Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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Canallas

Diario ABC Color
Asunción, Paraguay

El escándalo mayúsculo que acaba de producirse en Brasil a raíz de la solicitud de asilo presentada por la médica cubana Ramona Matos Rodríguez radica en el hecho de que la desesperada medida asumida por esta profesional destapó ante el mundo uno de los inmundos trueques que perpetran los hermanos Castro a costa de la pobreza y desesperación de sus oprimidos conciudadanos.

Diario ABC Color
Asunción, Paraguay


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El escándalo mayúsculo que acaba de producirse en Brasil a raíz de la solicitud de asilo presentada por la médica cubana Ramona Matos Rodríguez radica en el hecho de que la desesperada medida asumida por esta profesional destapó ante el mundo uno de los inmundos trueques que perpetran los hermanos Castro a costa de la pobreza y desesperación de sus oprimidos conciudadanos.

Es difícil ponerle un nombre adecuado a este negociado, pero se aproxima tanto al tráfico de esclavos que esta tipificación lo describiría bastante bien. La misma médica Matos Rodríguez explica el procedimiento: un gobierno afín a la dictadura castrista “compra” a los hermanos Castro los servicios de médicos y odontólogos, matemáticos, maestros u otros profesionales cubanos, y paga por ellos una alta suma de dinero. Por ejemplo, Angola abona a la dictadura de la isla hasta 60.000 dólares libres por cada médico que presta servicios en aquel país africano.

Según una columnista del diario The Miami Herald, María Werlau, los hermanos Castro perciben anualmente una suma aproximada a los siete mil quinientos millones de dólares por este tipo de tráfico humano, en el que participan dos gobiernos, el del vendedor, Cuba, cuyo régimen se apropia del 95% del valor estipulado como honorarios de cada profesional, y los compradores (Brasil, Venezuela, Paraguay, etc.), que se surten de la oferta para suplir sus carencias en materia de médicos, paramédicos, docentes, etc.

El tráfico de profesionales cubanos viene a funcionar, desde el punto de vista económico, igual a los cien mil barriles diarios de petróleo que el régimen de Hugo Chávez, hace ya más de una década, comenzó a obsequiar graciosamente a los Castro, de los cuales estos colocan el 80% a precios convenientes en España y en algunos países vecinos de Centroamérica y el Caribe, operación que les rinde unos 13.000 millones de dólares al año, según datos aparecidos en la prensa internacional.

Pero no todo eso se hace por cordialidad y afinidad ideológica solamente. En el caso de la simpatía de los gobiernos de “Lula” y Dilma Rousseff por la tiranía cubana, por ejemplo –a despecho de todos los compromisos democráticos suscritos por ambos en cuanto organismo regional impulsaron–, está claro el inhumano beneficio que obtiene Brasil de la mendicidad castrista –el “proxenetismo”, como lo denomina el periodista cubano crítico Alberto Montaner, residente en el exilio– al hacerse con la mano de obra profesional barata que les sirve doblemente, uno, como negocio, y dos, como gesto político que amplía su influencia en la región.

Está bien claro que, entre viajar a Cuba para beneficiarse de sus necesidades extremas disfrutando de turismo barato, o de productos casi regalados, o de las jóvenes que se ven apremiadas por las necesidades a prostituirse por unos pocos dólares, y aprovecharse de profesionales cubanos a los que se les paga honorarios “a precio de banana”, no hay ninguna diferencia.

Los informes indican que un médico en Cuba, en el mejor de los casos, gana aproximadamente 30 dólares mensuales, soportando el país un gran excedente de esta clase de facultativos universitarios, tanto como de maestros. Así como hacía Hugo Chávez (y lo sigue haciendo Maduro), se compra la mano de obra calificada de estos profesionales esclavizados por la dictadura castrista y se los lleva a prestar servicios a Venezuela, y ahora a Brasil, a cambio de lo cual los hermanos Castro perciben unos 4.000 dólares por cada profesional cedido, de los cuales –se declara públicamente y se promete a los mismos– la mitad sería para cada uno de ellos.

La doctora Matos Rodríguez cuenta la verdad, ahora que está en posición de hacerlo: en realidad, cada médico ejerciendo fuera de Cuba percibe solamente 400 dólares mensuales, y 600 se le depositan en una cuenta oficial en Cuba, dinero del que solo podrán disponer si regresan. Obviamente, esta es la “cadena” con la que antes se sujetaba a los esclavos y que ahora adopta esta sutil apariencia de “condición contractual”. ¿Y los otros tres mil dólares restantes? “Averígüelo, Vargas”, dirán los Castro.

El país pordiosero en que los hermanos Castro convirtieron a la rica isla de Cuba se va tornando también un objetivo económico muy atractivo para los explotadores bolivarianos que ven la oportunidad. Al mismo tiempo que estos gobernantes bolivarianos se estrechan en cordiales abrazos de supuesta amistad y formulan ampulosas declaraciones de compromiso en la lucha contra la pobreza (como recientemente en la reunión de la Celac), se sacan ventajas recíprocas y explotan miserablemente a sus conciudadanos ahogados por la opresión de conciencia y la escasez material.

Se ha de ver y escuchar en estos días qué se atreve a decir y hacer el gobierno de Dilma Rousseff respecto a la develación de este vergonzoso verdadero tráfico de esclavos que se descubre en su país, vil comercio patrocinado por ellos mismos. Y será interesante también ver qué declaraciones formulan los izquierdistas que simpatizan con estos regímenes, de esos que chillan agitando la bandera de los derechos humanos y la desigualdad cuando en un país no bolivariano suceden hechos mucho menos ofensivos a la dignidad humana que estos.

¿Veremos y escucharemos a los hipócritas voceros del Mercosur, de la Unasur, de la Celac, de Aladi y cuanto organismo se inventó en esta región, condenando esta barbaridad y pidiendo una sanción para los responsables?

En esta intolerable agresión a los derechos humanos de los cubanos, no sabemos quién es más canalla, si los hermanos Castro que la cometen o sus compinches bolivarianos que, sabiéndolo muy bien, se aprovechan de la situación.

* Editorial del diario ABC Color, de Paraguay, publicado el 7 de febrero de 2014.