Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Héroes del Comercio

Aparicio Caicedo Castillo
Guayaquil, Ecuador

El comercio es la paz. Escuché por primera vez esta frase hace muchos años. La dijo el siempre polémico Antonio Escohotado, el intelectual vivo que más admiro.

Aparicio Caicedo Castillo
Guayaquil, Ecuador


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El comercio es la paz. Escuché por primera vez esta frase hace muchos años. La dijo el siempre polémico Antonio Escohotado, el intelectual vivo que más admiro. No la comprendí entonces. Recién hoy logro digerirla en toda su hondura, gracias a su último libro: Los Enemigos del Comercio. Una Historia Moral de la Propiedad. Es el testimonio del boicot moral que por siglos han sufrido los comerciantes y emprendedores de todo tipo, por el solo hecho de buscar su propio beneficio.

La obra recorre miles de años, demuestra que el desprecio por la libertad individual y el lucro privado no es un invento reciente, nacido con el marxismo, sino una constante perpetua, una tara ideológica que se remota a Grecia, que se fermenta en la historia primero con pretextos espirituales y luego con ropajes cientifistas. El ser humano emprendedor, ambicioso, pese a ser el motor del progreso, siempre ha tenido que aguantar el rechazo de redentores, intelectuales y líderes mesiánicos. Hasta hoy.

Jesús Quintero, célebre entrevistador ibérico, ha llamado Escohotado el hombre más inteligente de España. Y yo creo que no exagera. Porque su obra es enciclopédica, aguda, multidisciplinar. Con prosa elegante, entra a la historia griega y romana, analiza pasaje bíblicos poniéndolos en contexto histórico, critica instituciones y prácticas medievales, transita de la Filosofía a la Economía, del Derecho a la literatura. Como si nada. Va de de Platón a Marx, de Saint Simon a Bakunin, de Victor Hugo a Bismarck: expone el pensamiento de todos ellos y el de muchos otros enemigos célebres del lucro privado, su biografía, sus errores conceptuales y también sus aciertos

La mejor enseñanza del libro: a pesar del eterno desprecio ideológico que desde el púlpito, la tarima o la cátedra se ha dirigido al emprendedor privado, al comerciante, a ese ser humano que intercambia pacíficamente valor, sin imponer nada a nadie, este siempre se las ha ingeniado para salir adelante. Y el mundo ha avanzado hacia el progreso cada vez que se deja rienda suelta, por buenas o por malas, al ánimo creativo de ese héroe de lo cotidiano que todos los días se faja para proveernos ropa, comida, autos, servicios, libros, lo que sea.

Sin duda el comercio es la paz, como dice don Antonio. Porque es lo contrario a la guerra, a la dominación, a la imposición violenta. El comerciante ofrece intercambios voluntarios, está obligado a crear valor para muchos, a pensar en qué quieren los demás que pueda ofrecer él a cambio. Y no es fácil, porque tiene que competir con miles como él. Por eso, como explica hoy la sicología evolutiva, el libre comercio ha sido un elemento pacificador de la humanidad, porque nos obliga a desarrollar la cualidad más importante para la coexistencia civilizada: empatía.

Por eso creo tan importante la presencia de este sabio en nuestra ciudad, urbe hecha del sudor de comerciantes, de emprendedores, de inconformistas dispuestos a arriesgarlo todo para cumplir esas ansias tan humanas de superación y lucro. Por eso creo tan oportuno que la Cámara de Comercio de Guayaquil lo haya invitado a dar una conferencia sobre este tema.

Como bien diría Antonio Escohotado: cuando los políticos duermen, dejando libres a esos héroes anónimos del comercio, la sociedad progresa, se pacifica.