Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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De cabeza al abismo

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

En política no hay amigos, solo intereses comunes.

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España


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En política no hay amigos, solo intereses comunes. Esos intereses, sin embargo, pueden constituir una amenaza para terceros que no tienen arte ni parte en el enredo. La propuesta del presidente boliviano y bolivariano Evo Morales de declarar a Israel como “Estado terrorista” responde no tanto a sus ideas socialistas de las que dudo mucho tenga una percepción bien clara, sino como respuesta a los lazos de intereses comunes que lo unen con el Estado teocrático de Irán, principal proveedor de armamento al grupo terrorista Hamás para sus ininterrumpidos ataques a Israel. La actitud de Morales y sus alianzas “antiimperialistas” ponen en peligro a la región. ¿Se pensó que en un caso de delirio izquierdoso, nada raro en estos exponentes del “socialismo bolivariano“, Irán podría suministrarle los mismos misiles que le entrega a Hamás con los que comenzaría a agredir a nuestro territorio en busca de la ansiada salida al mar? Claro, esto no es posible que suceda en esa América ni en este siglo.

En la biografía de Lazlo Moholy Nagy, escrita por su mujer Lucía (The MMA, New York, 1987), se narra el encuentro del artista con el cineasta Eisenstein en Berlín, una noche de 1937. El director soviético, de regreso de Estados Unidos después de su fallido proyecto de “Que viva México“, le insistió en que abandonara Alemania por el peligro que significaba el nazismo y lo que se vislumbraba. No, nada de eso podía suceder en Alemania a mediados del siglo XX. Millones de personas pagaron con sus vidas el no haber creído que “aquello” pudiera suceder en un país como Alemania.

Todo puede suceder en cualquier parte. Es suficiente echar una mirada sobre lo que está sucediendo en Medio Oriente ante la ofensiva del islamismo fundamentalista. A principios de la semana pasada, a propósito de ello, una carta firmada por conocidos políticos latinoamericanos como Alejandro Toledo y Luis Alberto Lacalle, por exdiplomáticos norteamericanos como John R. Bolton; el exministro de Asuntos Exteriores de Italia Giulio Terzi; el historiador británico Andrew Roberts y otros del mismo nivel, alerta sobre la situación de inestabilidad que se está creando a nivel mundial y la actitud asumida por Evo Morales, o de los gobiernos de Chile, Ecuador, Perú, El Salvador y Brasil que desean retirar sus embajadas de Israel. La carta denuncia “la manipulación informativa en América Latina sobre el conflicto en Gaza” que “no solo intoxica a los ciudadanos sino que inspira políticas equivocadas y condenables”. Es de esperar que el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa lea este documento y revise las ideas que expuso semanas atrás en un artículo aparecido en el periódico español El País.

A través de nueve puntos, que no puedo transcribir aquí por falta de espacio, el documento busca sintetizar lo que en realidad está ocurriendo y que con frecuencia es manipulado por una izquierda cavernaria y retrógrada, o bien por grupos declaradamente antijudíos. Entre esos puntos señala que Hamás no es una ONG, “es una organización terrorista, declarada como tal por el gobierno de los Estados Unidos y la Unión Europea”. Profundiza al decir que “la carta fundacional de Hamás, plenamente en vigor, llama a la aniquilación de Israel y a la muerte de todos los judíos”.

También encara el tema de los misiles proveídos por Irán diciendo que “Hamás utiliza sus cohetes precisamente como instrumento del terror, ya que no van dirigidos contra objetivos militares sino indiscriminadamente contra centros urbanos en suelo israelí”. Afirma que en estas tres semanas de guerra Hamás ha disparado más de tres mil misiles contra territorio israelí. Si no provocaron daño ha sido gracias a un sofisticado sistema de defensa que intercepta los proyectiles en el aire antes de que lleguen a su blanco.

En su punto cuarto habla del uso de palestinos civiles como escudos humanos por parte de Hamás y que estos “aprovechan deliberadamente instalaciones civiles, escuelas, hospitales y mezquitas” para poner sus bases de lanzamiento de misiles. Denuncia también a la ONU, que “ha admitido que tres de sus escuelas habían sido utilizadas como almacén de armamentos“, y exige que el organismo explique por qué lo ha permitido. Pues sí, esta es la globalización: estamos sentados todos sobre un polvorín y nos negamos, por fanatismo, miopía o simple blandura, a ver cómo en realidad las cosas son.