Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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El petróleo, ¿bendición o maldición?

Víctor Cabezas
Quito, Ecuador

Cuando en la década de los setenta el Ecuador comienza una sostenida y programada explotación petrolera, habían voces de triunfalismo en el país. Estábamos sentados bajo una mina de oro que nos sacaría de todos los problemas que nos daría la tan añorada estabilidad económica.

Víctor Cabezas

Víctor Cabezas
Quito, Ecuador


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Cuando en la década de los setenta el Ecuador comienza una sostenida y programada explotación petrolera, habían voces de triunfalismo en el país. Estábamos sentados bajo una mina de oro que nos sacaría de todos los problemas que nos daría la tan añorada estabilidad económica.  Es el 2014 y los resultados de años de explotación petrolera aún reflejan haber sido inútiles, según el INEC, la pobreza por ingresos en diciembre del 2013 se ubicó en 25,55% según informa la  CEPAL, órgano adscrito de las Naciones Unidas, el año 2011, 32.4 % de ecuatorianos están en la pobreza y 10.1 % en la indigencia,  es decir 40 años después del augurio de sanación, nuestro país continua con serios problemas de pobreza y desigualdad.

La desigualdad es un problema social que irradia todos los indicadores, el veinte por ciento de la población más rica posee el 54,3 % de la riqueza y el 91 % de las tierras productivas. Por otro lado, el 20 % de la población más pobre apenas tiene acceso al 4,2 % de la riqueza y tiene en propiedad sólo el 0,1 % de la tierra. El petróleo representa, según datos del Banco Central, más del 40% de nuestra economía y el sector de hidrocarburos aporta con el 71% del requerimiento nacional de energía, repartiéndose el porcentaje restante entre fuentes de la biomasa e hidroeléctrica; en términos generales el Ecuador se encuentra en una completa dependencia al petróleo. Esta dependencia nos genera no solo problemas políticos sino también financieros, compromisos contractuales enormes que podrían llegar a comprometer nuestra soberanía y capacidad de autodeterminación, en un futuro.

El petróleo se ha introducido en nuestra manera de ver el mundo, el progreso y la producción; el petróleo se ha introducido en la idiosincrasia de los ecuatorianos, en creer que todo debe salir del suelo, sin ningún esfuerzo intelectual, limitando la producción del país a las dádivas de la naturaleza que, por concepción, son limitadas y poseen un fuerte efecto ambiental negativo . Los países que han optado por desarrollar la denominada “economía del conocimiento” son quienes hoy muestran los mayores índices de desarrollo; Finlandia, un país destrozado luego de la Segunda Guerra Mundial, optó por dejar de lado (en cierta medida) su potencial como país maderero y concentrarse en el desarrollo de tecnologías de la comunicación, es a partir de decisiones políticas y económicas tan drásticas, así como nace la multinacional Nokia.

La escasez de divisas obliga a ser creativos, disciplinados y ordenados. El petróleo nos ha hecho conformistas y rentistas, no importa innovar ni investigar pues igual nos llega el sueldo, el bono del Estado. Se ha demostrado que los países petroleros tienen una fuerte tendencia hacía la consolidación de regímenes políticos autoritarios y dictatoriales, por la propia naturaleza del fundamento de su economía. Ni bendición ni maldición, el petróleo pudo haber sido el motor de arranque de una economía pujante en búsqueda de la producción sostenida y diversificada, pero no lo fue; así como ayer la promeso triunfalista del petróleo copaba el discurso político, hoy también lo hace-con la inminente explotación del Yasuní- las cifras determinarán en los siguientes años que tan bien nos ha ido, que tanto se ha repetido la historia.