Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Los dos gobiernos de Correa

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido

Aunque el presidente insista en negarlo, cada vez es más claro que el Gobierno de Rafael Correa puede ser dividido en dos etapas, una que abarca sus primeros tres años (2007-2009) y otra a partir del 2010.

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido


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Aunque el presidente insista en negarlo, cada vez es más claro que el Gobierno de Rafael Correa puede ser dividido en dos etapas, una que abarca sus primeros tres años (2007-2009) y otra a partir del 2010. Esta diferencia se puede ver tanto en la conformación de su gabinete como a quienes tiene de aliados, pero sobre todo en su política económica. En el primer gobierno, Correa contaba con hombres fuertes como Alberto Acosta o Gustavo Larrea; sus aliados eran la izquierda ahora llamada “tira piedras” y los sectores defensores del medioambiente actualmente catalogados “ecologismo infantil”. Esa era la Alianza País que fue a la Asamblea Constituyente, la que propuso una constitución que garantizaba derechos a la naturaleza, y que denominaba a los TLC como “bobo aperturismo”.

De aquello ha pasado mucho tiempo y en varios aspectos, sobre todo de su política económica, el segundo gobierno de Correa es casi lo opuesto. Miremos algunos de esos cambios. La ley de minería aprobada en el primer gobierno era probablemente la más dura del mundo con el inversionista, no solo se garantizaba que el estado se llevara siempre la mayor parte de los beneficios, sino que ni siquiera aseguraba al inversor recuperar lo invertido. Resultado: cero inversión minera en 6 años, de ahí que recientemente el segundo presidente Correa decidió hacer varias correcciones a la ley para volver al Ecuador mas atractivo de cara a los inversionistas.

Otro aspecto donde el cambio no podía ser más radical es en la negociación del acuerdo comercial con la UE. El presidente Correa del 2009 se levantó de la mesa de negociación, el presidente Correa del 2014 nos cuenta lo grave que sería no firmar un acuerdo y perder las preferencias que vencen a finales de este año. Aunque el presidente acertadamente explica que la firma del acuerdo es urgente y que hay que considerar que los competidores (Colombia y Perú) ya lo tienen, resulta increíble que el presidente del 2009 no se hubiera dado cuenta de eso en aquel momento.

La reciente vuelta a los mercados es otro giro de 180 grados. El primer presidente Correa que llamo “monstruos” a los acreedores internacionales y que consideró a la deuda como ilegítima es muy distinto del presidente del 2014 que se congratula de la confianza en la economía nacional por parte de los mercados. Si hubiera una máquina del tiempo el presidente del 2014 podría aconsejar al presidente del 2009 sobre la “utilidad” de aquellos monstruos desalmados.

Aunque sigue sin ser del todo fluida, la relación con los empresarios también ha experimentado cambios importantes. En el 2007 eran los capitalistas que no pagaban impuestos y explotaban a los trabajadores; en 2014 son los socios necesarios para el cambio de matriz productiva. Pero quizás el cambio más radical y políticamente más sensible es el proyecto Yasuní ITT. Ríos de tinta han corrido intentando explicar esta decisión, sin embargo a un sector importante de la población le resulta imposible entender que aquel paraíso que el mundo debía ayudarnos a conservar será finalmente explotado.

Habrá quienes consideren que este cambio del presidente Correa es una traición, otros lo verán como la evolución natural entre un político idealista y un poco ingenuo en 2007 y uno experimentado 7 años después. Correa tardo varios años en darse cuenta que el acceso a mercados internacionales tanto de capitales como de bienes es importante para crecer económicamente, que trascender el extractivismo es complejo y toma tiempo, y que necesita al sector privado para cambiar la matriz productiva. Aquel Correa del 2007 prometió hasta lo imposible, el Correa del 2014 es más pragmático y escoge sus prioridades aún teniendo que contradecir lo dicho y hecho en el pasado. Aristóteles ya lo decía, “la política es el arte de lo posible”, Correa tardó pero finalmente lo entendió.