Naciones Unidas y lo que se conoce de la información que han revelado los gobiernos de Estados Unidos y Francia, apuntan a que se han producido al menos dos ataques con armas químicas contra la población siria que habrían causado alrededor de mil quinientos muertos, incluyendo quinientos niños. A estos informes se suman una multitud de videos y fotografías publicados en internet que muestran con contundencia  los horrores de esta carnicería humana llevado a cabo por el brutal régimen de Al-Assad. En total en lo que va del conflicto serían más de cien mil sirios los que habrían perdido la vida, lo que incluye a más de diez mil niños.  Y sin embargo hoy en Estados Unidos, Europa y en América Latina el pensamiento que parece prevalecer es que no hay razones suficientes para una intervención militar en ese país.

¿Cómo llegamos a una situación que con toda justicia puede calificársela de indiferente y egoísta ante el sufrimiento del pueblo sirio? No hay respuesta única, pero los argumentos más comunes que utilizan quienes defienden la no intervención en el conflicto sirio son: no repetir el fiasco de la invasión a Irak,  el que se trata de un asunto interno de Siria, la necesidad de que cualquier operación militar sea llevado a cabo por las Naciones Unidas y el no afectar a la paz mundial. Todos ellos son equivocados.

Aunque siempre es deseable que una intervención militar con motivos humanitarios sea efectuada por una coalición internacional amplia, como es el caso de las Naciones Unidas; en la práctica el Consejo de Seguridad de la ONU hace mucho tiempo que dejó de ser una institución relevante. La invasión a Irak donde el Consejo de Seguridad fue anulado ante la amenaza francesa de vetar cualquier resolución mayoritaria que favoreciera una intervención militar, terminó de darle el tiro de gracia a esa institución cuya estructura hizo sentido en la época de la guerra fría pero que resulta anacrónica ante la realidad del presente mundo multipolar. Es deseable que en el futuro la comunidad internacional sea capaz de crear instituciones que sean capaces de enfrentar con eficacia los conflictos internacionales, pero hoy ese no es el caso.

Quienes se escudan en el fiasco de la invasión a Irak, erran al querer equiparar ambas situaciones. Si en Irak el argumento que motivó la invasión fue la posibilidad de que el régimen de Saddam Hussein utilizara el supuesto arsenal de armas de destrucción masiva contra otros países; acá no está en duda que el gobierno de Al-Asssad lo posee, ni tampoco que tenga la voluntad de usarlo, al haber sido capaz de atacar a su propia población.

Por otra parte, quienes afirman que se trata de un conflicto interno que deben resolverlo los propios sirios, lo hacen a sabiendas de que no se trata de una guerra entre dos facciones que tienen la misma legitimidad. No, se trata de un conflicto entre una dictadura que no duda en utilizar los medios más brutales a su disposición y las fuerzas de un pueblo que lucha por liberarse de la opresión a la que ha sido sometido durante tantos años. No cabe neutralidad ante un conflicto de esta naturaleza, y quienes se oponen a una intervención militar en Siria, lo hacen sabiendo que eso implica favorecer a la dictadura de Al-Assad.

Finalmente, quienes ingenuamente argumentan a favor de la paz para oponerse a resolver el conflicto sirio a través de la vía armada, parecen desconocer que Siria se encuentra en guerra desde hace bastante tiempo; guerra que ha causado ya miles de muertes y que lo que corresponde es hacer lo necesario para esta llegue a su fin. Ellos olvidan que la verdadera paz no puede ser consecuencia de cerrar los ojos o mirar al costado como si no pasara nada; la verdadera paz es la que se obtiene como consecuencia del combate por lo que es correcto y justo, esa es la única paz que puede perdurar.