Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Antisemitismo y alcoba

Por Joaquín Hernández
Guayaquil, Ecuador

Dos acontecimientos han ocupado la atención de los franceses en los últimos 15 días. El primero, la decisión del Consejo de Estado de prohibir la actuación que debía realizar en la ciudad de Nantes, el cómico franco-africano Dieudonné Mbala, por razones de orden público. El asunto no es simple: por una parte la crítica de antisemitismo contra el cómico. Por otra, el apoyo que recibe de las comunidades de origen árabe y africano, sectores de izquierda y de jóvenes que, como señala Miguel Mora en un artículo aparecido en el diario El País, sostienen que hay derecho a “desacralizarlo todo y reírse de todo”. ¿Incluso de las cámaras de gas?

Por Joaquín Hernández
Guayaquil, Ecuador


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Dos acontecimientos han ocupado la atención de los franceses en los últimos 15 días. El primero, la decisión del Consejo de Estado de prohibir la actuación que debía realizar en la ciudad de Nantes, el cómico franco-africano Dieudonné Mbala, por razones de orden público. El asunto no es simple: por una parte la crítica de antisemitismo contra el cómico. Por otra, el apoyo que recibe de las comunidades de origen árabe y africano, sectores de izquierda y de jóvenes que, como señala Miguel Mora en un artículo aparecido en el diario El País, sostienen que hay derecho a “desacralizarlo todo y reírse de todo”. ¿Incluso de las cámaras de gas?

Para complicar más aún el cuadro, Dieudonné es compadre nada menos que de Jean-Marie Le Pen, el líder del derechista Frente Nacional y defensor de la posición radical de los Gobiernos iraníes anteriores. Pero también ha ironizado y burlado sobre las élites políticas y económicas francesas, lo que le ha otorgado una enorme simpatía por quienes se sienten relegados o excluidos.

Hay quienes se preguntan si esta prohibición a Dieudonné no constituye un verdadero ataque a la democracia y a la libertad de expresión y sobre todo un deplorable ejercicio de culpabilidad preventiva. Fue, lo que esgrimió el dibujante Plantu la semana anterior frente al “nuevo” filósofo Alain Finkielkraut en la televisión francesa: “la libertad de expresión no se puede censurar de forma preventiva, y deben ser los jueces quienes decidan a posteriori si hay o no un delito de opinión”.

Al límite, Dieudonne, sospechoso de antisemitismo, defendido por una tesis de la Liga por los Derechos Humanos, creada en 1898, a raíz del caso Dreyfus, condenado entre otras cosas por el antisemitismo reinante en la Francia anterior a la I Guerra, como recuerda Mora.

Pero el caso Dieudonné no es el único en un país que divide y pone en cuestión el problema de la libertad de expresión en la débil frontera entre vida pública y vida privada. El seminario sensacionalista francés Closer reveló la aparente relación íntima entre el actual presidente francés Francois Hollande con la actriz Julie Gayet a raíz de citas que ambos tendrían en un apartamento en la Rue de Cirque a escasas cuadras del Palacio del Eliseo.

Pasó el tiempo en que un importante editorialista internacional comentaba, a raíz del escándalo de las revelaciones sobre las aventuras sexuales del presidente Clinton en la Casa Blanca, que los franceses eran diferentes y que por su sentido de la vida –¿esprit de la finesse cartesianamente?, — no caían en las preocupaciones moralistas de los estadounidenses, menos sutiles en las complejidades de la vida o quizá, por el contrario, más hipócritas.

Las revelaciones del affaire pueden tener costos políticos para el presidente francés, no tanto al parecer por las relaciones en sí, sino por la imprudencia y los riesgos en que habría incurrido en sus visitas privadas. Pero también un golpe contra los medios de comunicación que hacen escándalo de la vida privada y van en contra de los códigos éticos.

* El texto de Joaquín Hernández ha sido publicado originalmente en el diario HOY.