Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Patos

Juan Jacobo Velasco
Manchester, Reino Unido

Hace unos días leí un artículo de Gabriel Palma, académico de la escuela de economía de la Universidad de Cambridge, especializado en teoría del desarrollo económico, acerca de las diferencias de los modelos de los países del Este Asiático y América Latina. Palma es un chileno que lleva trabajando cuatro décadas en Cambridge, como consecuencia de una capacidad analítica reconocida por gente de la talla del ganador del Nobel, Joseph Stiglitz, y por el pasaje de ida sin retorno a su país que le dio la dictadura pinochetista.

Juan Jacobo Velasco
Manchester, Reino Unido


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Hace unos días leí un artículo de Gabriel Palma, académico de la escuela de economía de la Universidad de Cambridge, especializado en teoría del desarrollo económico, acerca de las diferencias de los modelos de los países del Este Asiático y América Latina. Palma es un chileno que lleva trabajando cuatro décadas en Cambridge, como consecuencia de una capacidad analítica reconocida por gente de la talla del ganador del Nobel, Joseph Stiglitz, y por el pasaje de ida sin retorno a su país que le dio la dictadura pinochetista.

Una lectura aterrizada sobre los diferentes elementos macro y micro que afectan el crecimiento económico, la distribución del ingreso y las brechas salariales, hacen de Palma un referente importante, separado de la ortodoxia.

En uno de sus trabajos recientes, Palma observa que el Sudeste asiático ha seguido un modelo de “Gansos voladores”, una imagen que recoge la impronta “colaborativa” de esa región, que ha sido guiada por diferentes países-líderes. Primero Japón, luego Corea del Sur, Singapur y China, han reconocido la importancia de fortalecer la inversión y la innovación, buscando mercados y especializándose en productos. La dinámica ha sido colaborativa en la medida en que se han dado trasvases, con inversión de unos países en otros, y complementariedad, cuando un país decide dejar de producir bienes de menor valor agregado, permitiéndole a otro del grupo desarrollar esa producción. La dinámica ha sido exitosa porque “el modelo” de generación de valor ha sido incentivado por el entorno, permitiéndoles dar un salto considerable como economías. Y como sociedades, en tanto la mano de obra es más calificada, lo que se refleja en los resultados en las pruebas internacionales de matemáticas y lectura.

América Latina ha seguido un modelo productor de materias primas, que Palma grafica como “patos en el estanque”. Eso ha generado una alta dependencia regional de los precios de los productos primarios, ciclos que son resultado de la volatilidad de esos precios, y poca capacidad para generar valor agregado, con una mano de obra sin el capital humano acorde. Como  resultado, los países de la región se han rezagado respecto del Sudeste asiático, nuestras economías, en este ciclo de precios altos, se han vuelto aún más primarias, con pocos incentivos estructurales para cambiar esta dinámica. No hay referentes que apuesten fuerte a la generación de valor o al desarrollo de nichos de mercado con relaciones colaborativas. Todos los países, sin distinción política, son esencialmente productores primarios. Y lo seguirán siendo por largo rato.

Salta la pregunta obvia sobre la venta de la imagen de desarrollo de capital humano y la idea de empezar a generar valor agregado nacional y el que, en la práctica, en el Ecuador nos hemos hecho cada vez más dependientes del crudo. Y quizás de los minerales. ¿Qué pasará cuando el ciclo de precios cambie de sentido? O ahora, que el dólar se aprecia, ¿vamos a diversificarnos?

* El artículo de Juan Jacobo Velasco ha sido publicado originalmente en el diario HOY.