Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Las aguas mansas de la Unasur

María Fernanda Egas
Miami, Estados Unidos

En octubre del 2011 el entonces mandatario venezolano Hugo Chávez exhortó a todas las naciones sudamericanas a consolidar la Unión de Naciones Americanas del Sur, la UNASUR, para proteger a la región de situaciones como la ocurrida en Libia, cuyo gobierno presidido por Muammar Gaddafi había sido recientemente asesinado por la OTAN.

María Fernanda Egas
Miami, Estados Unidos


Publicidad

En octubre del 2011 el entonces mandatario venezolano Hugo Chávez exhortó a todas las naciones sudamericanas a consolidar la Unión de Naciones Americanas del Sur, la UNASUR, para proteger a la región de situaciones como la ocurrida en Libia, cuyo gobierno presidido por Muammar Gaddafi había sido recientemente asesinado por la OTAN.

La UNASUR hoy está presente en su intervención aceptada por el gobierno de Nicolás Maduro, como mediador de los diálogos de paz con la oposición venezolana, que llevan protestando en las calles desde el 12 de febrero. Curiosamente, en ese diálogo no participan los líderes de oposición como Leopoldo López, preso político del régimen madurista, ni la valiente asambleísta cesada en funciones María Corina Machado. Tampoco tienen voz, nuevamente, el movimiento estudiantil que arriesga cada día sus vidas ante la represión armada de la Policía Nacional,  Guardia Nacional Bolivariana y colectivos armados por el régimen “para defender la democracia”.

Me parece necesario considerar el espíritu del idealizador de la UNASUR para poder entender las motivaciones y acciones que emprenden en la región y sus protagonistas, algunos más evidentes que otros.

Su presidencia pro témpore, que debía de ser en orden alfabético por países, ha sido ejercida desde el 2008 por los presidentes  Michele Bachelet, Rafael Correa, Bharrat Jagdeo, Fernando Lugo y Ollanta Humala. Administrativamente, su máximo responsable pasó a ser un ex canciller de Venezuela, Alí  Rodríguez Araque, conocido como “Comandante Fausto” en las guerrillas durante los años 70. Alí Rodríguez estuvo relacionado con el intento de golpe de estado liderado por Chávez contra Andrés Pérez en 1992, y entre sus cargos claves en el chavismo cuentan el Ministerio de Energía, la presidencia de PDVSA y la Embajada en Cuba, en donde también es hospitalizado y recibe servicios médicos cuando requiere.

Sin embargo, quien se ha destacado por realizar la convocatoria de reunir a la UNASUR para emitir un respaldo irrestricto a Nicolás Maduro aprovechando la investidura presidencial de Michelle Bachelet fue el presidente de Ecuador.

Ante la ola de violencia y represión ejercida por el gobierno chavista, anunció que “Conocemos a Nicolás Maduro y sabemos que es incapaz de ser represivo y conocemos a cierta derecha fascista de Venezuela”. A más de reiterar que Venezuela, donde se iza la bandera de Cuba, es un país soberano, adelantó que “Nosotros vamos a tomar partido en base a la verdad, y la verdad es que el acosado es el gobierno legítimo de Venezuela, que Nicolás Maduro es humanista, jamás va a ser capaz de reprimir a su propia gente y que tratan de desestabilizarlo”.

¿Es posible que la decisión de la UNASUR ya fuera tomada por el presidente de Ecuador antes de la primera reunión en Chile y de las visitas de cancilleres de la UNASUR a Venezuela en marzo y abril?

El ex candidato presidencial venezolano por la Mesa de la Unidad Democrática, MUD, Henrique Capriles, afirmó (en respuesta a acusaciones del mandatario ecuatoriano en CNNE de que Capriles es un golpista) que  Venezuela le dio préstamos no reembolsables para un nuevo canal público de televisión en Ecuador, y dinero para el traslado de mil migrantes ecuatorianos.

Si el objetivo de la UNASUR es realizar acciones conjuntas en casos de “amenazas a la ruptura del orden democrático, a la violación al orden constitucional, o cualquier situación que ponga en riesgo el legítimo ejercicio del poder”, ¿por qué no actuó ante la violación del artículo 233 de la Constitución.de Venezuela que impedía a Nicolás Maduro ser candidato presidencial?

Sin embargo, como se conoce, tanto Correa y Chávez invocaron a la Organización de Estados Americanos, OEA, cuando Manuel Zelaya, de Honduras, quiso  eternizarse en el poder, e igual con Fernando Lugo, quien fuera destituido mediante un juicio político del parlamento de Uruguay.  El entonces Canciller Nicolás Maduro tomó acciones de alto vuelo para forzar el retorno al poder de sus amigos.

¿Qué puede esperar el pueblo latinoamericano de la UNASUR? Michelle Bachelet, ya sentada nuevamente en La Moneda, declaró que siempre van a buscar apoyar los derechos humanos pero que “no nos parece adecuado que pueda haber acciones violentas buscando desestabilizar un gobierno democráticamente electo”. Y así, la víctima de la represión de la dictadura de Augusto Pinochet le endosó a la oposición la violencia de las armas, los tanques, las bombas lacrimógenas, los colectivos armados especializados en Cuba en acertar a sus víctimas con tiros mortales a la cabeza. Los muertos, presos, heridos, violados y torturados del régimen, fueron palabras que Bachelet no se atrevió a mencionar.

Venezuela rechazó toda intermediación de la OEA y se mostró solo dispuesta a aceptar la intermediación de la UNASUR. El propio Canciller venezolano Elías Jaua había emprendido una gira en febrero por varios países latinoamericanos para exponer la versión oficial del régimen ante las protestas estudiantiles. Lo mismo hizo en la primera reunión de cancilleres para tratar la crisis de Venezuela, en Santiago, de la cual salió el canciller ecuatoriano a a expresar por twitter que las fotos de las víctimas de la represión son montajes. También en febrero, Patiño apresuró que la “UNASUR ya dispone de instrumento que desaliente intentonas golpistas y puede adoptar decisiones severas en casos de ruptura democrática”.

Así, las acciones de la UNASUR avanzan como el reciente Foro de Mujeres Líderes de la UNASUR y la Liga Arabe en Lima; y la iniciativa ecuatoriana de creación de la Escuela Suramericana de Defensa para la formación y construcción de doctrina. Un gran anhelo de Ecuador es que los países latinoamericanos sigan el ejemplo de Venezuela y den por terminado su sujeción a la CIDH. Maduro acaba de crear su propio consejo de Derechos Humanos para investigar los últimos “sucesos”.

En breve debe de inaugurarse la sede de la UNASUR en San Antonio de Pichincha, Ecuador.  Desde la Mitad del Mundo, será bautizada en honor a “Hugo Chávez”  este organismo que hoy aglutina al ALBA, a la CELAC, Mercosur, Comunidad Andina, Caricom y CEPAL, entre otros. Su poderío es enorme.

Solo queda recordar que el mandatario de Ecuador le propuso en Quito al ex presidente Lula da Silva ser el secretario. Sería maravilloso, dijo. Pero el brasileño no ha dado respuesta.

Mientras, el chavismo en Venezuela ha podido contar con un gran aliado, que en tres reuniones consecutivas ha logrado mantener sin ninguna voluntad política de cambio a los ideólogos de la UNASUR.