Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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El tango del pecado

Mauricio Maldonado Muñoz
Génova, Italia

“Nena yo sé que mi letra es obscena, pero con ella es que pago la quincena. Mujeres feministas vamos a hablar sin tapujo. Tú pones la colcha y yo te destrujo. Mi amor, tú te vas a enamorar de este inmoral”.

Calle 13, Fiesta de Locos

Mauricio Maldonado Muñoz
Génova, Italia


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“Nena yo sé que mi letra es obscena, pero con ella es que pago la quincena. Mujeres feministas vamos a hablar sin tapujo. Tú pones la colcha y yo te destrujo. Mi amor, tú te vas a enamorar de este inmoral”.

Calle 13, Fiesta de Locos

¿Hasta cuándo deberemos soportar tanto tratamiento estereotipado y discriminatorio? Propongo que, ahora que tenemos autoridades patriotas, altivas y soberanas, sigamos sancionando enérgicamente a todos los que muestren lluchas bajo el nombre de “potras”, y lo mismo para cualquier hecho similar. Por ejemplo, habría que empezar prohibiendo el reggaeton (o puerquetón, como yo le he llamado en alguna publicación de la Universidad de Harvard sobre libertad de expresión –freedom of speech, que llaman-).

Cada vez que pase por Ecuador, cuando El Residente cante “esos dos cachetes llenos de musculatura, se están saliendo de la envoltura”, habría que sancionarlo. Y eso es poco, porque según investigaciones realizadas, Ivy Queen habría incluído explícitamente la palabra “potra” en una de sus presentaciones, llamándose además: “la mami que tiene el tumbao”. En todo caso, para dejar claro que no somos un país que censura, sino que simplemente defiende derechos, podríamos empezar a revisar las letras de todo puerquetón.

Exigir a Daddy Yankee que en el mismo espacio que canta “la rompe carros”, cante “la construye patria”. Y así todo al respecto, hasta que cada ciudadano se libre de estos malos prejuicios. Y hasta que cada discoteca pase solamente música protesta, pero no “puerquetón protesta” (como algún colega de la Universidad La Sapienza de Roma, había denominado a ciertas canciones de Calle 13).

Pero claro, quedarnos en la música actual sería un sinsentido. Una política verdaderamente ejemplarizadora debería buscar a El General para exigirle la mitad de lo facturado en Ecuador por su canción “Rica y apretadita”.

Como no podemos sancionar solamente a unos, hay que sancionar a todos los infractores. En ese sentido, también en las escenas más fuertes de “Pasión de Gavilanes” hay que exigir que se incluya un mensaje de cinco minutos titulado, lo sugiero nada más: “Pausa para hablar de tolerancia”. El contenido de este espacio podría ser ampliamente socializado y discutido, eso sí. Asimismo, se me ocurre que se podría analizar la prohibición de “Cine candente” o, al menos, incluir caritas felices en las partes interesadas :). Pero no olviden que el lenguaje allí usado suele ser estereotipado, de manera que el Consejo de regulación del puerquetón, Pasión de Gavilanes y Cine candente (nombre que sugiero para la nueva entidad que podría ser creada a esos efectos), debería controlar el lenguaje usado.

Una política amplia, por supuesto, debe ocuparse de todas las posibles manifestaciones de discriminación y lenguaje estereotipado. En ese sentido, habría que obligar a que los creadores de South Park, Los Simpson y Family Guy, cuiden su lenguaje, para reemplazarlo por uno que pueda considerarse -en nuestros términos- revolucionario. Cada vez que maten a Kenny se deberá oír: “mataron a Kenny, vástagos de la persona de burlesque”. Este lenguaje afelpado nos llevará a conseguir una mejor y mayor tolerancia. Las estadísticas que dicen que los países más tolerantes y menos sexistas suelen ser aquellos donde la circulación de ideas es libre, son nada más -me atrevería a pensarlo- una conspiración de la derecha internacional que siempre anda conspirando, no así la izquierda.

Pero si somos lo suficientemente igualitarios, nos daremos cuenta de que estas manifestaciones estereotípicas nos pueden afectar a todos por igual. En ese sentido, habría que enviar una carta a los comentaristas deportivos del Ecuador para que, en un plazo de 24 horas, dejen de apodar “el potro” a Gustavo Figueroa*. Porque claro, la ley es para todos.

* Durante la redacción de este artículo Gustavo “el potro” Figueroa no ha sido estereotipado o discriminado.