Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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¿Tiene un norte Unasur?

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

El director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella de Buenos Aires, Juan Gabriel Tokatlian, nos sorprendió con un artículo, “¿Unasur pierde el norte?”, publicado en un sitio de preferencia en las páginas del periódico “El País”, en su edición del miércoles. Para ser precisos, nos sorprendió de acuerdo a la segunda acepción del término al enfrentarnos con “algo imprevisto, raro o incomprensible”. A los del periódico, los sorprendió de acuerdo a su primera aceptación al tomarlos “desprevenidos”.

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España


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El director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella de Buenos Aires, Juan Gabriel Tokatlian, nos sorprendió con un artículo, “¿Unasur pierde el norte?”, publicado en un sitio de preferencia en las páginas del periódico “El País”, en su edición del miércoles. Para ser precisos, nos sorprendió de acuerdo a la segunda acepción del término al enfrentarnos con “algo imprevisto, raro o incomprensible”. A los del periódico, los sorprendió de acuerdo a su primera aceptación al tomarlos “desprevenidos”.

Fiel a la ortodoxia “kirchnerista” –lo aclararé más tarde– el autor del artículo encuentra, después de citar varios organismos de integración regional, que la “Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, es el prototipo de la concertación”. Para dar mayor consistencia a su idea, ofrece un listado de lo que él considera aciertos, entre ellos “la suspensión temporal de Paraguay después del derrocamiento del presidente Fernando Lugo en 2012”. Pasa así por alto un punto de fundamental importancia, inexcusable en el director de un departamento de “ciencia política y estudios internacionales” de una universidad. El autor no menciona que el presidente Lugo, un exobispo carente de moralidad comprobada, no fue “derrocado” sino fue “destituido” de acuerdo al artículo 225 de la Constitución del Paraguay, Sección VI, “Del juicio político”. Se establece aquí el procedimiento que seguirán las Cámaras de Senadores y Diputados en caso de “mal desempeño de sus funciones” refiriéndose a los gobernantes, otorgándoles la facultad de destituir no solo al Presidente, sino también a otras altas autoridades.

Decía que el autor se ciñe a la ortodoxia “kirchnerista” que pone en evidencia cuando afirma que “el nombramiento del expresidente Néstor Kirchner, como secretario general de Unasur, en mayo de 2010, le otorgó más visibilidad y proyección a la concertación regional”. No menciona, sin embargo, todos los obstáculos que el “kirchnerismo” ha puesto a Paraguay, impidiéndole la libre navegación de sus barcos por el río Paraná y los frecuentes cierres de frontera a los camiones paraguayos que transportan tomates y frutas, fronteras que se abren milagrosamente una vez que unos y otras se han podrido bajo el calcinante sol del trópico. Entonces, ¿de qué integración o “concertación” nos está hablando? ¿De aquella que solo funciona para castigar? ¿O debe funcionar, principalmente, como herramienta de ayuda mutua como es el caso de la Unión Europea?

Además de lo económico, Juan Gabriel Tokatlian trasuda por todos los poros su simpatía al “chavismo bolivariano” pues apunta, entre los logros de Unasur, el haber apoyado en 2009 “el referéndum aprobatorio de la enmienda de la Constitución [venezolana] que estableció la reelección continua”. En términos prosaicos, se estuvo de acuerdo con que se abrieran las puertas al vitaliciado en la presidencia, en un momento en que se creía que Hugo Chávez viviría cien años. Le critica sí a Unasur no haberse pronunciado en “el uso de la fuerza en Libia, ni sobre el golpe de Estado en Egipto, la tragedia en Siria, el escándalo de espionaje telefónico en Estados Unidos o los últimos eventos en Crimea y Ucrania”.

Recuerda Tokatlian que Unasur corrió a reconocer los resultados de las escandalosas elecciones que llevaron a Nicolás Maduro a la presidencia de Venezuela, pero olvida que guardó un sepulcral silencio sobre las protestas callejeras en ese país con un saldo de decenas de muertos, víctimas de enmascarados enviados con toda probabilidad por el mismo Gobierno, ni protestó por el apresamiento del político Leopoldo López ni por los 243 (cifra oficial que se eleva a 600 según grupos estudiantiles) jóvenes y menores de edad detenidos en una violenta ola represiva a cargo de la policía política Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia) que tuvo lugar el pasado miércoles por la noche.

Por último, las conversaciones de paz entre Gobierno y oposición de Venezuela, que logró instalar Unasur juntamente con el Vaticano, no han arrojado resultado alguno y la cuarta ronda se ha vuelto a suspender. De ello se deduce que Unasur no ha perdido el norte, sino simplemente que nunca lo tuvo.

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Jesús Ruiz Nestosa es periodista paraguayo. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario ABC Color, de Paraguay.