Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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La “ofensiva estremecedora” del dictador Maduro

Carlos Sánchez Berzaín
Miami, Estados Unidos

Luego de que la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó otorgar los más amplios poderes a Nicolás Maduro para gobernar por decreto y ejecutar lo que él mismo denomina su “guerra económica”, para “asegurar el orden económico de transición al socialismo”, el dictador venezolano ha declarado que lanzará “una ofensiva estremecedora contra la corrupción”.

Carlos Sánchez Berzaín
Miami, Estados Unidos


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Luego de que la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó otorgar los más amplios poderes a Nicolás Maduro para gobernar por decreto y ejecutar lo que él mismo denomina su “guerra económica”, para “asegurar el orden económico de transición al socialismo”, el dictador venezolano ha declarado que lanzará “una ofensiva estremecedora contra la corrupción”. Esto representa que intensificará el uso del mecanismo institucionalizado por los Gobiernos del socialismo del siglo XXI: la criminalización de la política y la judicialización de la persecución, al amparo del control de medios de comunicación.

Ya es tiempo de aceptar, y denunciar sin cansancio, que no hay democracia en Venezuela, que lo que llaman Constitución política es sólo el reglamento de la dictadura que ha suplantado el texto y el orden constitucional de ese país. En Venezuela han liquidado la “República” y en su lugar han instituido un estado totalitario, destinado a la perpetuación de un poder absoluto e indefinido.

Una Constitución es “la norma suprema de un Estado de derecho” y Venezuela no es un “Estado de derecho”, que es el que se rige por un sistema de leyes, en el que todos los ciudadanos están subordinados y garantizados por la ley, donde nadie puede ponerse por encima de la ley. Cuando el gobernante acomoda a su conveniencia las leyes y dicta normas para someter a los ciudadanos y abusar de ellos, estamos frente al ejercicio pleno de una dictadura con poderes totalitarios. La dictadura no puede alegar cumplimiento de la Constitución.

Durante las últimas semanas la opinión pública mundial ha seguido con curiosidad y espanto el “iter criminis” del otorgamiento de poderes plenos al dictador venezolano. Pero antes de esa formalidad que resulta un mero acto de aplicación del reglamento dictatorial, Maduro había hecho desaparecer cualquier vestigio de democracia prorrogándose en el poder, haciendo fraude electoral, autoproclamándose como presidente electo, haciendo desaparecer las pruebas del fraude electoral, amenazando y persiguiendo a los opositores, violando los derechos humanos, ordenando el asalto de empresas y comercios, disponiendo encarcelamientos, demostrando que el Poder Judicial es sólo una dependencia de su poder, violentando la libertad de prensa, permitiendo y alentando la intervención externa a su país cometiendo delito de traición a la Patria, sometiendo a Venezuela a poder extranjero, otorgando beneficios extraordinarios a miembros de las fuerzas armadas para controlarlas políticamente, y más. En suma alentando, cometiendo y encubriendo actos de corrupción.

Corrupción en las entidades públicas es “la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho económico o de otra índole, de sus gestores”. Esto es exactamente lo que cometen cada día Maduro y su régimen ejerciendo la dictadura en Venezuela.

La corrupción es causa y efecto de la dictadura. Causa porque para concentrar el poder total han utilizado en provecho propio la cosa pública acabando con el Estado de Derecho y la democracia. Efecto porque en dictadura no existe ningún mecanismo de control ni de rendición de cuentas, y para mantenerse indefinidamente en el poder usan las funciones y medios violando los derechos fundamentales del pueblo, que de ser el soberano queda convertido en el sometido. Dictadura y corrupción son inseparables y sus consecuencias son la crisis económica y social, el empobrecimiento del pueblo y el enriquecimiento ilícito de los gobernantes, las violaciones a los derechos humanos, la ausencia de garantías, la desigualdad, la inflación, el desabastecimiento, el incremento del crimen, el desgobierno, el aumento del narcotráfico, el camino hacia el Estado fallido….

La ofensiva anunciada en Venezuela, consiste en las acciones de una dictadura ejerciendo más represión, más abusos y más corrupción, bajo el disfraz de democracia y con el discurso de lucha contra la corrupción. El dictador Maduro tiene razón: ¡es estremecedora!

* Carlos Sánchez, abogado y politólogo boliviano, es director del Interamerican Institute for Democracy. Su texto ha sido publicado originalmente en el Diario de las Américas.