Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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La neutralidad de los tribunales de EE.UU. brilla en el caso ecuatoriano

David B. Rivkin Jr. y Andrew M. Grossman
Washington, Estados Unidos

De todas las quejas del sistema de justicia americano (litigar es demasiado caro, demasiado lento, demasiado incierto), lo cierto es que es líder mundial en la materia que más importa: descubrir la verdad. Este ha sido el objetivo específico en una corte de Manhattan.

David B. Rivkin Jr. y Andrew M. Grossman
Washington, Estados Unidos


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De todas las quejas del sistema de justicia americano (litigar es demasiado caro, demasiado lento, demasiado incierto), lo cierto es que es líder mundial en la materia que más importa: descubrir la verdad. Este ha sido el objetivo específico en una corte de Manhattan.

En el juicio están cruzados el abogado Steven Donziger y sus aliados durante décadas en  una batalla legal en contra del gigante energético Chevron. Representando a indígenas ecuatorianos de la zona de Lago Agrio, Donziger obtuvo 18.2 mil millones de dólares por el fallo de una corte ecuatoriana en contra de Chevron por la contaminación que se le atribuye en las operaciones de perforación de Texaco, a la que Chevron adquirió en 2001.

Chevron ha mantenido durante largo tiempo que el juicio en Ecuador fue un fraude, un plan que ha durado 20 años para obtener dinero mediante extorsión. Y presentó una demanda en Estados Unidos, en 2011, acusando a Donziger de crimen organizado y buscando bloquear la ejecución de la sentencia.

¡Qué juicio ha sido! En los primeros días en la Corte del Distrito de Manhattan, el director ejecutivo de una compañía que financia litigios y que invirtió cuatro millones de dólares en los esfuerzos de Donziger, testificó en el juicio que su compañía se retiró “profundamente preocupada por la creciente evidencia de fraude y mala conducta”.

Esa evidencia, el corazón del Caso Chevron, finalmente está saliendo a la luz. David Russell, un consultor ambiental que proveyó asistencia crucial en el juicio para que Donziger reclamara una indemnización por los cielos, ha reconocido en un testimonio escrito el mes pasado que sus “estimaciones de los costos fueron muy imprecisos y que carecía de datos científicos que los respalden”. ¿Cómo llegó a los 6.11 mil millones de dólares que Donziger pregonó en los tribunales y los medios de comunicación? Basándose en los supuestos que Donziger le dijo que usara, supuestos que ahora Russell dice que considera falsos.

El juez ecuatoriano que presidió el caso durante casi un año, Alberto Guerra, ha testificado que más tarde él sirvió como un importante intermediario entre Donziger y el juez que tomó el caso, Nicolás Zambrano. Según Guerra, él y Zambrano se acercaron tanto a los abogados de Chevron como al equipo de Donziger, ofreciéndoles llevar el caso a su  manera a cambio de dinero en efectivo. Chevron los rechazó, dijo, pero el lado de Donziger aceptó el esquema.

Guerra testificó que se reunió varias veces con Donziger y otros abogados de los demandantes en el Restaurante Honey & Honey en Quito para discutir los detalles. Ellos acordaron que Guerra movería el caso con brío y escribiría secretamente órdenes para Zambrano a cambio del pago de mil dólares mensuales. Guerra tiene las papeletas de los depósitos.

Guerra testificó que cuando el juicio llegaba a sus etapas finales, él y Zambrano pidieron adicionalmente 500 mil dólares para terminar el caso. Donziger se opuso inicialmente al precio, dijo Guerra, pero ellos pronto llegaron a un acuerdo: el equipo de Donziger redactaría la sentencia, Guerra limpiaría los razonamientos jurídicos. Zambrano negó los cargos, pero Zambrano no ayudó mucho cuando, en el estrado de los testigos, fue incapaz de recordar los hechos más básicos de su decisión.

Y así fue, dice Guerra, cómo Donziger ganó una sentencia de 19 mil millones de dólares, que el abogado está tratando de ejecutar en países donde Chevron tiene activos.

En la mayoría de los casos aquí debería terminar la historia. El acusado debería buscar un trato para pagar o los demandantes intentaría cobrar, por lo menos  una parte.

Pero Chevron regresó a las cortes estadounidenses para revisar lo que creyó que era un aborto de la justicia. Basándose en los procedimientos de las cortes federales (destinados a asegurar que todas las partes tengan acceso a evidencia relevante), la compoañía descubrió un tesoro de materiales que confirmaban sus sospechas.

Las tomas no usadas de una película producida para apoyar la cruzada de Donziger contra Chevron, que la compañía presentó ante la corte, mostró al equipo de Donziger reunido con un perito supuestamente imparcial y nombrado por la corte, y entrenándolo en su testimonio, semanas antes que él se presente a la corte. En otras tomas no usadas del filme, asociados de Donziger discuten la falta de evidencias que soporten sus reclamos legales y su estrategia de ganar a través de, en palabras de Donziger, “la presión, la intimidación y la humillación”.

En un corre electrónico leído en el testimonio, Donziger describe a su consejero en Ecuador: “si repites una mentira miles de veces, se convierte en verdad”.

Bueno, no en una corte de Estados Unidos, donde los jueces se rigen por un código de ética que requiere imparcialidad y evitando incluso la apariencia de conflictos de intereses.

En cuanto a Donziger, el New York Times reportó que, en un testimonio preparado para ser entregados la próxima semana, él acepta que “cometió errores en el camino”, entre ellos ocultar la relación con los pagos a los peritos designados por la corte. El mantiene que el caso contra él es legalmente infundado.

Si el juicio ecuatoriano es un excelente ejemplo de cuando la justicia funciona mal, este juicio es un más poderoso ejemplo de cuando la justicia funciona bien. La imparcialidad y neutralidad del sistema de justicia estadounidense no deben darse por sentadas, especialmente cuando esas características están ausentes en muchos otros lugares. Este caso es una ocasión para que los Americanos se sientan orgullosos de sus cortes, sus jueces y su devoción por el estado de derecho.

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David B. Rivkin Jr. y Andrew M. Grossman practican la abogacía en la oficina de Washington de BakerHostetker. Rivkin sirvió en el Departamento de Justicia y la oficina del abogado de la Casa Blanca durante las administraciones de Reagan y George H. W. Bush. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario The Washington Post el 15 de noviembre. La traducción es responsabilidad de LaRepública.