Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Negociando bajo fuego

Alberto Molina
Quito, Ecuador

Hace un poco más de 2 años, el sólo anuncio del gobierno colombiano diciendo que se iniciaban diálogos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), para tratar de conseguir la paz, constituyó una buena noticia.

Alberto Molina

Alberto Molina
Quito, Ecuador


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Hace un poco más de 2 años, el sólo anuncio del gobierno colombiano diciendo que se iniciaban diálogos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), para tratar de conseguir la paz, constituyó una buena noticia; de inmediato la comunidad internacional dio su respaldo. Al mismo tiempo, existieron voces contrarias, especialmente dentro de Colombia, donde no faltaron voces de escepticismo, y con razón, ya que esfuerzos similares habían fracasado anteriormente.

Durante el gobierno de Julio César Turbay (1978-1982), se aprobó la Ley General de Amnistía y se derogó el Estatuto de Seguridad, este documento permitía, al menos, poner freno a las acciones de los grupos insurgentes. La mencionada Ley permitió que se crearan aparentes condiciones favorables para iniciar un proceso de “cese al Fuego, Tregua y Paz”, entre las FARC y el nuevo gobierno de Belisario Betancur (1982-1986); aunque hubo conversaciones, finalmente este esfuerzo fracasó.

Al llegar al poder, Virgilio Barco (1986-1990) creó la Consejería para la Reconciliación, Normalización y Rehabilitación de la Presidencia. En vez de una agenda de negociación amplia y abierta, quería negociar con la guerrilla únicamente el desarme y la posterior inserción a la vida política legal. La estrategia consiguió la incorporación de algunos grupos guerrilleros, entre ellos el M-19.

En 1991, durante el gobierno de César Gaviria (1990-1994), las FARC aceptaron dialogar en Caracas; luego, en marzo de 1992, se dieron los diálogos de paz de Tlaxcala (México), esto duró poco, se interrumpió el proceso, definitivamente, en octubre del mismo año.

Ernesto Samper, en su gobierno (1994-1998), propuso a las FARC negociar la paz, pero este grupo insurgente condicionó aceptar la propuesta siempre y cuando se hiciera un despeje militar del municipio de La Uribe, condición que el presidente Samper rechazó.

Aun siendo candidato a la presidencia, Andrés Pastrana se reunió con el jefe de las FARC, Manuel Marulanda, más conocido como “Tiro Fijo”, y anunció la disposición de dialogar con los insurgentes, anuncio que ratificó en el discurso cuando asumió el poder, el 7 de agosto de 1998.

El 14 de octubre, Pastrana estableció una zona de distención en el Caguán, reconoció el estatus político de las FARC y pidió la suspensión de las órdenes de captura que pesaban sobre los principales dirigentes de la guerrilla. Fueron 4 años de intensos diálogos y suspensiones de los mismos; incluso Pastrana sufrió un desplante de Marulanda, quien no llegó a una cita concertada, aduciendo que su presencia “enviaría el mensaje equivocado de que la paz estaba cerca”. La gota que derramó el vaso fue el secuestro de un avión, el 20 de febrero de 2002; los pilotos fueron obligados a aterrizar en la carretera, se liberó a casi todos los pasajeros, a excepción del senador Jorge Eduardo Gechem. Después de este hecho, Pastrana puso fin a los diálogos de paz; asimismo, les retiró el estatus político a las FARC y reactivó las órdenes de captura contra los dirigentes de la guerrilla.

Las FARC jamás tuvieron la voluntad de buscar la paz; durante los diálogos continuaron con los secuestros a través de las “pescas milagrosas”, extorsiones, los sabotajes a los oleoductos, ataques a unidades militares, los crueles atentados con los criminales “cilindros bomba”, etc., además salieron fortalecidos militarmente.

Con el fracaso de los diálogos con las FARC y el recrudecimiento de la violencia, el candidato a la presidencia Álvaro Uribe, férreo crítico de la zona de distensión y de los diálogos, resultó electo. Su principal propuesta: combatir frontalmente a la guerrilla. El Presidente Uribe, junto a su Ministro de Defensa, el actual presidente Juan Manuel Santos, propinó los más duros golpes a la narcoguerrilla. Con el “Plan Colombia”, y el apoyo de los EE.UU., Uribe desarticuló a las FARC y así perdieron el contacto entre los frentes; además, de los 18 mil insurgentes, en la actualidad solo cuentan con no más de 8 mil; a esto se suma la muerte de su fundador Manuel Marulanda y la eliminación y captura de sus principales cuadros como Raúl Reyes, Mono Jojoy, Alfonso Cano, Simón Trinidad, etc.
El Ministro de Defensa de Uribe, Juan Manuel Santos, reelecto presidente de Colombia gracias al ofrecimiento de continuar con los diálogos de paz con la narcoguerrilla de las FARC, hoy se encuentra en la encrucijada más compleja de su gobierno, sobre todo luego del secuestro del General Rubén Darío Alzate.

Suspendidas las negociaciones por parte del Presidente Santos, ahora los insurgentes tienen la audacia de marcar el compás de los diálogos, el jefe negociador de las FARC, Iván Márquez, condicionó la continuación de los diálogos a “rediseñar las reglas de juego porque… no puede estar sometido a ningún tipo de acciones precipitadas e irreflexivas que aplacen el advenimiento de nuestra reconciliación”; además señaló: “no podemos estar a expensas de los caprichos del gobierno, que cuando quiera suspende y cuando quiera continúa”.

¿Hay como confiar en quienes históricamente se han burlado del pueblo colombiano y que jamás han cumplido con la palabra empeñada? …El tiempo lo dirá.