Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Parece que ahora sí

Gonzalo Orellana

Aunque se han escuchado rumores en el pasado, parece ser que esta vez es verdad. La vuelta de Ecuador a los mercados de capitales es inminente, después de más de cinco años desde nuestra última entrada en default y la posterior recompra de la mayor parte de los bonos que vencían en 2012 y 2030.

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido


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Aunque se han escuchado rumores en el pasado, parece ser que esta vez es verdad. La vuelta de Ecuador a los mercados de capitales es inminente, después de más de cinco años desde nuestra última entrada en default y la posterior recompra de la mayor parte de los bonos que vencían en 2012 y 2030. Aunque el gobierno ha dado poca información sobre este asunto, varios medios como el Financial Times, Bloomberg o Wall Street Journal han mencionado las intenciones del gobierno ecuatoriano, así como los pasos que se han dado para ejecutar dichas intenciones.

Volver a los mercados de capitales después de un default no es fácil, de hecho en muchos casos los países tardan una década o más en volver a contar con la “confianza” de los inversores, por ejemplo Argentina lleva fuera de ellos desde su default en 2002. Sin embargo nada está escrito en piedra, y este año hemos visto a Grecia, Irlanda o Portugal volver a emitir bonos, cuando hace 3 años sus economías se consideraban inviables y tener un bono griego era peor que tener lepra. Ecuador como es de esperarse ha tenido que tomar medidas para este planeado regreso, la más importante ha sido sentarse a negociar con los tenedores de bonos que no aceptaron las condiciones de la recompra en 2009; aunque el monto remanente era pequeño, seguía representando un problema de cara a seducir a nuevos inversionistas; es así que en los últimos meses el gobierno ha estado negociando con dichos acreedores y según Bloomberg ha llegado a acuerdos con la mayoría, despejando así la emisión de nueva deuda. El acuerdo para que el FMI vuelva a evaluar las cifras económicas del país, que no hace desde 2008, apunta en la misma dirección.

La pregunta que se harán muchos inversores, es ¿por qué prestarle dinero a Ecuador? La respuesta tiene dos aristas, por un lado están las condiciones del actual mercado internacional de bonos soberanos y por otro lado están las características propias de nuestro país. El mercado de bonos soberanos desde la crisis del 2008 se ha caracterizado por sus bajos rendimientos, la mayoría de naciones desarrolladas actualmente pagan tasas de intereses que no son atractivas para quien busque rendimientos más altos. Esto ha incentivado a inversores a arriesgar con países menos seguros pero que pagan mayores intereses; como ejemplo podemos ver que en los últimos 12 meses Bolivia, Nigeria o Pakistán han hecho emisiones exitosas.

El análisis que se hace con respecto al país es relativamente positivo: previsión de crecimiento del 5% para este año (según CEPAL), inflación bajo control, bajo nivel de endeudamiento público, emisión en dólares, entre otros; el problema evidente es el déficit fiscal, aunque todavía se encuentra en niveles manejables. Seguramente en la cabeza de muchos inversores rondará el recuerdo de la decisión del gobierno de no pagar deuda que consideraba ilegitima, sin embargo y para nuestra fortuna es muy cierto aquello de que los “mercados no tienen memoria”. El elemento clave aquí es el precio, ¿cuánto está dispuesto a pagar Ecuador por emitir bonos y volver al mercado de capitales? Seguramente esta primera emisión de $700 millones estará por encima del 7%, no muy lejos de lo que nos cobra China por sus créditos y un nivel lo suficientemente alto como para atraer a los inversionistas mas arriesgados.

La vuelta al mercado de capitales es una buena noticia para el país, no solo contribuye a diversificar nuestras fuentes de financiamiento, sino que contribuiría decisivamente a reducir el riesgo país, permitiendo a empresas ecuatorianas endeudarse en el extranjero a tasas de interés mas bajas, y reduciría la percepción de riesgo de nuestra economía, atrayendo mas inversión extranjera. También se puede interpretar como una muestra de pragmatismo económico del gobierno, después de cinco años de criticar a los acreedores internacionales, ahora resulta que no son tan malos.