Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Vanessa

María Fernanda Egas
Miami, Estados Unidos

“Salí de ahí y no podia ni mirarme al espejo. Me peleaba conmigo misma para no decir algo que no debía decir. A una prácticamente la desnudan, le piden que se agache, que brinque, que se abra los glúteos, que puje, mientras una policía observa”, explica Vanessa de Balda, al preguntarle cómo eran sus visitas a la cárcel de máxima seguridad de Latacunga en donde tuvieron hasta hace poco a Fernando Balda.

María Fernanda Egas
Miami, Estados Unidos


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“Salí de ahí y no podia ni mirarme al espejo. Me peleaba conmigo misma para no decir algo que no debía decir. A una prácticamente la desnudan, le piden que se agache, que brinque, que se abra los glúteos, que puje, mientras una policía observa”, explica Vanessa de Balda, al preguntarle cómo eran sus visitas a la cárcel de máxima seguridad de Latacunga en donde tuvieron hasta hace poco al ex asambleísta Fernando Balda, el “Assange ecuatoriano”, acusado de injurias y de propalar rumores falsos.

Así fueron ocho visitas llenas de vejámenes que realizó Vanessa, teniendo que iniciar esta travesía cuando aún no amanecía, para ir de Quito a Latacunga, pues la visita era a las 8 a.m. y  había que estar antes, pasar varios filtros, entre esos un detector de metales. “Una vez demoraron 4 horas en sacarlo. Dijeron que no lo encontraban. Yo no me fui, me quedé esperándolo. Luego él me dijo que nadie lo había ido a buscar”.

La historia de Fernando Balda es conocida no solamente en Ecuador, sino también fuera del país y especialmente en Colombia, a raíz del intento de secuestro en Bogotá el 13 de agosto de 2012 perpetrado, según afirma Balda, por agentes de inteligencia ecuatorianos en tierra colombiana (en un hecho nunca esclarecido totalmente), y por la posterior entrega del gobierno Santos de Balda a las autoridades ecuatorianas por irregularidad en su documentación de permanencia en ese país. Nada más llegar al Ecuador en un operativo nunca antes visto,  lo apresaron por acusaciones de atentar contra la seguridad del Estado. Esta pena la cumplió en octubre del año pasado, pero entonces argumentaron que seguía en pie la condena por injurias.

Cada vez que a Fernando Balda el actual régimen lo trasladaba de cárceles como si fuese un preso de altisima peligrosidad, sin aviso previo ni explicación, Vanessa temía por su seguridad. Y junto a ella, muchísimas personas que seguimos su lucha en redes sociales. Balda alega haber sufrido dos intentos de asesinato en la cárcel de Latacunga.

Luego vimos también, tanto en fernandobalda.wordpress como en redes, circular la boleta de excarcelación de Balda, concedida por méritos y fechada el 9 de junio de 2014. Y nada sucedía. Hasta que el  6 de agosto las autoridades gubernamentales ordenaron el trasladado a las 2:00 am de Fernando Balda del Centro de Rehabilitación de Cotopaxi a la cárcel No 8 de Guayaquil.

Finalmente, el jueves 31 de agosto se montó el burlesco show de su excarcelación, luego de varios días en que Vanessa anunciaba que ya sería liberado. “Había solo una cámara del Estado. De repente, el juez comenzó a leer su demanda por alimentos. Los policias reían”, relata Vanessa, quien se aferró a Fernando para que no lo volvieran a trasladar. “Lo siento mucho, sería retención ilegal”, recuerda que le dijo el policía. “Y no liberarlo a pesar de la boleta de excarcelación no fue retención illegal?” diría ella.

La demanda por alimentos realizada por la ex esposa de Balda no es nueva. Vanessa dice que había un acuerdo entre ellos y que una vez Fernando en prisión, debía salir para que pudiera cumplirla. Asegura que desde Colombia Fernando hizo transferencias para los hijos de su primer compromiso y que no escatimó en pagar la fiesta de 15 años de su hija en el Grand Hotel Guayaquil. Con Vanessa tienen tres hijos pequeños que no comprenden por qué van a visitar a su padre a la cárcel. “Ellos creen que Fernando está en una misión especial”. Desde abril en que lo trasladaron a la de máxima seguridad en Latacunga no lo han vuelto a ver.

Vanessa trabaja de asistente de un consultorio pediátrico, vela por sus hijos y no abandona a su esposo quien ha sufrido un intento de secuestro en Colombia, una deportación, dos tentativas de homicidio e inexplicables traslados carcelarios. La demanda por alimentos la ha desmoralizado pues sumando los intereses estima que esta llegaría a los 14 mil dólares y no sabe cuándo podría llegar a tener esa suma de dinero para al fin tener a Fernando en libertad. El pago tiene que efectivarse frente al magistrado. “El juez no va aceptar ningún convenio de pago, dice que está velando por los derechos de los menores”, olvidando que Fernando Balda tiene más hijos por los que velar y que estando en prisión no puede ser padre para ninguno.

A pesar de tantos vejámenes, burlas, momentos de alta tensión por la ausencia de noticias sobre la vida y la salud de su esposo, Vanessa cree que debe sobreponerse una y otra vez.  “Fernando me da la fuerza para poder seguir soportando todo esto. Tengo que ser valiente como él. Si yo no estoy con él, quién lo hará?”