Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Nuevo escenario petrolero

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido

No voy a entrar en el ejercicio de intentar predecir el precio del petróleo, pues se trata quizás del bien más volátil y cuyo precio suele estar vinculado no solamente a la demanda y oferta internacional, sino también a eventos geopolíticos que hace que la predicción de su precio sea extremadamente difícil.

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido


Publicidad

No voy a entrar en el ejercicio de intentar predecir el precio del petróleo, pues se trata quizás del bien más volátil y cuyo precio suele estar vinculado no solamente a la demanda y oferta internacional, sino también a eventos geopolíticos que hace que la predicción de su precio sea extremadamente difícil.

Sin embargo, si podemos imaginar un escenario. Hace poco días leía en el Financial Times un análisis sobre el papel que estaba jugando Arabia Saudita y lo debilitada que se encuentra la OPEP; Arabia Saudita es el mayor productor de petróleo, el mayor exportador y posee cerca del 25% de las reservas de crudo, es adicionalmente el único país que tiene la infraestructura para incrementar su producción en 2 millones de barriles diarios en cuestión de pocos días. Todo esto lo convierte junto con EE.UU en uno de los principales actores en el mercado. Pero ¿qué quiere Arabia Saudita? Según autoridades de dicho país, se sienten cómodos con que sea el mercado y ya no la OPEP la que decida el precio, y un barril de petróleo entre 50 y 60 dólares no es un problema dado su bajo costo de producción y las grandes reservas monetarias acumuladas.

Asumiendo este escenario, ¿Cuál es el impacto que tendría en Ecuador? Lo primero que habría que decir es que en dicho escenario nuestro petróleo estaría entre 40 y 50 dólares, considerando el castigo por la calidad de nuestro crudo. El primer impacto sería en nuestras exportaciones, donde el petróleo ha significado entre 50% y 55% del total en años recientes. Aunque este nivel es muy importante, está claramente por debajo del de Venezuela (>90%) o Rusia (70%) y se encuentra alineado con el peso que tienen el petróleo y el carbón en Colombia, el cobre en Chile o los metales en Perú, etc. Afortunadamente nuestras exportaciones no petroleras se están comportando de manera positiva y cerraran el 2014 en torno a los $12.500 millones. Entre 2006 y 2014 las ventas de varios productos de exportaciones se han multiplicado por 2, 3 y hasta 4 veces, por ejemplo: camarón, cacao, atún y otros productos del mar, flores, etc. Evidentemente esto no significa que una caída del precio del petróleo no tenga impactos en nuestras exportaciones, pero a diferencia de otros países productores de petróleo, el Ecuador tiene otras opciones que están creciendo y ayudarán a atenuar la caída del petróleo.

El segundo impacto importante de una caída del precio del petróleo es el fiscal, aquí vemos que hay buenas y malas noticias. La buena noticia es que en los últimos años la recaudación tributaria se ha incrementado y es hoy la principal fuente de ingresos para el gobierno ecuatoriano, aquí hay que destacar que países menos dependientes del petróleo en sus exportaciones, son más dependientes en materia fiscal, por ejemplo México. La mala noticia es que el petróleo financia gran parte de las inversiones públicas que realiza el país, lo que implica que a menos ingresos petroleros, tendremos menos inversión pública y por ende menor crecimiento.

El siguiente impacto es el energético. Absurdamente Ecuador ha mantenido durante décadas una matriz energética enfocada en los combustibles fósiles, más de la mitad de la energía se produce con derivados de petróleo y aunque el precio de estos se reduciría con la reducción del precio del barril, sigue siendo un gasto enorme para el país y un desperdicio de recursos dada la disponibilidad de otros tipos de energía.

Suponiendo un nuevo contexto de precios entre 40 y 50, surge la pregunta, ¿qué ha hecho el gobierno para enfrentar este escenario? Empecemos por lo destacable, sin duda el mayor acierto del gobierno es el cambio hacia la energía hidroeléctrica, el dejar de importar combustible fósiles para producir electricidad nos hará menos dependientes del petróleo y nos ahorrara ingentes cantidades de dinero que contribuyen al déficit fiscal y deterioran nuestra balanza comercial. En el plano fiscal, el incremento de la recaudación tributaria es también un acierto que permite al país cubrir sus gastos corrientes con ingresos corrientes, y depender menos de los ingresos petroleros. Otro acierto ha sido la repotenciación de la refinería de Esmeraldas, pues permitirá producir más derivados y reducir importaciones, lo que contribuye a la balanza comercial.

Los errores del gobierno de cara a este escenario son básicamente dos, uno por acción y otro por omisión. El primero se refiere a la incapacidad de motivar al sector privado a invertir en conjunto con el sector público. La ambiciosa agenda de inversiones del Ecuador en los últimos años ha sido positiva, sin embargo lo habría sido aún más si parte de esas inversión hubieran recaído en el sector privado y no únicamente en el Estado. Esto habría hecho que el crecimiento del Ecuador no fuera tan dependiente del sector público y menos susceptible a una caída del precio del petróleo. El segundo error no es responsabilidad únicamente del gobierno actual y por el contrario es una pesada herencia que llevamos décadas cargando, el subsidio de los combustibles se come una parte importante de los ingresos petroleros. Por razones fiscales, medioambientales, sociales y de balanza comercial, el Ecuador debe reducir los subsidios a los combustibles.

No podemos esperar siempre precios del petróleo por arriba de $100, pues no es sostenible y debemos aprender a vivir con precios más modestos. Esto no significa que un escenario de precio del petróleo de entre 40 y 50 dólares sea el fin del mundo o que el país tenga que entrar en una crisis, aunque evidentemente tendrá un impacto en varios frentes en el país y podemos esperar menor inversión y crecimiento. En el lado positivo, también podría ser un fuerte incentivo para corregir errores propios y heredados por parte del gobierno.