Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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Contra los que critican a Israel desde la izquierda

Luis Fleischman
Washington, Estados Unidos

Durante la reciente “Operación Margen Protector” llevada a cabo por Israel en respuesta a los ataques de Hamas contra poblaciones civiles israelíes, fueron los países latinoamericanos, mayormente de izquierda, los que tomaron una actitud prejuiciosa contra el Estado de Israel y definieron por sus propias manos lo que era justicia antes de tener veredicto alguno.

Luis Fleischman
Washington, Estados Unidos


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Durante la reciente “Operación Margen Protector” llevada a cabo por Israel en respuesta a los ataques de Hamas contra poblaciones civiles israelíes, fueron los países latinoamericanos, mayormente de izquierda, los que tomaron una actitud prejuiciosa contra el Estado de Israel y definieron por sus propias manos lo que era justicia antes de tener veredicto alguno.

Brasil, seguido por Ecuador, Chile, y Perú, pidió retirar su embajador de Tel Aviv en protesta por lo que ellos consideraban una acción desproporcionada Israelí que causó muertes de inocentes palestinos.

Marco Aurelio García, ideólogo y arquitecto de la política exterior brasileña, calificó las acciones de Israel como genocidio, como si las acciones de Israel no fuesen un acto de autodefensa o como si el objetivo de remover a Hamas, una organización mega-asesina, no fuese un objetivo legítimo más allá de los daños colaterales que cualquier guerra causa. Lo que es más, el gobierno Brasileño cita las cifras de muertos basados en fuentes Palestinas que no tienen la suficiente credibilidad. Si bien las cifras todavía no son claras, Israel ha declarado que por lo menos la mitad de los Palestinos caídos eran operativos terroristas de Hamas o del Yihad Islámico.

Chile siguió los pasos de Brasil en nombre del derecho internacional, ignorando de que la guerra de Israel contra Hamas es totalmente legítima y legal, ya que Hamas atacó a Israel, puso en peligro de muerte a su población, violó múltiples ceses de fuego, y uso cínicamente la población Palestina como escudos humanos. Ni hablar que, además, Hamas ha efectivamente obstruido el proceso de paz en Oslo, intimidando y debilitando a la Autoridad Palestina y reclamando la eliminación del Estado de Israel y la mayoría judía que lo habita.

Pero aquí se sumaron más cosas que simplemente van más allá de una movida diplomática. El gobierno uruguayo, sin retirar a su embajador calificó la acción israelí de genocida. Su canciller, Luis Almagro, reprochó a la comunidad judía por su apoyo a Israel, declarando que los judíos deberían ser los primeros en condenar a Israel. En la Argentina, los diputados Kirchneristas se apresuraron a condenar la muerte de inocentes civiles en Gaza sin condenar a Hamas. Los medios oficiales o semioficiales entrevistaron ciudadanos israelíes de opinión minoritaria y marginal que no vacilaron en hacer generalizaciones negativas y sin fundamentos sobre la sociedad civil israelí y sus instituciones, “confirmando” que los israelíes son los “villanos” de esta película.

Por supuesto, no nos olvidemos del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, cuyos organismos oficiales y semi-oficiales han sido abiertamente anti-Semitas. Es más, el presidente Maduro instó a la comunidad judía a pronunciarse contra Israel, lo que llevo al Centro Wiesenthal a apelar a la Organización de Estados Americanos (OEA) para defender los derechos de los ciudadanos judíos. O sea, esto refleja el carácter iliberal con que Venezuela y otros países se manejan hacia sus propios ciudadanos.

Pues bien, digámoslo así, contrariamente a Europa donde las manifestaciones antisemitas son iniciadas por ciertos grupos, en América Latina están directa e indirectamente estimuladas por sus propios gobiernos.

Y para aquellos que sostienen que oponerse a Israel no es lo mismo que anti-semitismo quiero aclarar algo. Si bien la fría definición hace distinción entre ambos, la realidad es que la mayoría de los judíos del mundo ve a Israel como el único Estado judío aunque no vivan allí. Los judíos no sólo en su mayoría son sionistas sino que difamar al único Estado judío y ponerlo bajo un estándar al cual no se somete a ningún otro país, es de por sí una actitud discriminatoria y ciertamente anti-semita. Y por otro lado, separar al Estado de Israel de los judíos es algo típico de aquellos socialistas y otros que, intolerantes del nacionalismo judío, intentaban separar al judío individual del colectivo judío, como en Sudamérica lo hizo el pensador y líder socialista argentino Juan B.. Justo imitando concepciones similares extraídas de Europa. Lo que es peor: solo lo hacían con los judíos, ya que toleraban la independencia de otras naciones pero no la judía. La izquierda históricamente ha identificado al judío con la burguesía y rechazaba la identidad, cultura y tradición judía como algo religioso, separatista e incluso arrogante. No se les toleraba su identidad y así también se rechazó al Sionismo por promover separatismo nacional, pese que el Sionismo emergió paralelamente a otros movimientos nacionales que buscaban (y encontraron) su libre determinación.

Es por eso que en muchos casos el socialismo ha sido intolerante hacia los judíos, pero en algunas formas es más engañoso porque prometía emancipación para los judíos pero les exigía renunciar a su identidad en lugar de aceptarlos en un marco pluralista como lo hizo la sociedad Norteamericana.

De aquí también la antipatía hacia Israel. Ninguno de estos gobiernos quiere escuchar la versión israelí, según la cual 900 de los muertos en Gaza eran operativos terroristas. Tampoco el hecho de que Hamas busca la muerte de los mismos Palestinos para lograr que Israel se vea acorralado por la condena internacional, tal cual lo definió el ex Presidente norteamericano Bill Clinton. Por otro lado la muerte de los Palestinos cultivaría más el odio hacia Israel, garantizando que las próximas generaciones se llenen de odio y así la guerra se perpetúe.

La izquierda Latinoamericana no quiere entender este aspecto irracional de este conflicto. Tampoco quieren entender ni saber el hecho de que Israel haya tenido líderes moderados, como los ex Primeros Ministros Yitzhak Rabin, Shimon Peres, Ehud Barack y Ehud Olmert, quienes extendieron a los Palestinos una mano amistosa u ofrecieron generosas ofertas paz que fueron rechazadas o han quedado sin respuesta. Culpar al Primer Ministro Benjamín Netanyahu por la ausencia de paz es ridículo y es una complicidad con la falta de responsabilidad total demostrada por la dirigencia Palestina.

Pero los gobiernos de izquierda de América Latina no están interesados en la verdad. La región ha buscado la cooperación Sur-Sur , no solamente por motivos económicos . America latina busca una segunda independencia, esta vez de los EE UU y toma un curso ideológico y de política exterior autónoma. Así se promueve la solidaridad con el tercer mundo y hace causa común con otras regiones en el mundo Árabe y en África, que también son consideradas víctimas del colonialismo y la explotación por parte del mundo desarrollado. Esto ya llevó a Brasil y a gran parte del resto de América Latina a varias conferencias cumbres con los árabes que culminaron en apoyo a declaraciones como la “Declaración de Brasilia”, en Mayo de 2005, que llama a eliminar sanciones norteamericanas a Siria, país acusado de apoyar al terrorismo y gobernado por un régimen que ya era opresor desde mucho antes que comenzara la guerra civil.

Otra resolución llamaba a proteger la integridad territorial de Sudan y elogiaba al gobierno de Sudan por su asistencia en resolver el problema de la población de Darfur, al mismo tiempo que el mismo régimen sudanés cometía un atroz genocidio contra los residentes de Darfur. Otra resolución llamaba a combatir al terrorismo, pero exhorta a convocar una conferencia internacional que investigue las causas que provocan el terrorismo, como si a éste pudiese encontrársele justificación; una táctica típica de los países árabes para apañar el terrorismo y transferir la responsabilidad a otro plano u a otros países.

Más aún, los países con gobiernos de izquierda en la región latinoamericana nunca han reprochado o condenado a Siria por la masacre de 140,000 personas, ni siquiera las atrocidades cometidas por El Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS) y las crucifixiones de “infieles” y la conversión forzosa de cristianos.

Esta cooperación Sur-Sur culmina en una fórmula simplista donde el oprimido siempre son los menos occidentales aunque estos sean los provocadores. Irán, Venezuela, Siria, Sudan al confrontarse con occidente son héroes pese a ser estados terroristas o dictaduras con características fascistas. Según esta formula los judíos son los opresores por ser occidentales y tener un ejercito fuerte y Hamas, pese a ser terroristas tienen razón porque luchan contra la ocupación , pese a que luchan por la destrucción de Israel y han logrado destruir el proceso de paz.

Brasil, que aspira a tener un lugar permanente en el consejo de seguridad de las Naciones Unidas trata de conseguir la simpatía de aquellos miembros de las Naciones Unidas que forman una mayoría sistemáticamente hostil hacia Israel. Pero la emergencia de Brasil en el plano internacional será nociva porque no ha demostrado un criterio moral justo para juzgar. En tal caso Brasil no sería nada diferente de China y Rusia, dos facilitadores de Estados dictatoriales y apologistas del terrorismo.

¿Acaso es ésta la emancipación de los pueblos de América Latina, la segunda independencia, la unidad soñada por Simón Bolívar?