Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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2014: CFK

Danilo Arbilla
Montevideo, Uruguay

Los gobiernos autoritarios del momento, y en especial su versión continental neoprogresista y populista, han tomado al pie de la letra el modelo que George Orwell definió en su libro “1984”: un régimen totalitario siempre en guerra con un enemigo externo, con simultánea y paralela represión interna ante la amenaza de conspiraciones varias.

Danilo Arbilla
Montevideo, Uruguay


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Los gobiernos autoritarios del momento, y en especial su versión continental neoprogresista y populista, han tomado al pie de la letra el modelo que George Orwell definió en su libro “1984”: un régimen totalitario siempre en guerra con un enemigo externo, con simultánea y paralela represión interna ante la amenaza de conspiraciones varias. (Ver, Hugo Chávez, Rafael Correa, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega y los fracasados Zelaya y Lugo, más los Kirchner, Néstor y Cristina).

Y parecería que en este vigente “2014”, el “modelito” le encanta en demasía, salvo que sea su último manotón de ahogado, a la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (CFK). A su guerra diaria con el “Grupo Clarín”, que aparentemente es causante o cocausante de todos los males argentinos, suma el siempre vigente reclamo contra los “colonizadores” británicos por las Malvinas, a lo que ha añadido la resurrección del conflicto con su pequeño vecino Uruguay por el tema de las “pasteras” (procesadoras de celulosa) y la contaminación del ambiente.

Por si le faltara algo para distraer a los argentinos está el Mundial de Fútbol (tanto Cristina como Dilma, están jugadas a los pies de Messi y Neymar, respectivamente, y saben que si estos fallan sus suertes futuras son imprevisibles).

Pero CFK, según algunos analistas, agregaría un “golpe de suerte” extra a raíz del dictamen del juez Thomas Griesa, del distrito de NY, que obliga a la Argentina a pagar a los tenedores de bonos que se negaron a la reestructuración de la deuda, los llamados “holdouts” o “fondos buitres”, según quien los califique, una suma de US$ 1.330 millones. Esto transforma a CFK en la “víctima perfecta”: una especie de Juana de Arco que lucha contra un “juez gringo”, Wall Street y el poder financiero, los tentáculos de la banca, los especuladores voraces, el imperialismo yanqui, el capitalismo salvaje y el neoliberalismo sin lágrimas. Ella solita, contra todos.

Puede que le dé resultado, aunque los argentinos, a los que sin duda les duele su bandera, están un poco desconfiados frente a este tipo de “patriadas”, sobre todo después de la guerra de las Malvinas a los que los convocó el dictador y borracho general Leopoldo Galtieri.

El dictamen de Griesa es bastante discutible por cuanto conspira con ciertos presupuestos y fórmulas de coexistencia para situaciones económico-financieras extremas de empresas o países, pero el hecho es que tras varias apelaciones, hasta en la Corte Suprema, es válido y fija el 30 de junio como fecha para que Argentina pague a los holdouts. En esa misma fecha debería hacer otro pago -US$ 990 millones- a los que sí reestructuraron la deuda, con el riesgo de que esos fondos les sean embargados antes de llegar a sus destinatarios. Son pocas las salidas: el default o negociar con los “buitres”, y con otro riesgo: que todo lo que se les “ceda” a estos genere demandas de aquellos que reestructuraron pero con frase de “derecho a futuras ofertas”.

En realidad, la de CFK es una suerte algo complicada. Y no solo por todo ese enredo de pagos, acreedores diversos y vencimientos. El juez Griesa, además de calificar de no confiable a la presidenta CFK, fue enfático al señalar que Argentina en los últimos doce años se ha reído de las sentencias judiciales, por lo que, afirmó: “No quiero que se vuelva a reír de una sentencia judicial”.

Quizás esta especie de “mojada de oreja” haya incidido en la decisión de Griesa, la que, discutible o no, no deja de ser una buena lección para CFK. Esta en su país está acostumbrada a reírse a gusto y gana de la justicia: no cumple con sus dictámenes -caso de la publicidad oficial con la que premia o castiga a la prensa y periodistas- y ataca y hostiliza a jueces y fiscales independientes -directamente o a través de sus grupos de choque, testaferros y voceros-, cuando investigan a los enriquecidos empresarios “amigos” de su fallecido marido y de la familia Kirchner, o a su propio vicepresidente Amado Boudou, denunciado por corrupción, quien adopta pose de Messi cuando va a declarar a los tribunales donde es investigado. Notoriamente Boudou se sabe amparado por CFK y todo su aparato, el que, sin dudas, en Buenos Aires es muy efectivo, aunque parece que no tanto en Nueva York.

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Danilo Arbilla es periodista uruguayo. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario ABC Color, de Paraguay.