Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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Pan para hoy

Walter Spurrier
Guayaquil, Ecuador

La súbita caída en 40 dólares del precio del petróleo, que reduce en unos $ 4 mil millones los ingresos del Estado, obliga al Gobierno a adoptar un paquetazo tributario, no en la forma de impuestos al consumidor, sino de mayor carga tributaria para el sector empresarial.

Walter Spurrier
Guayaquil, Ecuador


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La súbita caída en 40 dólares del precio del petróleo, que reduce en unos $ 4 mil millones tanto las exportaciones petroleras como los ingresos del Estado sumados el Tesoro Nacional y Petroecuador, obliga al Gobierno a adoptar un paquetazo tributario, no en la forma de impuestos al consumidor, sino de mayor carga tributaria para el sector empresarial.

Una reforma tributaria es inevitable parte del conjunto de acciones para afrontar el impacto de la caída de los ingresos fiscales, ya que el Estado no ahorró para las vacas flacas.

Las medidas buscan desarticular escudos fiscales, lo cual es comprensible. Pero de una primera lectura saltan a la vista algunas disposiciones a todas luces desproporcionadas.

Primero: se elimina la exención del impuesto a la renta al ingreso producto de la venta ocasional de acciones o participaciones de compañías. Quien funda una empresa que constituye como compañía, la trabaja y después de muchos años la vende, tiene que declarar la totalidad del valor de la venta como ingreso, lo cual equivale a un gravamen de 30% sobre el valor de la venta.

Se trata de una reacción a la tendencia de los últimos dos años a que empresas extranjeras compren empresas nacionales. El fisco quiere su parte del beneficio. Pero el mecanismo es exagerado, desestimulará la venta de empresas, y amenaza con terminar con el mercado de valores, ya golpeado por el cobro a los accionistas de las deudas al Estado de la empresa en la que invirtió.

Lo que cabe es adoptar legislación de países con mercado de capitales desarrollado, para gravar las ganancias de capital. O sea la utilidad, y no el valor de la venta.

Segunda: se complica y endurece el tratamiento tributario al banano, encaminado a duplicar los ingresos por concepto del anticipo al impuesto a la renta. Esto en momentos en que el Ecuador depende en gran medida de mercados como el ruso, golpeado más que el ecuatoriano por la caída del petróleo, y del Medio Oriente, en caos con el surgimiento del Estado Islámico que tiene partidos a Siria e Irak. En el 2015 se abre la brecha entre el arancel que pagan Colombia y Centroamérica en Europa y el más elevado que paga Ecuador.

Tercero: se crea el impuesto mensual a la tenencia de inversiones en el exterior por bancos y empresas que integran el mercado de valores. Hasta ahora solo se gravan los fondos, no las inversiones. Con ello, el monto que los bancos pagan como impuestos superará ampliamente al monto que queda a los accionistas para capitalizar o repartir. Se da una virtual estatización de las utilidades bancarias, lo cual es mucho más provechoso para el Estado que estatizar la propiedad. Quien goza de las utilidades es el Estado y quienes corren con la responsabilidad por el manejo son la administración y los accionistas.

Este complejo paquete tributario debió ser sometido a un cauteloso ensamblaje por parte de las autoridades y merece el escrutinio minucioso de la legislatura. Porque si bien las recaudaciones subirán de manera inmediata, el debilitamiento del sector productivo afectará negativamente a los ingresos fiscales en los años siguientes.

El texto de Walter Spurrier ha sido publicado originalmente en El Universo.