Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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El gobierno no afloja la nutella

Luis Fernando Ayala
Guayaquil, Ecuador

Si justicia es dar a cada cual lo que le corresponde, con las nuevas salvaguardas el gobierno ha cometido una grave injusticia con los ecuatorianos.

Luis Fernando Ayala
Guayaquil, Ecuador


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Si justicia es dar a cada cual lo que le corresponde, con las nuevas salvaguardas el gobierno ha cometido una grave injusticia con los ecuatorianos. La decisión de imponer una nueva sobretasa arancelaria a una gran cantidad de productos de consumo que ingresan al país representa un grave golpe a la capacidad adquisitiva de la población. Es como si los consumidores ecuatorianos estuviéramos siendo castigados por alguna falta. El problema es que esa falta la cometieron otros.

La pregunta que cabe ante una situación tan extrema como la que ha llevado al gobierno ecuatoriano a gravar hasta en un 45% adicional a los productos que ingresan al país es: ¿cómo llegamos a esto? La respuesta del gobierno es muy sencilla: el derrumbe del precio del petróleo ha provocado una caída en el ingreso de divisas, por lo que se hace imperativo limitar la salida de las mismas.

Cuestionado sobre su propia responsabilidad en la crisis actual, el gobierno en su estilo más característico, acusó de “no haber entendido nada” a quienes sostienen que su política fiscal nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos. “El problema no es fiscal, es externo”, han repetido a coro el presidente y sus ministros. Lamentablemente las cifras no les dan la razón.

De acuerdo a los datos publicados por el Banco Central, entre 2007 y 2013 el consumo privado creció en términos reales a una tasa promedio anual del 3,9%, mientras que en el mismo periodo el gasto de consumo del sector público lo hizo a una tasa del 9%; es decir que el consumo público creció más del doble que el consumo del sector privado. Si la economía ha crecido a un ritmo del 4,7% anual durante este gobierno, era evidente que el exceso en el crecimiento del gasto público se traduciría en un incremento más acelerado en las importaciones. Las cifras lo confirman: entre 2007 y 2013 las importaciones crecieron al 5% anual en precios constantes; mientras que las exportaciones crecieron apenas 1,7% en el mismo periodo. Nuestro problema externo es provocado en gran parte por una mala política fiscal.

El gobierno ha pretendido estigmatizar a quienes han alzado su voz para protestar ante estas medidas, acusándolos de estar preocupados porque ahora van a tener que pagar más por la nutella y otros bienes que consideran suntuarios; negando de esta manera que los pobres vayan a ser afectados. Desconoce o pretende desconocer que muchos de esos bienes gravados, constituyen materias primas para la elaboración de productos de consumo masivo. Es el caso de los tomates importados que son utilizados en la elaboración de la salsa de tomate, y que no pueden ser sustituidos por tomates nacionales debido a que no tienen las características requeridas. Esto por citar tan solo un ejemplo.

Aún más grave y doloroso resulta leer las declaraciones de funcionarios del régimen, quienes aconsejan a los ecuatorianos retrasar la compra de bienes de consumo duradero por 15 meses (el tiempo que estiman se mantendrán la salvaguardas); como si la decisión de comprar o no una computadora para una familia con hijos en edad escolar, pudiera asimilarse a la decisión de irse de vacaciones a Europa ahora o en un año y medio más. Pareciera que ocho años en el poder les han hecho perder el contacto con la realidad de la mayoría de los ecuatorianos.

Aunque que la caída del precio del petróleo representa un shock para la economía ecuatoriana, es evidente que el modelo estatista que ha llevado adelante el correísmo nos ha dejado aún más expuestos a sus efectos. Queda claro que quién se ha comido la nutella del gasto durante estos ocho años ha sido el gobierno y que no está dispuesto a renunciar a ella; por eso resulta una tremenda injusticia que seamos los consumidores los que tengamos que pagar la factura, viendo restringida aún más nuestra libertad económica.