Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Jorge Zavala Baquerizo (1922-2014)

Por Carlos Jijón

El más prestigioso penalista ecuatoriano de las últimas décadas, eminente catedrático universitario, autor de un tratado en siete tomos de “El Proceso Penal Ecuatoriano”, y exvicepresidente de la República, y ex presidente del Congreso Nacional, Jorge Zavala Baquerizo, ha muerto cerca de la medianoche del viernes, en su casa, en Guayaquil, de un infarto cardiaco. El 13 de mayo iba a cumplir 92 años.

Por Carlos Jijón


Publicidad

El más prestigioso penalista ecuatoriano de las últimas décadas, eminente catedrático universitario, autor de un tratado en siete tomos de “El Proceso Penal Ecuatoriano”, y exvicepresidente de la República, y ex presidente del Congreso Nacional, Jorge Zavala Baquerizo, ha muerto cerca de la medianoche del viernes, en su casa, en Guayaquil, de un infarto cardiaco. El 13 de mayo iba a cumplir 92 años.

Aunque entregó su vida al ejercicio de la abogacía, el estudio del Derecho y la cátedra universitaria, incursionó en la política, militando desde muy joven en el Partido Liberal. En 1968, fue candidato a la vicepresidencia de la República, en binomio con Andrés F. Córdova, compitiendo con uno de los gigantes de la política nacional, José María Velasco Ibarra, que había ocupado ya la Presidencia de la República en cuatro ocasiones. Velasco Ibarra ganó por quinta vez, pero en esa época los vicepresidentes se elegían en papeleta separada, y el binomio de Velasco, el médico Víctor Hugo Sicouret, perdió las elecciones ante Zavala Baquerizo, que fue ungido vicepresidente.

El enfrentamiento es histórico. De acuerdo a la Constitución de 1967, el vicepresidente no tenía más función que la de reemplazar al Presidente de la República en caso de ausencia. Velasco no invitó nunca a Zavala a una sesión de gabinete y lo describió como un “conspirador a sueldo”. Zavala había condenado la incursión del Ejército contra la Universidad de Guayaquil, el 29 de marzo de 1969, ordenada por la presidente, que provocó la muerte de varios estudiantes opositores al régimen.

Se opuso también, en 1970, a que Velasco Ibarra disolviera el Congreso y rompiera la Constitución alegando la “insuficiencia de las leyes” que, según él, no le permitían gobernar. Proclamada la dictadura, Jorge Zavala Baquerizo renunció a la Vicepresidencia de la República y regresó a su casa en Guayaquil.

Meses después, una bomba explotó en su casa, afortunadamente sin víctimas. Regresó a la docencia, y se dedicó a escribir durante toda la década que duró la dictadura militar que sucedió a la de Velasco Ibarra. En 1983, cuando el país ya había retornado a la democracia, y se habían sucedido los gobiernos de Jaime Roldós y Osvaldo Hurtado, Zavala anunció su intención de ser candidato a la Presidencia de la República, pero el Partido Liberal prefirió apoyar a León Febres Cordero.

Zavala Baquerizo, que siempre se  había considerado un hombre de centro-izquierda, se postuló entonces al Congreso Nacional por la Izquierda Democrática. Fue su última gran actuación pública. En 1987, fue elegido Presidente del Congreso Nacional. Eran los duros días de la guerrilla de Alfaro Vive Carajo y la represión del gobierno de Febres Cordero.  Las denuncias de violaciones a los derechos humanos terminaron en el llamamiento a juicio político en contra del hombre fuerte del régimen, el ministro de Gobierno Luis Robles Plaza.

El juicio a Robles Plaza fue uno de los más emblemáticos de la última etapa democrática del Ecuador. En un lado estaba la razón de Estado: el argumento de la fuerza contra quienes se habían levantado en armas para liquidar la democracia e instaurar una dictadura de izquierda. Zavala representaba en cambio la posición de quienes creíamos en la vigencia de los derechos humanos (aún de quienes habían atentado contra ellos secuestrando y asesinando) y la necesidad de que la lucha contra la subversión se enmarque en el debido proceso.

Robles Plaza fue censurado por el Congreso y destituido. El ministro se fue a su casa. El legislativo fiscalizaba al gobierno. Una mayoría de hombres elegidos por el pueblo actuaba con independencia, apegados a la ley. En medio de esos días tormentosos, el mundo no se caía. La república existía. La democracia funcionaba.

Zavala regresó también a su casa en Guayaquil. En la década siguiente, no era infrecuente verlo caminar por las calles del centro, camino al Palacio de Justicia, donde aún litigaba. En 2011, cuando cumplió los 90 años, se retiró también de la cátedra universitaria. Ahora su imagen de tribuno se ha apagado ya para siempre.

___

Foto difundida por el diario El Comercio