Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Espejo venezolano

Joaquín Hernández Alvarado
Guayaquil, Ecuador

“No me he sumado, consciente o inconscientemente, a ningún tipo de complot orquestado por la C.I.A., ni formo parte de ningún ‘Lobby Internacional’ con el propósito de crear mala publicidad para gobierno alguno. Me sorprende escuchar una vez más este tipo de acusaciones, en pleno siglo XXI, cuando deberíamos haber superado ese asunto de las etiquetas. Si critico a alguien que se considera de izquierda, soy de la C.I.A.; si critico a quien se considera de derecha, entonces soy comunista; cuando critico al militarismo, soy ´subversivo´”. Quien así responde al presidente de Venezuela Nicolás Maduro, es Rubén Blades.

Joaquín Hernández Alvarado
Guayaquil, Ecuador


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“No me he sumado, consciente o inconscientemente, a ningún tipo de complot orquestado por la C.I.A., ni formo parte de ningún ‘Lobby Internacional’ con el propósito de crear mala publicidad para gobierno alguno. Me sorprende escuchar una vez más este tipo de acusaciones, en pleno siglo XXI, cuando deberíamos haber superado ese asunto de las etiquetas. Si critico a alguien que se considera de izquierda, soy de la C.I.A.; si critico a quien se considera de derecha, entonces soy comunista; cuando critico al militarismo, soy ´subversivo´”. Quien así responde al presidente de Venezuela Nicolás Maduro, es Rubén Blades.

Este texto, que forma parte de un análisis de la situación actual que vive Venezuela hecho por el famoso cantante panameño, muestra el laberinto a que ha conducido el discurso de la revolución bolivariana, incapaz de autocrítica, maniqueo, generoso en denunciar conspiraciones internacionales y apelar a grandes ideas pero lamentablemente fracasado en su tarea de conducir a Venezuela. “El gobierno ha fallado monumentalmente en la tarea de la administración pública y ha despilfarrado de manera insólita e irresponsable, un caudal económico único en América Latina”.

Venezuela está viviendo la tragedia de ser un país enfrentado y convulsionado por temas que resultan insoslayables para un importante porcentaje de la ciudadanía: inseguridad, desabastecimiento, corrupción. El problema más grave es que esta situación se está volviendo un espejo de adonde conducen procesos como el de la revolución bolivariana. Esa es seguramente la preocupación de figuras como la del sociólogo Dieterich que ante el fracaso del modelo chavista temen el desprestigio de las alternativas a las democracias liberales.

En  15 años de gobierno los actores han cambiado. Los jóvenes que hoy protestan y mueren en las calles de las principales ciudades venezolanas eran los presuntos herederos de la Revolución. Como  recuerda Moisés Naim, su “pasado”, contra el cual justificó el presidente Chávez su transformación ya no es la famosa partidocracia, los partidos políticos que gobernaron Venezuela después del Pacto de Punto Fijo en 1958, sino el chavismo.

Los jóvenes que están en las calles y algunos de los cuales han resultado heridos e incluso muertos, supuestamente debieran estar por el cambio como símbolo del país por venir.

El número de descontentos va en aumento. Como recuerda Blades, Venezuela no es hoy una nación unida, “una sociedad sumida en contradicciones obvias, con un gobierno electo  por un estrecho margen, 1.49% que no alcanzó el 51% de los votos de alrededor de un 80% de la población votante y con un ausentismo electoral del 20.32%”.

Resulta necesario por parte del gobierno abrir urgente una verdadera Mesa de Negociaciones en Venezuela donde participen todos los sectores empezando por la investigación de los responsables de los muertos y heridos. Ello implica aclarar las denuncias de participación en los hechos sangrientos por paramilitares o de la Guardia Nacional Bolivariana.

* El texto de Joaquín Hernández ha sido publicado originalmente en HOY