Ecuador. domingo 10 de diciembre de 2017
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Get lucky

Juan Jacobo Velasco
Manchester, Reino Unido

“Get lucky”, o “tener suerte” en su traducción castiza, se convirtió en el fenómeno musical de 2013 y fue la punta de ese iceberg genial que es el “Random Access Memories” del grupo francés Daft Punk, el gran triunfador de la entrega de los Grammys de este fin de semana pasado. Muchos podrían pensar que la del exótico dúo galo –siempre vestidos de humanoides para realzar la esencia de un sonido marcado por los sintetizadores- es una estrategia comercial que encontró un nicho en la resurrección de la estética y música del periodo en que “lo disco” era amo y señor de las fiestas, la ropa y la cultura.

Juan Jacobo Velasco
Manchester, Reino Unido


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“Get lucky”, o “tener suerte” en su traducción castiza, se convirtió en el fenómeno musical de 2013 y fue la punta de ese iceberg genial que es el “Random Access Memories” del grupo francés Daft Punk, el gran triunfador de la entrega de los Grammys de este fin de semana pasado. Muchos podrían pensar que la del exótico dúo galo –siempre vestidos de humanoides para realzar la esencia de un sonido marcado por los sintetizadores- es una estrategia comercial que encontró un nicho en la resurrección de la estética y música del periodo en que “lo disco” era amo y señor de las fiestas, la ropa y la cultura.

Pero cuando se escarba en la historia y el trabajo que estos músicos han generado, ayudados por contribuciones brillantes como la del guitarrista Nile Rodgers y cantantes como Pharrel Williams, uno se encuentra con curiosas mezclas entre legados musicales con las tendencias actuales. Como bien explica la BBC, lo “disco”  como fenómeno cultural fue intenso pero acotado a los setentas. Su Big Bang tuvo la forma de la película Fiebre del sábado por la noche, donde las canciones de los Bee Gees y los pasos de baile de John Travolta, literalmente se tomaron los gustos y gestos de la juventud.

Aún recuerdo, en los archivos de mi memoria de niño, los zapatos altos, los pantalones anchos y las patillas largas, a las que cada fin de semana rendían pleitesía mis tíos en casa, y el programa Soul Train del entonces canal 10. Siempre me llamó la atención el que esa intensidad y aparente omnipresencia desapareciera de súbito.

Pero varios estudios explican que la del disco era mirada como una moda de permisividad absoluta, signada por el consumo de droga, el sexo promiscuo y  el emerger de las primeras manifestaciones públicamente gays, retratada por los Village People. Como cualquier movimiento contracultural, lo disco fue castigado y arrasado por la impronta conservadora, sobre todo cuando el Sida se convirtió en la gran amenaza que estigmatizó a esa expresión musical.

Pero no hubo un solo tipo de música disco. Giorgio Moroder, múltiple ganador de Oscars y creador de estrellas como Donna Summers, a mediados de los setentas generó una matriz tecno-disco de la que Daft Punk es tributario. Es a partir de ahí que los franceses reconstruyen sonidos y estéticas, conectándolas con una juventud que desconocía de esa subcultura de hace tres décadas.

Lo que me sorprendió es que en plena premiación de los Grammys, se haya oficiado la boda de 33 parejas gays, al ritmo de la canción El mismo amor, del dúo rap Macklemore y Ryan Winehouse, la otra nota genial junto con la presentación en vivo de Daft Punk en compañía de Stevie Wonder. Mientras escucho “Fragmentos del Tiempo”,  mi canción favorita del dúo galo, siento que la sociedad que desapareció al disco es mucho más madura y tolerante hoy. Y que los estigmas dejan de serlo cuando las generaciones pueden conectarse desde lo esencial y lo bello. Eso es tener suerte.

*El texto de Juan Jacobo Velasco ha sido publicado originalmente en HOY.