Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Guernica: las heridas abiertas de España

Miguel Molina Díaz
Barcelona, España

Caminar por Madrid en los primeros días del invierno es el descubrimiento de una ciudad de colores sublimes. Contrastan, sin embargo, con los frondosos follajes del Parque de El Retiro y los acogedores cafés del Barrio de Las Letras, los fantasmas que habitan en el Museo Centro de Arte Reina Sofía. Es un contraste enriquecedor y de una catarsis que hace de la visita a la capital española una experiencia que despierta pasiones.

Miguel Molina Díaz
Barcelona, España


Publicidad

Caminar por Madrid en los primeros días del invierno es el descubrimiento de una ciudad de colores sublimes. Contrastan, sin embargo, con los frondosos follajes del Parque de El Retiro y los acogedores cafés del Barrio de Las Letras, los fantasmas que habitan en el Museo Centro de Arte Reina Sofía. Es un contraste enriquecedor y de una catarsis que hace de la visita a la capital española una experiencia que despierta pasiones.

España no ha curado sus más dolorosas heridas. Percibo la división de la sociedad y el desencanto por doquier. Los bandos antagónicos siguen vigentes casi treinta años después de la muerte de Franco. Es un país fragmentado, agobiado por su pasado, mutilado por los odios y el ocultamiento de sus atrocidades. Y un momento que ejemplifica esas heridas fue lo acontecido la tarde del 26 de abril de 1937, cuando la aviación de la Alemania nazi bombardeó a la población civil de Guernica. El fascismo europeo se había confabulado para derrotar los anhelos republicanos.

Pablo Picasso respondió pintando su obra mayor y exhibiéndola en la Exposición Internacional de París, para que el mundo conozca los horrores que se cometían en la península ibérica. Ese cuadro fenomenal se encuentra en la exposición permanente del Museo Reina Sofía. Las salas de la colección ‘La irrupción del siglo XX: utopías y conflictos’, esbozan dos viajes de gran valor: el de las vanguardias que abrían el panorama de la estética hasta fronteras nunca antes imaginadas y el del sueño de la República española que ilusionaba a los intelectuales del mundo. Dos momentos históricos que encuentran un caudaloso y desolador punto en común en el ‘Guernica’.

Desde la sala dedicada a la obra de Miró, a lo lejos, se puede apreciar a decenas de personas aglomeradas frente a la pared. Personas con pupilas dilatadas y una expresión de conmoción en el rostro. Un presentimiento monstruoso despierta mi terror. Decido retroceder. Recuerdo a Vallejo y me digo: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!”. Viro al pabellón dedicado a la república para respirar un par de minutos. Me armo de valor y entro a la sala 206.

España no se puede entender sin el ‘Guernica’ de Picasso. Así de simple. El esplendor de las grandes y modernas ciudades es un
disfraz que esconde un país que se retuerce y que no ha encontrado la paz. Las aspiraciones independentistas, por ejemplo de Cataluña, se deben entender como la negación de una ciudadanía española con la que muchos de sus miembros no se identifican. La monarquía constitucional echó tierra y cemento sobre los cadáveres de los desaparecidos. La democracia ha sido incapaz de saldar la deuda con la memoria de las víctimas.

Una memoria que en el ‘Guernica’ es un corazón que late. No caeré en el error de intentar describir o interpretar la obra. Hay instantes que no se pueden decir con palabras. Pero en esa sala del Reina Sofía una de las batallas más valientes de la humanidad ha tenido lugar. Una batalla que ganaron las vanguardias. Ganó el cubismo, el surrealismo y el expresionismo. Si bien los republicanos perdieron la Guerra Civil, el ‘Guernica’ los ha reinvindicado. El triunfo de la creación sobre el fascismo es el legado de Picasso. El horror transformado en oleo sobre lienzo por las manos de un genio es una poderosa demostración de los alcances del arte: la transfiguración del dolor en conmemoración, el pánico en espacio sublime, la maldad y destrucción en conciencia.

El cuadro de Picasso consagra al arte como memoria y es la metáfora de un país que viaja hacia el futuro con sus heridas abiertas. Es, de alguna manera, el mapa simbólico de España y su dolor no sanado. El del ‘Guernica’ fue un recorrido melancólico por los predios iracundos del exilio: en 1937 constituyó en París un documento de denuncia. Los años siguientes viajó por Europa hasta que en la década de los cuarenta llegó al MoMA de Nueva York, que lo acogió hasta 1981. Hoy está en el Reina Sofía de Madrid y es parte de la conciencia de todos los humanos.

guernica