Ecuador. domingo 10 de diciembre de 2017
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Opinar con cobardía

María Sol Pons Cruz
Guayaquil, Ecuador

Con la novedad de empezar a escribir una columna de opinión en este  medio de noticias, “La República”, me encontré frente a la novedad de decidir de qué temas puedo o debo opinar.

Maríasol Pons Cruz
Guayaquil, Ecuador


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Con la novedad de empezar a escribir una columna de opinión en este  medio de noticias, “La República”, me encontré frente a la novedad de decidir de qué temas puedo o debo opinar. Sorteé imaginariamente una variedad de temas de actualidad como  la tecnología, el entorno internacional, el nuevo “Chávez nuestro” que ahora reza Nicolás Maduro, entre otras cosas… pero la duda al escoger el tema me llevo a una duda anterior, ¿creo yo poder opinar sin cobardía?

Según la RAE, cobardía significa “falta de ánimo o valor”. Esta pregunta no está directamente vinculada al gobierno ni a sus miembros, la pregunta es más básica y anterior a todo y yo me cuestiono si las personas somos realmente capaces de opinar, en entornos pluralistas, acerca de nuestros ideales, nuestras convicciones, nuestros gustos, de cualquier cosa que nos provoque comentar. Opinar verazmente, sin tomar en cuenta lo que la persona sentada frente a mí va a interpretar de mis palabras y mis gestos, o hacer bromas por un chat de whatsapp demanda cierta valentía y libertad de ser. Es algo, quizás, automático, lo hacemos de manera cotidiana pero, ¿qué pasa cuando antes de actuar de manera automática hacemos una pausa y evaluamos el potencial efecto de nuestras palabras frente a cualquier ser humano a quien vamos a transmitir nuestro mensaje? Es entonces cuando se deja de actuar en automático y empieza un proceso reflexivo interminable.

La transmisión de un mensaje no es la novedad, la novedad del mensaje se encuentra en el contexto en el que se lo transfiere. Dependerá de variables tan fuera de nuestro control como, por ejemplo: la mentalidad de quien nos acompaña en el intercambio de ideas así como sus circunstancias particulares ya sea su posición económica o su autoestima, el ruido alrededor, la moda –la moda es inevitable y con ella no me refiero a ropa o accesorios sino a las “modas” del pensamiento que son aquellas que bañan superficialmente a una sociedad que las aplica sin convicción y que a fuerza de no “desentonar”, sus individuos eligen tácitamente ser parte de esa “moda” y facilitarse la existencia ya sea cuestionando  o no la idea en el fondo de la moda- su situación laboral, la religión, entre otras.

Creo que es fundamental hacer la pausa y valorar humildemente nuestros conocimientos antes de manifestarnos acerca de algo y con esa misma apertura, hacer una pausa cuando leo o escucho a alguien que no comparte mi opinión y, de manera respetuosa, aprender a estar en desacuerdo .

¿Qué se yo para opinar sobre los cargos de corrupción de Christine Lagarde? Nada. ¿Qué se yo para opinar sobre la disminución de especies marinas en el Oceáno? Lo poco que he visto en documentales o nada.

¿Qué se yo sobre lo que me gusta o afecta personalmente? Todo. La medida de mi reacción estará en función de cuánto se acercan los hechos y opiniones a mi concepto sobre mi misma y aquí destapo la olla para que salgan todos los grillos pues mientras más cercana sea la agresión, más virulenta será nuestra reacción o ¿será que mejor tapamos la olla?

El camino se bifurca entre el del ser individual y del ser colectivo, la diferencia entre quien escoge responder o callar según las circunstancias, pero con callar no me refiero a hacer silencio en una conversación donde es evidente que a nadie le interesa escuchar nada distinto a lo que el grupo piensa.  En esta línea de ideas digo callar como un simbolismo de quien no reflexiona y acata “la moda” casi como dogma de fe, quizás en este grupo también está quien escoge no pensar porque significaría muchos cambios en su vida inmediata y consecuentemente,  romper su círculo de confort.  Hay también quien es ciego y sordo por conveniencia y también por pura ignorancia. Por otro lado, está quien escoge responder en voz alta transmitiendo sin reparos su posición frente a cierta idea o eventualidad así como también está quien escoge responder en  silencio y lo hace con hechos. Al responder voy dominando el miedo a ser rechazada por mis posturas, voy construyendo mi molde que en lo posible buscará ser flexible para  transcurrir en el tiempo.  Respondo haciendo conciencia de aquello que me rodea, escogiendo los temas de los que quiero ser parte y en ese proceso, considero que es imprescindible analizar el entorno sin perder nuestra identidad.

Yo le pregunto al lector ¿Cómo responde usted? ¿Responde en silencio o verbaliza con facilidad? Ojo con la soberbia, no siempre el primero en contestar es quien más sabe; así también, hay que ponerle cuidado a la falsa humildad.  ¿Cuánto tolera a sus interlocutores cuando son vehementes en posturas que usted toma por erradas? ¿Cómo se siente cuando algún retorcido lo saca de contexto  y cambia el sentido de sus palabras? Haga una pausa y analice su respuesta.

Procuremos un entorno donde las opiniones se escuchan como eso; opiniones. Un contexto donde yo/usted soy libre de escoger estar de acuerdo o no, porque nadie es dueño de la verdad, siempre manifestándolo respetuosamente. Todos tenemos derecho a opinar pero no a juzgar.  Yo opino acerca de algo con la poca o mucha información que tengo a mi haber, tomando en cuenta que muchas veces escojo callar no por falta de valor o de ánimo sino porque, en ese momento, no me siento cómoda opinando porque lo encuentro inoportuno. Fundamentalmente, escojo opinar sabiendo que puedo estar equivocada, partiendo de la premisa de que existe un universo de conocimiento que ignoro casi por completo y que el mínimo esfuerzo que puedo hacer es escuchar a mi interlocutor con empatía para tratar de entender su punto de vista y así, quizás, aprender algo nuevo. Opino para transmitir aquello en lo que creo, aquello que me gusta y aquello que rechazo.

El mundo es hermosamente imperfecto pero los humanos corremos el riesgo de despojarnos de nuestra humanidad convirtiéndonos en entes egoístas y destructivos; todo suena muy lindo redactado en un artículo pero vuelvo al principio de la cuestión: ¿Significa esto opinar con cobardía? La respuesta a esta pregunta es tan solo una opinión pues lo que para unos puede ser cobardía para otros puede ser cautela como para otros las dos cosas pueden significar lo mismo.