Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Pelo malo

Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador

“Llevo mucho tiempo asfixiada por esos pequeños gestos, por esas cosas que pasan en la vida diaria venezolana, cómo el contexto social se ha metido en las familias, los amigos, creando una pequeña violencia que puede parecer chiquita, pero que suma y suma… Es una película contra la intolerancia, que apoya las pequeñas rebeldías. No sé si quedó claro en la pantalla todo lo pesimista que soy, y si dejé alguna rendija a la esperanza”.

Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador


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“Llevo mucho tiempo asfixiada por esos pequeños gestos, por esas cosas que pasan en la vida diaria venezolana, cómo el contexto social se ha metido en las familias, los amigos, creando una pequeña violencia que puede parecer chiquita, pero que suma y suma… Es una película contra la intolerancia, que apoya las pequeñas rebeldías. No sé si quedó claro en la pantalla todo lo pesimista que soy, y si dejé alguna rendija a la esperanza”.

Son declaraciones de Mariana Rondón a El País. Ella es la directora de la película que se llevó el primer premio en el reciente festival cinematográfico de San Sebastián, donde un filme de coproducción ecuatoriana fue reconocido. El filme ganador, realizado con un bajísimo presupuesto, lleva por nombre Pelo malo. Esta es una expresión caribeña usada para referirse de manera negativa a la forma rizada del pelo que llevan la mayoría de afrodescendientes. La obra narra los esfuerzos de un niño pobre por alisarse su “pelo malo” y así salir “bien” en la foto del colegio, y los temores de su madre de que la actitud de su hijo sea malentendida en el entorno machista de una sociedad que se desintegra en el odio mientras el Estado se ahoga en petróleo.

Cuando se le preguntó a la directora si los líderes del chavismo podrán captar el mensaje que lleva implícito su filme dijo: “Yo no sé si tendrán ojos para verlo. No me gusta la polarización de mi país. Quiero que gente muy diferente encuentre ese lugar para charlar. En esta radicalización que me preocupa mucho hemos perdido los sitios de encuentro. No me puedo creer que no haya marcha atrás. Cada vez nos hacemos más daño y nos hundimos más. Cada vez el otro, por no tener la misma idea, es más enemigo. Y a mí nadie me dijo que esto era una guerra, solo íbamos a unas elecciones. Paremos. Hay un dolor inmenso. De un acto político, un referéndum, hemos pasado a un acto de fe, de ideas”. (¿De quién fue la responsabilidad?). “Toda de Chávez. Cuando dijo eso de que quien no está conmigo está contra mí nos sentenció a esta guerra. Y Maduro sigue el mismo camino. Paremos, construyamos un país, construyamos una vida. Cuando volvamos ahora con el premio todos se apuntarán al carro. No nos importa. Con tal de que eso contribuya a que se vea la película…”. La película, explicó, nació de un sentimiento de “dolor y ahogo”.

Marité Ugás, la productora del filme, añadió por su lado: “Venezuela es Caribe puro, piel, la gente suda, se frota, es muy sensual. Yo soy peruana y me fascina de los venezolanos que nunca hubo diferencias de clase, color, género… Pero desde arriba, desde los discursos políticos, ahora se impone esta intolerancia para llegar a lo más íntimo de sus habitantes”.

Reflexiones de dos valiosas mujeres artistas dedicadas al cine. Habría que preguntarse si las similitudes con lo que atraviesan otras sociedades de la región son pura coincidencia.