Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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FOMO, o el miedo a perderse algo

Mariasol Pons
Guayaquil, Ecuador

FOMO es un acrónimo en inglés: Fear Of Missing Out o el miedo a perderse algo. Un fenómeno del siglo veintiuno.

Mariasol Pons
Guayaquil, Ecuador


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FOMO es un acrónimo en inglés: Fear Of Missing Out o el miedo a perderse algo. Un fenómeno del siglo veintiuno.

El FOMO es la sensación de perderse algo o alguien mejor de donde estamos o con quien estamos en ese momento. La particularidad de sentir que nos perdemos de algo, quizás, más interesante- la curiosidad- no es nueva; lo nuevo está en el acceso constante a internet que la tecnología presta y que lleva a la adicción de ver o leer lo que otros publican de sí mismos porque lo que nos está sucediendo no es suficiente.

Incluso podría ser por el simple hecho de querer estar “enterados” de lo que sucede en nuestro círculo social o resto del mundo. Tenemos herramientas para revisar la vida de los demás y este hábito se ha vuelto parte del comportamiento humano. El FOMO deriva del acceso perenne que tenemos a las redes sociales y toda la información que recibimos de ellas continuamente. Así surgen la ansiedad, las comparaciones malsanas, las envidias, las dudas en sí mismo, también el gusto por la felicidad de los demás, ganas de conocer un lugar nuevo o hasta enternecimiento por ciertas historias. En general, se manifiesta una sensación propia de insuficiencia donde se consulta el status de los demás 24/7. En el marco del FOMO, también lleva a perderse el concierto por estar grabándolo en su smartphone para luego subirlo al Instagram, porque su vida también debe ser envidiable.

En esa línea de ideas, la posibilidad ulterior de una espectacular conexión social se vuelve más importante que lo que estamos viviendo en este momento. Interrumpimos conversaciones cara a cara sólo para revisar nuestro whatsapp –entre otras redes- porque “nos podemos estar perdiendo de algo mucho mejor”. El punto no está en rechazar las redes sociales que sin duda tienen aspectos positivos, sino en aprender a manejarlos. Hacer conciencia y decidir qué tipo de relaciones sociales se quiere tener y vivir con eso. Según JWT Intelligence 3 de cada 10 personas sufren de este síndrome, mientras otra estadística sugiere que el 56% de los usuarios de las redes sociales experimenta esta sensación.

A continuación pongo un ejemplo gráfico de la problemática:

Estás en tu casa viendo una película que acabas de comprar y te morías de ganas de ver. Pides pizza y llegan dos amigos que han estado esperando ver la misma película que tú y que finalmente, verán hoy. Estás en jeans, medias y camiseta, cerraste la semana de trabajo o estudios y estas agotado, estás cómodo y feliz de poderte relajar. De repente, revisas tus cuentas de instagram-twitter-facebook y percibes que tu -hasta ahora- fantástico programa de viernes de noche es una tontera comparado con la cena fashion a la que va tu amigo, ni qué decir del viaje a la Riviera Maya que se está dando tu ex en bikini y para cerrar con broche de oro ves las fotos de la animadísima fiesta a la que va tu antiguo grupo de amigos en otra ciudad. Adiós a la emoción de ver la película, bienvenida la ansiedad, quizás la frustración y seguro la sensación de exclusión. Tú solamente verás una peli con tus amigos y de paso comerás tu pizza favorita. Quizás hasta acabas de volver de tus vacaciones y no quieres saber de hacer maletas pero por cinco minutos, en tu cabeza, tu paraíso de relax se derrumbó; sentiste que no estabas en nada.

La gente se pone ansiosa, se deprime de que no la hayan invitado a algo, se frustra de no poder pagar ciertas vacaciones pero no siempre se cuestiona el fondo de las imágenes. No todos pasan precioso en la fiesta ni todos tienen el dinero para pagar las vacaciones, y eso tampoco es nuevo. La novedad es que cada día el ser humano se desconecta más del aquí y el ahora para vivir de las ilusiones que recibe de las redes sociales. Casi como perseguir un fantasma. En el fondo es como un vacío que nunca se llena porque lo mejor está por venir, lo mejor está más allá, siempre lejos de donde estamos. ¿Por qué no disfrutar eso o ese alguien que tenemos al frente en vez de aferrarnos a la sensación de que nos estamos perdiendo de algo? ¿Cuánto de nuestro preciado tiempo estamos regalando compulsivamente subiendo fotos a las redes o mirando las de los demás?

Nuestra relación con la tecnología todavía está en pañales, va a tal velocidad que arrasa con todo, recibimos ese todo porque pensamos que somos capaces de asimilar la inmensidad de la información a la que nos exponemos. ¿Cree usted que asimila o escoge la totalidad de la información que recibe y los sentimientos que conllevan? O, por el contrario ¿siente en ocasiones que la velocidad y la cantidad de información le agreden?

Existe la percepción de que los chicos -léase niños y adolescentes- ya nacieron con el “chip” diferente y yo pregunto: ¿qué significa eso? La mayoría de los adolescentes viven pegados a los aparatos tecnológicos y entran en pánico cuando no hay conexión a internet, la desconexión implica que se están perdiendo del mundo –de su mundo-, yo también entraría en pánico si me estuviera perdiendo de mi mundo.

El hombre es un animal sociable por naturaleza, el problema está en la relación que se construye con los medios y no con las personas, o por lo menos esa es la tendencia dentro del contexto del FOMO. El criterio es esencial para dilucidar la diferencia, a los chicos hay que enseñarles aún cuando lo que enseñamos parece anticuado. La tecnología no es una extensión natural de la vida social si ésta interrumpe el disfrute de la vida per se. El FOMO comienza a permear las relaciones sociales en general así como la tendencia del comportamiento de las personas que tienen continuo acceso a ellas, es parte del sentido de pertenencia. Las redes sociales pueden ser muy divertidas y productivas. Si se reconoce conscientemente esa sensación de no pertenencia o ansiedad a la que me refiero, FOMO, entonces podrá escoger independizarse de esas malas vibras y sentirse un ser más completo.