Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Cuba, Aécio Neves y la segunda vuelta en Brasil

Jorge Hernández Fonseca

Se acaba de escenificar la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas, de altos y bajos entre los presidenciables en medio de un proceso sorprendente.

Jorge Hernández Fonseca


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Se acaba de escenificar la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas, de altos y bajos entre los presidenciables en medio de un proceso sorprendente, donde la actual presidenta, Dilma Rousseff, arriesga su cargo junto a la hegemonía de su partido, el Partido de los Trabajadores, PT, que durante 12 años ha dado las cartas en el Palacio de Planalto.

La primera sorpresa la dio Marina Silva, vice-presidente en la chapa del candidato por el Partido Socialista Brasileño, PSB, Eduardo Campos, al tener que asumir la aspiración presidencial por la muerte trágica en un accidente de aviación del candidato principal y así pasar a romper todos los records de intenciones de votos, llegando a sobrepasar por 10 puntos porcentuales a Dilma Rousseff, la candidata líder hasta ese momento. El segundo colocado, Aécio Neves, del Partido Social Demócrata Brasileño, PSDB, se vio relegado a un tercer puesto, bien distante de los lugares cimeros de la disputa presidencial, a poco más de un mes del primer turno electoral.

La segunda sorpresa fue la continuada y rotunda ascensión de Neves durante el último mes de campaña, hasta empatar y sobrepasar a Marina Silva, que desde su favoritismo comenzó un proceso de pérdida de intenciones de votos, que terminó por eliminarla del segundo turno.

En la meteórica preferencia primero –y el declinar posterior de la candidata Silva– existen varios factores que es del caso analizar. Marina Silva parecía concentrar las esperanzas de la población brasileña que salió a protestar contra los desmanes económicos que Brasil observó atónico durante la organización de la Copa del Mundo de 2013, así como todo el rencor contenido contra el PT de Dilma Rousseff, responsables ambos por ese estado de cosas.

De la euforia inicial al asumir la candidatura presidencial, la opinión pública del Gigante Sudamericano pasó al desencanto al observar una Marina Silva que no conseguía defenderse de los virulentos ataques desde los dos principales partidos adversarios, que reaccionaron de forma dura y directa al asenso electoral de Silva, usando argumentos poco ortodoxos.

Estos ataques pusieron de manifiesto dos aspectos de la personalidad de la candidata del PSB, que provocaron en el electorado la decisión de retirarle su apoyo. Por un lado, la extrema fragilidad demostrada escenificando el papel de víctima, al ir a las lágrimas por los ataques que le hiciera su anterior amigo y correligionario Lula da Silva, que si bien demostró una sensibilidad extrema con los asuntos públicos, es una debilidad que un presidente de la República de ninguna manera puede darse el lujo de mostrar en público. Por otro lado, Marina Silva no se defendía de los ataques, aduciendo que no participaría de la guerra sucia que le habían impuesto.

Paralelamente a estos aspectos, hubo factores objetivos, como el insignificante tiempo de televisión de su candidatura (Silva 2 minutos, Aécio 4 minutos y Dilma 11 minutos; en Brasil, el tiempo de propaganda electoral en TV se distribuye en proporción al número de congresistas electos por el partido en las elecciones anteriores); esto, sumado al hecho de que el programa de gobierno del PSB –que ahora llevaba a Silva como candidata– tenía puntos polémicos propuestos por el candidato fallecido — no por Silva– razón por la cual sufrió cambios importantes, lo que fue aprovechado por sus adversarios para mostrarla como “inconsistente”.

Como telón de fondo de este proceso electoral hay que señalar dos aspectos que permean toda la campaña: primero, hay un sentimiento anti PT en prácticamente todo el electorado informado del país, a partir de los escándalos de corrupción que este partido viene escenificando desde el primer mandato de Lula da Silva con el “mensualón”, pasando por los turbios manejos en las inversiones en la Copa del Mundo, que llegan hasta hoy con otro Mega escándalo en Petrobrás.

En paralelo –y como consecuencia de lo anterior– hay un fuerte espíritu de “cambios” en todo el país, lo que había sido tomado como bandera de campaña de Silva. Llegado a este punto es importante decir que el candidato contra Dilma Rousseff en el segundo turno, Aécio Neves, es el más preparado entre todos los candidatos (incluyendo a la actual presidenta) para ocupar la presidencia de Brasil. Es un hombre de 46 años, que ha sido gobernador por dos mandatos –y con mucho éxito– de uno de los mayores y más ricos estados del Brasil, Minas Gerais; que ha sido diputado, senador y presidente del Parlamento brasileño, nieto además del Tacredo Neves, el primer presidente democráticamente electo después de la dictadura militar.

Lo que sucederá en el segundo turno será un reflejo de lo sucedido hasta ahora en un electorado que como se ha visto, reaccionó muy rápidamente ante las fragilidades de Silva, a pesar de reconocer sus méritos asociados a la honestidad y la ética. También hay aspectos que cumplir, relativo a la probable alianza entre Neves y Silva con vistas al pleito definitivo.

Cuando esto escribo se sabe que ya Neves ha enviado emisarios a pactar con Silva una unión para el segundo turno, que Silva exige ser sobre bases programáticas, lo que el partido de Neves está dispuesto a aceptar. Se sabe también que este acercamiento ha incluido la propuesta de Neves hacia Silva, de nombrar a la ambientalista como una futura Canciller “verde”, al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, aspecto destacado de la negociación.

En caso de prosperar las gestiones de acercamiento de posiciones de Neves y Silva, hay muchas posibilidades de que gran parte del electorado de Marina Silva pase a votar por Neves en el segundo turno. Hay sectores dentro el partido que llevó a Silva al primer turno, que propugnan un acercamiento a Rousseff, en cuyo caso sería muy probable la salida del partido de la candidata, pero ciertamente el volumen electoral que capitaliza Silva actualmente es incomparablemente mayor que el que pudiera congregar el partido que la acogió candidata.

En estas condiciones, es de esperar el triunfo de Aécio Neves en el venidero segundo turno de la elección presidencial a celebrarse el domingo 26 de Octubre. Para los cubanos, este triunfo representaría un paso adicional hacia la democratización de Cuba, porque quien esto escribe, fue interlocutor de una conversación entre Aécio Neves y una ilustre visitante cubana al Brasil durante 2013, cuando el candidato prometió, que si en estas elecciones resultaba electo como futuro presidente de Brasil “haría cambios sustanciales en las relaciones con la Cuba actual”.