Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Cuidado lo dejan solo y termina estrellando el avión

Por Carlos Jijón
Guayaquil, Ecuador

“Relatos Salvajes”, el laureado filme nominado al Oscar 2015 a la Mejor Película Extranjera , empieza con la historia de un comisario de vuelo que se ha encerrado en la cabina del piloto en pleno viaje de un avión comercial, con la intención de suicidarse estrellando la nave con todos los pasajeros a bordo.

Por Carlos Jijón
Guayaquil, Ecuador


Publicidad

“Relatos Salvajes”, el laureado filme argentino nominado al Oscar 2015 a la Mejor Película Extranjera, empieza con la historia de un comisario de vuelo que se ha encerrado en la cabina del piloto en pleno viaje de un avión comercial, con la intención de suicidarse estrellando la nave con todos los pasajeros a bordo. La he visto recién la noche del sábado y me he estremecido ante la similitud de lo ocurrido con el vuelo de Germanwings que hace dos semanas se estrelló en un lugar de los alpes franceses por la decisión suicida del copiloto, un tal Andreas Lubitz.

Como todo el resto de la película, una selección de seis cortos de dura comedia negra, escritos y dirigidos por el cineasta Damián Szifron, “Pasternak”, el primer corto, es la desopilante historia de un hombre joven que ha decidido vengarse de una vida de humillaciones y complejos, estrellando el avión del que ha tomado el poder, llevando a bordo a todos aquellos que algún momento de su atormentada infancia y adolescencia le hicieron daño.

Como Lubitz, el copiloto alemán que estrelló el Airbus 320 la semana pasada, Gabriel Pasternak, el personaje del filme, ha querido pasar a la Historia y ser recordado para siempre. Pasternak es músico y soñaba con obtener la gloria. Se lo ha impedido la opinión implacable de un crítico mediocre y petulante que va en el vuelo y que de pronto descubre horrorizado que todos sus compañeros de viaje están relacionados con el hombre cuya vida ha frustrado, justo minutos antes de que la nave empiece a perder altura.

La escena del momento en que el antiguo siquiatra de Pasternak golpea desesperadamente la puerta de la cabina, diciéndole que los culpables de sus complejos son sus padres, y rogándole a gritos que la abra es pavorosamente similar a la que se describe de las conversaciones grabadas del vuelo de Germawings. “¡Por Dios, abre ya la maldita puerta!” solo segundos antes de que la nave esté a punto de estrellarse a tierra contra una pareja de viejos cuya imagen queda congelada para que empiecen a salir los créditos del filme.

Que la realidad hubiera copiado a la realidad ya es suficientemente pasmoso. Que la realidad copie a la ficción resulta inconcebible. Lo escribió Borges, en palabras más o menos parecidas, a propósito de su ficción “Tema del traidor y el héroe” en el que narra la historia de Fergus Kilpatrick, un heroico conspirador por la independencia de Irlanda que a comienzos del siglo XIX muere asesinado por el imperialismo británico. Décadas después, al documentar los hechos, un historiador encuentra demasiadas similitudes, incluso en los diálogos pronunciados, con algunas de las tragedias de Shakespeare, con lo que llega a la conclusión de que el asesinato de Kilpatrick no fue más que un teatro dirigido a soliviantar el ardor patriótico de los irlandeses, y que en el apuro plagiaron Julio César e incluso Macbeth.

¿Vio Andrea Lubitz los “Relatos Salvajes” antes de decidir estrellar el avión? Aunque el filme recorrió festivales durante 2014, de la información que se encuentra disponible, veo se está estrenando en las salas comerciales de Europa recién en estos días. ¿Se trata todo de una pavorosa coincidencia? Borges habla de una secreta forma del tiempo, un dibujo de líneas que se repiten. Ese hombre joven, humillado por sus frustraciones, vejado por su pasado, que tiene en sus manos el poder, ha decidido estrellar la nave. Su nombre es Andreas Lubitz o Gabriel Pasternak o puede ser cualquier otro al que han dejado solo en la cabina y ha tomado el mando. Si uno espera el final de la película va a descubrir, leyendo los créditos, que los viejos contra los que Pasternak va a estrellar el avión no son otros que sus propios padres.