Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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EE.UU., Cuba y la RC

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador

En el futuro inmediato, la decisión de Obama y de Raúl Castro de normalizar las relaciones entre Cuba y los EE.UU, implicará un fuerte cambio en toda América Latina. Ecuador no será la excepción. Es el tardío cierre de página de la Guerra fría en la región. El fin del bloqueo será el corolario de esta historia.

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador


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En el futuro inmediato, la decisión de Obama y de Raúl Castro de normalizar las relaciones entre Cuba y los EE.UU, implicará un fuerte cambio en toda América Latina. Ecuador no será la excepción. Es el tardío cierre de página de la Guerra fría en la región. El fin del bloqueo será el corolario de esta historia.

Enraizado con fuerza en nuestros países desde hace más de un siglo, el discurso antiimperialista (no solo fue de izquierda, también fue de derecha) tuvo un repunte a partir de los años sesenta en gran medida asociado a la política norteamericana hacia Cuba. ¡Cuba asediada y que resistía! Con el acuerdo Obama-Castro aquel discurso se queda, de la noche a la mañana, sin piso, se convierte en arcaísmo. En lo inmediato nada lo reemplazará. La Venezuela chavista, con el impresentable Maduro a la cabeza, no tiene ni la tradición, ni la influencia de la Revolución Cubana como para dar un nuevo sustento ideológico de aquel discurso. Un capítulo del antiimperialismo latinoamericano llega a su fin.

Obama y Castro han hecho gala de pragmatismo: Cuba necesita de los EE.UU., y éstos saben que mantener la vieja política no conduce a nada, no da votos, ni permite hacer negocios. Ese pragmatismo tiene un lado oscuro. Todo aquello que implique derechos humanos, libertades, medioambiente, etc., debe dejarse de lado. Es la hora de los tratados comerciales, de abrir el mundo a las inversiones, a los mercados. La negociación de la UE con Cuba va en esa dirección y el pragmatismo de Obama lo reafirma. Derechos, libertades y medio ambiente no deben formar parte de ninguna negociación. Puesto que todos los estados tienen las manos manchadas de sangre y los acuerdos ambientales chocan con sus intereses estratégicos, es mejor dejar el tema en el desván.

En cuanto a derechos humanos, es un hecho del pasado la presencia en el escenario internacional de un Jimmy Carter con una agenda en la que aquellos eran un aspecto clave. Es necesario reconocer que fue un aliado importante en la lucha contra las dictaduras del Cono Sur, más allá de los discursos y sentimientos antiimperialistas.

En este contexto, se debe analizar la bofetada a la cooperación alemana por parte de Patiño y de RC. El Yasuní no sólo es un lugar privilegiado de la biodiversidad, hoy en grave riesgo, es también el emblema mundial de una ética frente al medio ambiente y por último, casa adentro, es el símbolo de una «democracia en extinción», como reza el lema de Yasuníos. Permitir que ojos ajenos e influyentes constaten lo que pasa en Yasuní es avivar el fuego de la resistencia. En consecuencia, oponerse a la visita de la cooperación alemana es una bravuconada que esconde miedo.

Que no llame la atención que el gobierno de la RC deseche la cooperación alemana para el medio ambiente, es una cooperación incómoda, pues hace preguntas. Prefiere la opción Qatar que esclaviza trabajadores y que nada pregunta y por supuesto la China que tiene larga experiencia en silenciar opositores. Más allá de eso, en el contexto del pragmatismo de la política internacional, la bravuconada contra la cooperación alemana no afectará las negociaciones con la UE.

¿Y que pasará con las relaciones con EE.UU? Con Cuba abierta a la negociación con EE.UU., y viceversa, no debería llamar la atención que sin la avidez torpe de Lucio Gutiérrez con su deseo de convertirse en el mejor aliado y amigo de los EE.UU., la RC comience a buscar un acercamiento al país del norte y mejorar las relaciones. Una razón es la debacle de los precios del petróleo. De lo que he podido leer no se trata de una caída coyuntural seguida de una recuperación rápida hasta los niveles de los años recientes. En vacas flacas se requiere de mucho apoyo externo, más aún ahora que no existe un interés real en preguntar cómo se gobierna internamente.

Así las circunstancias, ¿podrá el canciller Patiño seguir dando portazos a quien se atreva a preguntar por lo que sucede casa adentro, incluido el desalojo de la CONAIE, la reelección indefinida, el estrangulamiento de la justicia, la subordinación de la función electoral a los intereses de AP y el mismo Yasuní? Tal vez sí. Por contradictorio que parezca hombres como Patiño son funcionales (en el lenguaje del redivivo socialismo real) a los intereses de la minoría gobernante dentro de AP y a los que tienen la sartén del gobierno en sus manos. ¡El show de gobierno «progre» debe continuar! Y el discurso antiimperialista, también. Pero: ¿Qué más «progre» que los verdes de Alemania? Patiño es la incómoda y necesaria voz altisonante de la «izquierda» del gobierno convertida en la justificadora de lo injustificable, en la telonera de los fusilamientos mediáticos sabatinos y de la política del espectáculo que inauguró Bucaram con Los Iracundos y que RC continúa con Pamela Cortés.

Todo lo dicho lleva a una conclusión: en tiempos de pragmatismos en la política internacional, la defensa de los derechos fundamentales en Ecuador, de las libertades, de la democracia y del medio ambiente dependerá única y exclusivamente de lo que los ecuatorianos podamos hacer casa adentro. Por cierto ecuatorianos con apellidos castellanos, kichwas, italianos, libaneses, etc. etc, etc., de cualquier orientación sexual, género y creencia religiosa.