Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Prensa corrupta

Alberto Molina
Quito, Ecuador

No hay país en donde impere el totalitarismo que no persiga a la prensa libre.

Alberto Molina

Alberto Molina
Quito, Ecuador


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No hay país en donde impere el totalitarismo que no persiga a la prensa libre; la prensa libre se convierte en su “enemiga” a destruir por cualquier medio, ya sea creando leyes que la amordacen o directamente, por cualquier motivo: cerrando diarios, revistas, emisoras, canales de TV. y amendrentando a los periodistas a través de la cárcel o asesinándoles.

Si bien es cierto, el súmmun de la persecusión a la prensa libre fue la Alemania nazi de Adolf Hitler. No obstante de haber pasado por esa experiencia traumática hace más 70 años, en muchos países, especialmente en Latinoamérica, se siente que se está reestaurando esta persecusión fascista.

Hitler estába bien claro en el valor de la prensa y la forma cómo debía manejarla como instrumento político para sus fines protervos. En Mein Kampf (Mi lucha), la biblia del nacionalsocialismo, escribió: “La prensa caballeros, hábilmente manejada, puede ejercer una influencia enorme. Es el más poderoso medio para lograr cualquier fin…”.

La orientación del trabajo periodístico según las directrices del partido y del propio Hitler, a través de la selección de la información, destacando ciertas noticias por un lado y suprimiendo o desfigurando otras. Se organizó en forma centralizada, todo lo relacionado a la prensa, a través del Ministerio de Propaganda. El “sistema Goebbels” para formar la opinión, era envolviendo al pueblo en vapores embriagadores y lo aislaba casi totalmente del resto del mundo y de los acontecimientos reales. Por eso el hombre sencillo de la calle sólo podía conocer las cosas, los acontecimientos y a los líderes del gobierno fascista, sobre todo durante la guerra, a través de la perspectiva completamente desfigurada del pensamiento de Goebbels.

Con motivo del nombramiento del director de la sociedad radiofónica de Alemanía, un joven de 28 años, Goebbels proclamó la ocupación total de la radiodifusión alemana; en su discurso, señaló: “Puesto que nuestro movimiento supone un cambio de mentalidad en muchos aspectos, no es justo que las personas que representan el régimen anterior, sean ahora los portavoces de la nueva ideología. Nuevos tiempos requieren nuevos hombres y, con ellos, nuevas ideas. He estudiado muy minuciosamente las cualidades que debe reunir el nuevo personal de la radiodifusión, especialmente el de los puestos de importancia. Finalmente he llegado a la conclusión de que las reformas necesarias sólo pueden ser realizadas por militantes nacionalsocialistas. Tampoco niego haber seleccionado a los hombres, en cuyas manos he puesto de lleno mi confianza y he señalado un bien determinado camino a seguir, mientras se rijan según esta línea, pueden estar seguros de mi confianza”.

En conclusión, en la era nazi, la prensa nunca pudo ejercer la libre expresión de opiniones, sino sólo el uniformado instrumento de ejecución de una dictadura totalitaria y sin escrúpulos.