Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Moral Quiteña

María Dolores Miño
Quito, Ecuador

Para decir que una ciudad ha salido del subdesarrollo no es suficiente contar con una oferta decente de bares y restaurantes, tener carreteras, o Función Judicial con computadores de última generación.

María Dolores Miño

María Dolores Miño
Quito, Ecuador


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Para decir que una ciudad ha salido del subdesarrollo no es suficiente contar con una oferta decente de bares y restaurantes, tener carreteras, o Función Judicial con computadores de última generación. Digo, por si alguno de ustedes cree aún que por estas cosas Quito es un ejemplo de modernidad. No se engañen, acá seguimos en el medioevo para todo lo que es verdaderamente importante.

Es impresionante como en pleno siglo XXI un letrero en la carretera pueda causar más revuelo que cualquier acto de corrupción o arbitrariedad. Obviamente, hay que reconocer que poner la palabra “Puta” en letras gigantes no es algo que la gente pueda simplemente ignorar; esa era justamente la idea. Pero ustedes quiteños de tradiciones, moral y religión incorruptibles, no cacharon nada.

La persona que tuvo la iniciativa de hacer esta campaña sobreestimó a quienes recibirían el mensaje. Posiblemente asumió que ustedes sabrían que se trataba de una iniciativa para combatir la violencia de género con una consigna parecida a la de la famosa “Marcha de las Putas” que se realiza en varios países del mundo, incluyendo éste. El problema fue que la mayoría no tiene idea de que existe ese y muchos otros movimientos a nivel mundial para promover los derechos de la mujer, porque estos temas les suelen parecer aburridos o raros. Mejor ver el fútbol o el “Combo Amarillo”.

La persona que hizo la campaña probablemente pensó que si alguien no entendía el mensaje al menos se molestaría en averiguar en qué consistía ésta. Error. Porque ustedes se adelantaron a sacar cualquier tipo de conclusiones, menos obviamente, la que era. Unos decían que era una blasfemia poner cruces rosadas para “defender a las prostitutas”. Se olvidaron que el Jesús de quien tanto hablan era amigo de las prostitutas de su tiempo, claramente. Decían otros que “acostarse con el que una quiera no es ser dueña de su cuerpo, es inmoral”. Se olvidaron también que vivimos en un Estado de derechos que además es laico, donde las conductas de las personas no están sujetas a los preceptos morales de algunos, ni a los mandatos religiosos de nadie.

Me encantaría ver este nivel de indignación (con campaña en change.org y todo) cuando muere una Karina del Pozo de las tantas que han habido últimamente, o cuando un violador permanece prácticamente impune por tener un pariente en un alto cargo público. Me gustaría que salgan a defender los valores de la familia cuando las mujeres son mutiladas por sus maridos alcohólicos y maltratadores, o que se escandalicen cada vez que un padre irresponsable abandonan a sus hijos y dejan a la madre solas en la titánica tarea de criarlos y mantenerlos. Pero no, de esto ustedes no dicen ni pío.

En su defensa puritanos quiteños, hay que reconocer que a la campaña le faltó apoyo mediático. Unos cuantos spots de radio y televisión hicieron falta para explicarles porqué en esta ciudad es necesario una campaña contra la violencia de género. Explicarles que la palabra “puta” que ven en el letrero busca que las mujeres nos reapropiemos de una expresión que tradicionalmente ha servido para humillarnos y para someternos, para avergonzarnos de nuestra libertad, de nuestro cuerpo y de nuestros deseos. Explicarles que es necesario quitarle a la palabra “puta” ese poder que por siglos ha tenido para anularnos y para imponernos estándares de conducta que a los hombres no se les impone. Y si no me creen, díganme, ¿cuándo fue la última vez que alguien se indignó por que un hombre estaba tomando en el bar con sus amigos? ¿Cuándo la moral de un hombre es cuestionada por la ropa que usa, por el alto de sus zapatos o por la cantidad de relaciones sexuales que ha tenido en su vida? ¿Alguna vez a un hombre se le pregunta si aun es virgen? ¿Cuántos hombres han sido asesinados “por estar en una discoteca después de medianoche” o “por usar ropa apretada?” La respuesta: ninguno. Sin embargo para las mujeres, estas son cosas de todos los días.

Entonces, queridos quiteños, hasta que nosotras podamos vivir libres de estereotipos y de violencia, y hasta que al menos podamos caminar a la tienda sin ser víctimas de acoso callejero, este tipo de campañas no solo serán aceptables, sino necesarias. En lo que respecta a su capacidad de indignación, sería bueno que la canalicen hacia las múltiples violaciones de derechos humanos, actos de corrupción y arbitrariedades que se comenten en este país a diario, cosas que sí son mucho más inmorales que las palabras, letreros, minifaldas, anticonceptivos, o cantidad novios que ha tenido la vecina que a muchos de ustedes les quita el sueño.