Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Muerte y resurrección

Juan Jacobo Velasco
Miami, Estados Unidos

La Pascua de resurrección es un buen momento para recordar la significación más profunda del proceso donde la muerte da paso a la vida. En el caso de los cristianos, a partir de Jesús se inaugura un llamado de esperanza trascendente.

Juan Jacobo Velasco
Miami, Estados Unidos


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La Pascua de resurrección es un buen momento para recordar la significación más profunda del proceso donde la muerte da paso a la vida. En el caso de los cristianos, a partir de Jesús se inaugura un llamado de esperanza trascendente. En el budismo y el hinduismo la relación muerte-vida es un continuo que se perpetúa a través de la reencarnación. Incluso los agnósticos y los no creyentes comparten una visión naturalista en donde el proceso de deterioro y renacimiento, como en las estaciones, son parte de un ciclo de elocuencia anual y permanente. Muerte y vida son como dos siamesas que comparten sus entrañas y sus órganos vitales, de tal forma que una se define inexorablemente a partir de la otra.

En el deporte ocurre lo mismo. Mucho se ha dicho del exitoso ciclo que llevó al Barcelona de España a consagrarse tres veces campeón de la Champions League en seis años (2006-2011) y en el actor dominante del fútbol mundial, sobre todo con Josep Guardiola como entrenador y con Lionel Messi como figura rutilante. Pero desde 2011, la historia del club azulgrana ha estado signada por una cuesta abajo cuya gradualidad ha ido desmitificando el pasado reciente, dando paso a una mortalidad más humana y menos gloriosa.

El fallecimiento de Tito Vilanova, el director técnico que tomó la posta de Guardiola tras su salida del club, es sintomático de lo ocurrido en el Barca. Como ayudante de “Pep”, conformaron una dupla técnica que compartía el gusto por la tenencia del balón y la paciencia sistemática. El suyo fue un modelo preciso que alcanzó ribetes de perfección y belleza similares a los de un reloj ginebrino. Pero el desgaste empezó cuando Guardiola se apeó del barco y Vilanova tuvo que apañarse solo, justo en el momento en que el equipo comenzaba a expresar el agotamiento de un esquema en el que las fichas eran demasiado buenas y perfectas, pero humanas y falibles al fin. Si a eso se sumaba la pérdida de uno de los hemisferios cerebrales del club, era esperable un proceso natural de declive. La enfermedad de Vilanova no fue otra cosa que una representación del mal que está carcomiendo al Barca. El tremendo dolor que generó la muerte del técnico entre sus ex jugadores, entraña un segundo duelo: el de un ciclo futbolístico que parece haber llegado a su fin.  La pregunta clave es cuándo empezará a renacer y bajo qué sino y filosofía de juego.

Por otra parte, luego del atentado que provocó tres muertes y 282 heridos el año pasado, la maratón de Boston de 2014 fue un rápido renacimiento tras una macabra tragedia que afectó a uno de los “majors” de la larga distancia. No fue un proceso fácil, sobre todo en un país traumatizado por la caída de las torres gemelas en 2001, y que tras la tragedia de 2013 pudo haber cambiado este tipo de competencias urbi et orbi. Pero no. La voluntad y la persistencia de los atletas pudo más. Tanto así, que el ganador de la edición de este año con un crono de 2:08:37, el estadounidense “Meb” Keflezighi, es un ejemplo de determinación.

Nacido en Eritrea en 1975, migró a los Estados Unidos a los doce años y siguió una progresión que lo llevó a ganar títulos colegiales y universitarios, en un palmarés que se engrosó enormemente gracias a la gloria olímpica de una medalla de plata en 2004. Problemas de salud en plenas eliminatorias para participar en los juegos olímpicos de 2008, le provocaron una lesión en la cadera, en lo que muchos apuntaron como el fin de su carrera deportiva. Pero Keflezighi demostró una resiliencia admirable, convirtiéndose en el ganador de la maratón de Nueva York en 2009 (el primer norteamericano desde 1982) y obteniendo un cuarto lugar en los juegos olímpicos de Londres. Lo realmente llamativo es que “Meb” con su triunfo en 2014, rompe una racha de dos décadas  sin victorias estadounidenses en Boston, alcanzando su mejor marca con 38 años de edad. El suyo es un renacimiento que deja un mensaje a todos: las tragedias nos hacen morir un poco, pero los ejemplos de determinación y coraje nos regalan un aliento de vida que envuelve lo mejor que habita en nosotros.