Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Mañana ha de ser otro día

Fernando Balseca
Quito, Ecuador

Es fascinante sentir que las obras artísticas de la tradición no nos remiten obligatoriamente a épocas consumadas, sino al hoy. Este es un valor principal de cualquier arte: que no agota sus sentidos con el paso del tiempo; todo lo contrario, estos se renuevan con la escucha del momento presente. Escrita y cantada en la década de 1970, cuando Brasil padecía una dictadura militar, la canción A pesar de usted, de Chico Buarque, describe un sentimiento que nos facilita atisbar las torceduras de los que creen que el aplastante poder político lo es todo: “Hoy es usted el que manda, lo dijo, está dicho, es sin discusión, ¿no?”.

Fernando Balseca
Quito, Ecuador


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Es fascinante sentir que las obras artísticas de la tradición no nos remiten obligatoriamente a épocas consumadas, sino al hoy. Este es un valor principal de cualquier arte: que no agota sus sentidos con el paso del tiempo; todo lo contrario, estos se renuevan con la escucha del momento presente. Escrita y cantada en la década de 1970, cuando Brasil padecía una dictadura militar, la canción A pesar de usted, de Chico Buarque, describe un sentimiento que nos facilita atisbar las torceduras de los que creen que el aplastante poder político lo es todo: “Hoy es usted el que manda, lo dijo, está dicho, es sin discusión, ¿no?”.

El artista interpela a una presencia –acaso omnipresencia– que se ha instalado en la vida nacional y que quiere convencer a la población de que ella es lo más importante. Para eso ha necesitado producir mucho miedo: “Toda mi gente hoy anda hablando bajito, mirando el rincón, ¿vio?”. Pero las personas insisten en hablar porque el pensamiento es difícil de acallar. El cantor poeta acusa a esa entelequia poderosa de haber creado un orden poco claro: “Usted, que inventó ese estado e inventó el inventar toda la oscuridad”. Y lo señala como una figura despiadada: “Usted, que inventó el pecado, olvidóse de inventar el perdón”.

El coro esperanzador nos propone un ánimo de alegría que ha rebasado los sentidos siniestros denunciados: “A pesar de usted, mañana ha de ser otro día”. Cuán errónea es la arrogante creencia de que algo durará por cientos de años, pues no hay imperio en la historia humana que se haya quedado para la eternidad. “Ya quisiera saber dónde se va a esconder de esa enorme alegría”. Ni siquiera las leyes espurias silenciarán: “Cómo le va a prohibir a ese gallo insistir en cantar”. Más bien, surgirá un tiempo de recambio: “Agua nueva brotando y la gente amándose sin parar”.

Cualquier modelo político y social impuesto por la fuerza –de las armas, de los votos o de la intolerancia– se desarmará, sin remedio; por eso es conveniente corregir ya: “Cuando llegue ese momento todo el sufrimiento cobraré seguro, juro. Todo ese amor reprimido, ese grito mordido, esta samba en lo oscuro. Usted, que inventó la tristeza, tenga hoy la fineza de desinventar”. Lo que hacemos tiene consecuencias y la impunidad no siempre estará garantizada: “Usted va a pagar, y bien pagada, cada lágrima brotada desde mi penar”. El poeta sabe del dolor humano causado por el abuso de poder.

El arte es subversivo porque propone la inminencia de otra realidad posible: “Daría tanto por ver el jardín florecer como usted no quería. Cuánto se va a amargar viendo el día asomar sin pedirle licencia. Cómo voy a reír que el día ha de venir antes de lo que usted piensa. Tendrá entonces que ver al día renacer derramando poesía. Cómo se va a explicar viendo el cielo clarear de repente, impunemente. Cómo va a silenciar nuestro coro al cantarle bien de frente”. Chico Buarque entonó este canto hace décadas y en otro contexto, pero el arte actualiza una promesa que se cumplirá: a pesar de usted, mañana ha de ser otro día.

* El artículo de Fernando Balseca ha sido publicado originalmente en el diario El Universo.