Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Unasur calla y otorga

Martina Vera

Martina Vera Pérez
Madrid, España


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Las malas noticias no tardan en cruzar el Atlántico. En la agenda Europea, la violación a los derechos humanos en Venezuela, ocupó posición prioritaria la semana pasada. Aún así, los vecinos de América del Sur, evitan hablar del tema y cuando al fin lo discuten, presentan resultados esquivos.

Indignación Internacional: Vergüenza Regional

Mariano Rajoy, Presidente de España, recibe a la mujer del preso político y alcalde de Caracas, Antonio Ledezma. Simpatiza con su causa y condena en público el aprisionamiento del alcalde. El Parlamento Europeo también emite una resolución en la que insta a Nicolás Maduro a liberar a sus presos políticos. Semanas antes, Obama califica al gobierno de Maduro como “una amenaza a la seguridad de su país” e impone sanciones económicas a funcionarios involucrados en violación de DDHH y casos de corrupción. ¿Qué réplica amerita la presión internacional en el gobierno de Maduro y el de sus vecinos? Una reacción vergonzosa en materia humanitaria por parte de ambos bandos.

Cuando el río suena, piedras lleva…

Doce Cancilleres de UNASUR, catalogan la actitud de EEUU y la UE como una “injerencia extranjera” en asuntos venezolanos, tras una jornada de diálogo en Quito. Aprovechan también, para hacerse de la vista gorda a la sustancia real de aquellas “injerencias”: la violación a los derechos humanos en Venezuela. Prueba de ello es que, tras el encuentro del organismo, nuestro canciller alega que en Venezuela, no hay presos políticos, sino personas procesadas por otro tipo de delitos, tema que la organización “supervisa”.

¿Se le pasó a la Unasur, entonces, supervisar los 3.000 detenidos de las protestas del 2014 en Venezuela? ¿Se le olvida también, contabilizar a los 120 presos que la ONG Foro Penal registra, cumplen condena o son procesados por casos de violencia política en ese país hoy en día? La amnesia es recursiva, pero la Unasur debe recordar que cuando el río suena, piedras lleva. Aunque los gobiernos de América del Sur hagan oídos sordos al estruendo, los ciudadanos, no perdemos el sentido auditivo.

Tampoco se vuelven sordos los propios presos. Así lo demuestra el lamentable suicidio de Rodolfo Gonzáles, preso político de 64 años, que se quita la vida cuando le informan que lo movilizarán a la cárcel de Yares, una de las prisiones más peligrosas del país. La ONG Foro Penal alega que el Ministerio de Servicios Penitenciarios preparaba dicho traslado para 20 presos, sin autorización del tribunal. De acuerdo a esa misma fuente, de los 120 casos existentes, varios culminan con sentencias dudosas y en juicios en curso, no se permite a la defensa presentar testigos. Véase como ejemplo el juicio actual al opositor Leopoldo López. De tanto volverse esto rutina, termina pareciendo normal. Día a día nos acostumbran a la represión.

El clan de los ciegos, sordos y mudos

En medio de tan ensordecedor estruendo, es vergonzosa la reacción de los gobiernos de América del Sur, con la vaga excepción de Colombia, que juegan el papel de ciegos, sordos y mudos. No bastó con hacerse los desentendidos en el 2014, cuando las protestas en ese país se saldaron con 43 muertes, 800 heridos y más de 3,000 detenciones. Hoy, se perpetúa una conducta evasiva en relación a los 120 presos políticos del Gobierno. Esa, es una actitud que no amerita una etiqueta de izquierda ni de derecha, sino que únicamente puede catalogarse de “inhumana”.

Quien calla otorga

¿Cómo nos explicamos la parsimonia de los gobiernos del continente ante la humillación al pueblo venezolano? Simple, aquellos gobiernos que callan, lo hacen porque bailan, en más de un ámbito, el tango chavista en su propio territorio y creen que echarle leña al fuego, puede causar su propia quema. Ese criterio es incierto y negligente; lo dice firme y seguro el Premio Nobel Mario Vargas Llosa, en un artículo publicado por el diario El País. Señala que hacerse los de la vista gorda, les pasará a esos gobiernos facturas más altas que las que pueda ameritar una condena, de forma pasiva, al irrespeto a los derechos humanos del gobierno venezolano. “No se dan cuenta que su traición a los ideales democráticos abre las puertas a que el día de mañana sus países sean también víctimas de ese proceso de destrucción de las instituciones y las leyes que está llevando a Venezuela al borde del abismo”, dice Vargas Llosa. Quien calla otorga. Ya sabemos quiénes son.