Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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Un aporte más de la dolarización

Nicholas Gachet
Quito, Ecuador

Desde que el país se dolarizó, hemos tenido un continuo debate en torno a sus beneficios y desventajas. En resumen, por el lado positivo encontramos: bajas tasas inflacionarias, estabilidad productiva, facilidad de transacciones con el exterior y, la más importante a mi parecer, quitar a los políticos esa bonita “maquinita” de hacer dinero. En este espacio quisiera compartir un aporte más de la dolarización desde la óptica de las “ilusiones fiscales”

Nicholas Gachet
Quito, Ecuador


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Desde que el país se dolarizó, hemos tenido un continuo debate en torno a sus beneficios y desventajas. En resumen, por el lado positivo encontramos: bajas tasas inflacionarias, estabilidad productiva, facilidad de transacciones con el exterior y, la más importante a mi parecer, quitar a los políticos esa bonita “maquinita” de hacer dinero. En este espacio quisiera compartir un aporte más de la dolarización desde la óptica de las “ilusiones fiscales”

Una ilusión fiscal es, básicamente, el efecto gratificante que se causa sobre los “gobernados” en una sociedad en cuanto a las obras que el gobierno realiza con, supuestamente, menos recursos. Ilustremos esto con un ejemplo: Supongamos una sociedad democrática que elige a su gobernante por medio de votación popular.

El gobernante electo decide realizar obra pública en gran magnitud pero dejando la tasa impositiva (impuestos) estable. En resumidas cuentas, se obtiene más del sector público por un igual pago de impuestos, no obstante el financiamiento (porque nada es gratis) proviene de deuda adquirida a pagarse en el futuro.

¿Qué efecto causa esto?

A manera de análisis temporal, tenemos que los “gobernados” actuales disfrutan de los privilegios de la obra pública. Sin embargo los “gobernados” futuros son los que pagarán todos estos privilegios debido a la deuda adquirida.

¿Qué logra el político?

Primero, mayor aceptación de la gente. Segundo, generar una percepción falsa de las personas hacia su gestión gubernamental.

El rol de la dolarización, en este caso, viene por el lado inflacionario. Supongamos que en lugar de haber utilizado deuda, el gobernante decidía imprimir dinero para financiar sus obras y no topar al sector tributario de la economía.

¿Consecuencias?

Un efecto parecido al caso de deuda. Gente engañada temporalmente y pagos futuros ineludibles a causa de una subida de precios  que se generó al imprimir dinero.

Por ende, al tener al dólar como moneda, se impide la creación de dinero a voluntad del gobernante de turno, o de funcionarios técnicos (¡Cuánta pretensión de conocimiento!) y limita a esta otra fuente de ilusiones fiscales (inflación).

Simple conclusión:

La dolarización también ayuda a prevenir estas ilusiones, espejismos o engaños fiscales.

La dolarización le da menos margen de engaño a los políticos o a sus sabios funcionarios.