Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Que les vaya bonito

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Lo que habría que preguntarse es por qué el año pasado Perú recibió diez mil millones de inversión extranjera directa y Colombia diecisiete mil millones, mientras que Ecuador acogió, desde el año 2007 hasta el 2013, solamente tres mil seiscientos cincuenta y tres millones de dólares.

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador


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Lo que habría que preguntarse es por qué el año pasado Perú recibió diez mil millones de inversión extranjera directa y Colombia diecisiete mil millones, mientras que Ecuador acogió, desde el año 2007 hasta el 2013, solamente tres mil seiscientos cincuenta y tres millones de dólares. Parte del capital invertido en Perú y Colombia es de propiedad de ecuatorianos. Evidentemente estamos haciendo algo mal y eso es lo que el gobierno tiene que notar. No es suficiente declarar que ahora sí somos un país que recibe inversión extranjera, sino que se deben dar señales claras para que el dinero venga y se quede.

Al contrario de los que los funcionarios creen, el dinero no tiene bandera. Un decreto o la sonrisa de un ministro no atraen a los inversionistas. El dinero va donde lo tratan mejor. Se dirige hacia aquellos lugares donde se siente seguro y es posible lograr rentabilidad. Para ello se requieren reglas del juego estables en el tiempo, respeto el derecho de propiedad y flexibilidad laboral. Un ministro llegó a decir que él sí invierte en el Ecuador porque es un patriota. Pobre.

Para fortalecer la dolarización no se requieren cupos, restricciones, sobretasas, más aranceles o salvaguardias. Ningún país que adoptó medidas proteccionistas logró crecer. La solución tampoco es comprar menos, sino vender más. Las salvaguardias aniquilan las cadenas de producción. Si no me cree, analicemos la economía venezolana.

Para atraer dólares al Ecuador se precisa fomentar la inversión extranjera, el turismo receptivo y las exportaciones mediante acuerdos de libre comercio que permitan al empresariado ampliar sus mercados.

Las salvaguardias incrementan el precio de los productos, afectando a los consumidores y la competitividad. La sustitución de las importaciones es un modelo fracasado que ya se probó en el Ecuador de los años setenta. La falta de industrias que permitan satisfacer la demanda, sumadas a las restricciones al comercio impuestas por el gobierno, generan oligopolios. Cuando usted visita un centro comercial de los Estados Unidos, verá que casi ningún producto es fabricado en ese país. Tal vez fue diseñado allí, pero se elaboró en un tercer país, con costos más bajos. Se comercializa dentro y fuera de los Estados Unidos. Lo importante son los derechos de propiedad sobre la marca y que esta cotice en la bolsa de valores.

El comercio es fundamental. Los productos fabricados en o fuera del Ecuador serán vendidos por comerciantes. El comercio es la segunda actividad más importante de la economía. Dos de cada diez trabajadores se dedican a actividades comerciales. Aporta algo más de diez mil millones de dólares anuales. Ojalá el gobierno revea estas medidas y las deseche, para que “les vaya bonito”, como cuando ahuyentó a la inversión extranjera en el pasado. No es posible que los ministros cuenten con los dedos de las manos las empresas que invirtieron en el país.

(O)