Ecuador. Jueves 2 de abril de 2015
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El Estado mágico

Joaquín Hernández
Guayaquil, Ecuador

En estos días de profunda crisis en Venezuela es importante volver a los libros clásicos para tratar de entender lo que está sucediendo en ese país pero que afecta sobre todo a seres humanos concretos, singulares y sin más pertenencia que su propia vida, la histórica, que discurre entre su nacimiento y muerte.

Joaquín Hernández
Guayaquil, Ecuador

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En estos días de profunda crisis en Venezuela es importante volver a los libros clásicos para tratar de entender lo que está sucediendo en ese país pero que afecta sobre todo a seres humanos concretos, singulares y sin más pertenencia que su propia vida, la histórica, que discurre entre su nacimiento y muerte. Ya Borges, en los años cincuenta del siglo pasado, en su célebre disputa con Martínez Estrada a propósito del significado del peronismo se querellaba contra los “manipuladores de abstracciones”, es decir de los que en nombre de grandes conceptos, por lo demás volátiles y acaparadores, esconden las malicias y las astucias de los intereses siempre definidos, siempre concretos de quienes los esgrimen. El problema es la naturaleza precisamente de la crisis de Venezuela y sus implicaciones.

En su conocido libro “El estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela”, Fernando Coronill establecía como una de las constantes de la vida contemporánea venezolana, “la deificación del Estado”.

Esta deificación ha adoptado la forma concreta de lo que Ángel García Banchs llama “estado petropopulista”. ¿Ese estado es el que habría entrado en crisis, más allá de las explicaciones basadas en conspiraciones internacionales que no resultan convincentes, -excepto a sus militantes por supuesto, – ante los graves problemas económicos y financieros del estado venezolano?

Resulta difícil entender por qué o cómo un país de ingresos tan millonarios como fue y sigue siendo Venezuela en las últimas décadas se encuentre hoy en una situación de desabastecimiento y de inflación.

Si es que existiese un gigantesco acaparamiento provocado para producir la desestabilización del régimen, el Estado y el Gobierno venezolano tienen ciertamente la fortaleza y la información para dar con los autores del mismo y suministrar a la opinión pública nacional e internacional, nombres, montos, guaridas, conexiones, flujos y lavado de dinero. No harían falta epítetos ni amenazas.

La verdad pura y simple es más impactante que todos los recursos retóricos que por su uso reiterado producen más desconfianza y falta de credibilidad así sean verdaderos. ¿Hay errores en las políticas del Gobierno?

García Banchs piensa que lo que hoy se está viviendo en Venezuela es el fin del modelo petropopulista. Éste es “una forma de hacer política caracterizada por fomentar, mantener y exacerbar la dependencia del ciudadano de la renta externa petrolera en substitución de su esfuerzo productivo”. En su columna de análisis del día de ayer en “La República” de Lima, Mirko Lauer señalaba que la encrucijada venezolana solo tenía dos caminos: o, “un feroz ajuste estructural dentro del molde capitalista clásico (dentro del cual Venezuela sigue, a pesar de todo) o un proceso de estatización lo suficientemente radical como para desmovilizar a toda la población.

En ambos casos las cartas hablan de golpe de estado, con distintos protagonistas”. En los próximos días se conocerá el diagnóstico del gobierno frente a esta crisis.