Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Poder militar

Alberto Molina
Quito, Ecuador

En el 2012, el fallo del Tribunal de La Haya, en torno al diferendo entre Colombia y Nicaragua, por la islas San Andrés y Los Cabos, ubicadas en las costas cercanas a Nicaragua, es aleccionador. La Haya falló a favor de Nicaragua, aunque dejó a Colombia la Isla San Andrés. Colombia se negó a acatar el fallo, si accedió a la mediación debió aceptar. Esta actitud es diferente en el caso Perú-Chile; el gobernante chileno acató la decisión arbitral del Tribunal de La Haya, de esa manera quedó zanjado el contecioso de los límites marítimos entre estos dos países.

Alberto Molina

Alberto Molina
Quito, Ecuador


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En el 2012, el fallo del Tribunal de La Haya, en torno al diferendo entre Colombia y Nicaragua, por la islas San Andrés y Los Cabos, ubicadas en las costas cercanas a Nicaragua, es aleccionador. La Haya falló a favor de Nicaragua, aunque dejó a Colombia la Isla San Andrés. Colombia se negó a acatar el fallo, si accedió a la mediación debió aceptar. Esta actitud es diferente en el caso Perú-Chile; el gobernante chileno acató la decisión arbitral del Tribunal de La Haya, de esa manera quedó zanjado el contecioso de los límites marítimos entre estos dos países.

Las relaciones de poder e influencia en determinadas circunscripciones regionales se miden por los conflictos que puedan presentarse y los que históricamente se registraron en el campo bilateral y multilateral con los países fronterizos y otros Estados; con los cuales de acuerdo a las diferentes relaciones políticas, económicas y sicosociales se pueden vislumbrar diversas posiciones que permitan establecer la dimensión del poder militar, para resguardar la integridad territorial y la soberanía dentro de los límites de cada país, los cuales comprenden además del territorio continental, las aguas adyacentes a las costas de su litoral y su espacio aéreo.

No debemos dejar de insistir que ante las amenazas, actuales y futuras, que debilitar a las FF.AA. es sumamente peligrosos, (ni los mandos ni las tropas se improvisan) que el poder importa, que el poder es un recurso de negociación, que el poder es un recurso de gestión política, y que el poder es un instrumento fundamental para la seguridad de los estados.

El poder nacional comprende: el poder político, el poder económico, el poder sicosocial y el poder militar. El poder nacional, bien empleado, es una alternativa que reduce las probabilidades de conflicto; en sentido contrario la debilidad invita al ultraje y estimula al agresor; en consecuencia, la carencia de poder es extremadamente peligrosa. Nos recuerda que en el mundo global que hoy enfrentamos y del cual no podemos sustraernos, la función primaria de preservación se materializa; además, hay que recordar aquella ecuación que nos dice: que no hay desarrollo sin seguridar y viceversa, no hay seguridad sin desarrollo. Por lo tanto, la capacidad de defensa real, es la base para la construcción de las demás capacidades estratégicas que requiere un Estado para su supervivencia.  En conclusión,  lo grave es que cuando se necesita ese poder y no se tiene, es cuando los pueblos llegan a dimensionar su verdadero valor y significado, pero ya será tarde; las consecuencias serán desastrosas. Un estadista que gobierna y los mandos militares deben considerar  lo señalado; el corto plazo para un país es importante, pero el largo plazo es imprescindible y necesario.